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Derrick de Kerckhove: "El mérito del papel es que no es interactivo, hay que protegerlo" - Internet

03/01/2013

El renombrado crítico de las nuevas tecnologías considera que a partir del desarrollo de las redes y de la conectividad han nacido nuevas metáforas tecnológicas que afectan a la percepción cotidiana del tiempo y el espacio.

Derrick de Kerckhove (Wanze, Bélgica, 1944) está considerado uno de los críticos más afinados de la cultura mediática y las nuevas tecnologías. Colaboró durante una década con Marshall McLuhan, el gran visionario de la comunicación que acuñó el concepto de "aldea global", y dirigió la cátedra que lleva el nombre de este en la Universidadde Toronto. Es autor, entre otros libros, de Inteligencia en conexión, La piel de la cultura y The Architecture of Intelligence, profesor en el departamento de Francés dela Universidad de Toronto, de Sociología en Nápoles y, en España, miembro de la junta consultiva del IED Barcelona Escola Superior de Disseny e investigador enla Universitat Oberta de Catalunya.

De Kerckhove considera que a partir del desarrollo de las redes y de la conectividad han nacido nuevas metáforas tecnológicas que afectan a la percepción cotidiana del tiempo y el espacio. Es vehemente en su optimista defensa de las posibilidades que ofrecen las redes sociales, pero señala la paradoja de que internet es a la vez un territorio de libertad y una "prisión".

¿Cómo fue su infancia, estaba muy enganchado a la radio y la televisión?

Tenía seis años cuando llegué a Pakistán y nueve y medio cuando volví a Europa, ¡en coche de Delhi a Bruselas! Las diferencias culturales entre esos países y Occidente me marcaron. Mi hermano tenía una radio de galena, y podía escuchar la voz humana que salía de una pequeña piedra. Era increíble, mágico. Y el teléfono también era mágico, del mismo modo que lo es ahora Skype. Le haré yo ahora una pregunta a usted: ¿por qué Harry Potter es tan famoso?, ¿por qué una fantasía occidental de la edad media ha conquistado todo el mundo?

¿Por qué?

Porque te permite imaginar. Pensar que algo maravilloso sucede en la pantalla.
El cine es un sueño colectivo. El estrés que la gente puede sentir durante el día se reorganiza en una sala oscura. Encarna los deseos, las esperanzas de un número enorme de personas.

¿Es la magia a la que se refería?

En los 60 ya existía el 3D y nadie le prestó atención. Ahora vuelve, porque representa la aspiración de la actual civilización de vivir frente a una pantalla y de penetrarla, eso es literalmente Avatar, que vendría a ser un Pinocho 2.0. Porque Pinocho encarna la conquista de la máquina. Es la historia de un niño que va del campo a un mundo mecanizado. Ahora hay tecnologías que permiten saber qué estas pensando y plasmarlo en una pantalla. Nosotros somos ahora víctimas consentidoras de las extensiones virtuales que nos rodean. Todas nuestras relaciones están transformándose en digitales.

¿Qué implicará esa transformación?

Nadie sabe exactamente la dirección de los cambios, pero hoy las transiciones son mucho más rápidas. Este es el tema también de películas como El Show de Truman o Cómo ser John Malkovic. La gente está probándose diferentes formas, diferentes trajes, y buscando el que les sienta mejor.

¿Alguna hipótesis?

Los niños también están cambiando. Pasan un mínimo de cinco horas al día delante de la pantalla. Demasiados niños están dejando de salir a la calle o a las casas de sus amigos. Se conectan a Facebook, a Skype, están solos juntos. Algo absurdo está sucediendo, no lo condeno, pero tengo una mirada crítica. Estamos yendo hacia una cultura global, pero tenemos una absoluta crisis financiera y de valores. Estamos dirigidos por sociópatas que gobiernan nuestros países y nuestros bolsillos y que amasan, de forma enfermiza, ingentes cantidades de dinero que no necesitan, y miles de personas que necesitan ese dinero no lo tienen.

¿Y cómo se cambia este panorama?

Tenemos que superar una suerte de azar centralizador. Necesitamos un regionalismo, y en esto Europa es un buen ejemplo. Y a la vez tenemos que ir a un orden moral global. Los indignados son un ejemplo de que vamos en la buena dirección.

