08/01/2013
El escritor necesita la soledad y a veces incluso la ama. Al fin y al cabo, el que se dedica a escribir es un exiliado social que se ha otorgado el derecho de ser dueño de su tiempo para intentar comprender esta vida que nos ha ofrecido el más importante regalo que se puede hacer a alguien.
La soledad de los escritores no es tan hermosa ni tan elegida como se quiere hacer ver por los que dedican su vida a la reflexión filosófica y a escribir el gran relato de la existencia. El escritor podría definirse como un animal solitario que a lo largo de su existencia no recogerá otros frutos que los que el árbol de la vida ofrece a los que buscan el sentido a una irrealidad envolvente que solo existe en su cabeza pensante. Rodeado de familia y de amigos, única fortuna que se lleva de este mundo, el "escribidor" no es más que otro personaje, brillantemente descrito por Vargas llosa, y probablemente un personaje no más interesante que un barrendero o un sexador de pollos.
La iluminación espiritual necesaria, de la que tanto se habla, para poder pensar en este mundo de locos sometidos a la autoridad otorgada -y probablemente debida- al pastor de los rebaños, solo se puede obtener, disfrutar o padecer, cuando uno deja de ser masa para convertirse en individuo y es precisamente entonces cuando un mundo de tinieblas envuelve al que escribe y lo sumerge para siempre en un peligroso territorio en el que tanto los pastores como las ovejas miran con desconfianza a un raro espécimen que nada a contracorriente y vuela en distinta dirección a la que señala la brújula pues el escritor es, al fin y al cabo, una suerte de loro, una especie de papagayo que repite incesantemente palabras inventadas por animales que se llaman así mismo racionales y que no han hecho otra cosa interesante en esta vida que recordar extraños sonidos articulados para comunicarse y almacenar un sistema de signos para "congelar" ideas y sentimientos. El escritor es, sin quererlo, un animal peligroso porque todo bicho solitario tiende siempre a desplazarse de forma anárquica por todo el territorio sin respeto alguno por los lugares previamente marcados por los monstruos dominantes...
Es la soledad de este animal creador la que ha determinado un grado de misantropía siempre mal interpretado por aquellos que cuentan con un líder indiscutible que es seguido por toda la masa pues el escritor disfruta y padece su soledad para mantenerse alejado de esa gran mayoría de hombres que son lobos para el hombre cuando se desconoce al otro... El que dedica su vida a escribir siempre ha sido el bicho más civilizado entre los humanos, el más sociable y el mejor conocedor de la condición humana porque tuvo la gran idea de apartarse a tiempo del universo homogéneo, de la disparatada idea de cohesión, identidad, unidad y uniformidad que solo puede ofrecer lo que es indiscutible por ley y no permite el debate. La soledad del escritor no es más que un bote salvavidas que le permite alejarse de una inmensa isla repleta de aquellos que dejaron, por su escasa educación, de ser individuos para integrarse en la masa de la especie con sentido de pertenencia y obediencia; una forma de sentirse humanos o ser alguien ante el engaño, fraude o mentira que le muestra el reflejo de la turba: la terrible falacia del espejo...
Por Alfonso M. Becker (MiamiDiario.com)
Etiquetas: escritor, reflexión filosófica, soledad, soledad de los escritores

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