¿Qué papel tienen las nuevas tecnologías en este nuevo orden? ¿Se ha exagerado?

No. Los jóvenes tunecinos, por ejemplo, no era la primera vez que se preguntaban por su futuro, y ya habían protestado antes contra Ben Ali. Pero era la primera vez que tenían cámaras en los móviles, y Facebook. La opinión local ya no será nunca más una opinión local. Antes la policía reprimía y nadie se enteraba. El caso de Egipto es diferente. Las mujeres estaban más involucradas de lo que la gente cree. Ellas organizaron las manifestaciones en las calles y en la plaza Tahrir. Allí tuvo mucha importancia Twitter, que circula de forma diferente que Facebook, y que tal vez tiene más poder, porque, aunque se quiera cortar internet, los acontecimientos dramáticos se pueden retuitear y dan la vuelta al mundo.

Casi nadie puede prescindir del móvil, o de revisar continuamente el correo electrónico. ¿La tecnología nos obsesiona?

Somos gente libre, pero prisioneros de los hilos de la tecnología, es la paradoja de Pinocho. Es mejor saber que somos prisioneros. Esa es la clave. El conocimiento te da más posibilidades de elección, de decidir qué quieres hacer con tu tiempo. Nuestra vida transcurre entre pantallas, el ordenador, el móvil, pero también la televisión, que se está convirtiendo en un gran videojuego. Y jugamos porque nos atrae. Las pantallas conforman nuestro presente; somos prisioneros de las imágenes y tenemos que pasar por el tubo. Mi padre y yo nacimos en una cultura literaria. Una cultura del alfabeto. Ahora, mi cabeza está en la nube, en el ordenador, en el móvil, en la tableta. Y ya no se puede volver atrás. Los niños ya nacen en una cultura digital.

¿Y eso es positivo o negativo?

Es imposible juzgarlo. Nada puede ser peor que las guerras de religión en el Renacimiento. Y, al mismo tiempo, no te puedes culpar por haber acertado o haberte equivocado. Puedes vivir en el mundo mágico de la religión y creer en el mesías y la superstición o inclinarte por la ciencia, luchar por tu libertad individual separando la religión del Estado. Es una opción íntima y, para conseguirlo, hubo 200 años de guerras religiosas. Ahora sucede lo mismo.

¿Hay una brecha digital entre países ricos y pobres y entre los niños y los adultos?

La brecha entre países ricos y pobres se está haciendo más pequeña. Es mayor en los términos en que hablaba de ladrones sociópatas. Pero, en internet, David y Goliat tienen las mismas armas. Y lo mismo pasa entre los gobiernos y la población.

¿Cambiarán las tecnologías digitales la estructura de nuestro cerebro?

Esto ya ha sucedido. Y es irreversible. Los niños ya piensan en términos hipertextuales. Pueden ir de aquí allá sin seguir un orden lineal.
¿Y de qué calidad es esta nueva comunicación? Se habla por el móvil de asuntos de trabajo, mientras se escribe a un amigo... ¿No es todo más disperso?
La gente siempre ha fijado su atención en los lugares equivocados. Es como conducir un coche mientras estás pensando en otras cosas. Somos absolutamente multitarea. Nicholas Carr escribió el libro Google Make Us Stupid (Google nos hace estúpidos), y hay muchas críticas a los nuevos medios en términos intelectuales. Pero hay otro aspecto que se debe considerar, y es que cuando estás en Facebook estás conectado con un montón de gente. Puedes enviar un mensaje a una sola persona, pero potencial y mentalmente estás conectado con todo el mundo, aunque no estés hablando con ellos. Tu identidad está en la nube, pero es una identidad que no es profunda. Eso no quiere decir que los niños no sean profundos, su carácter es increíblemente complejo. Parece más superficial, pero la conexión de las mentes, de la sensibilidad, requiere una alta capacidad para ser crítico, para manejarse en este mundo digital.

¿Está cambiando el concepto de privacidad?

Antes los diarios personales eran muy íntimos y ahora hay una exposición pública tremenda...
Sí, es la publicy, ser público y privado a la vez. Es una de las paradojas de la libertad y de la prisión que supone internet. Invertimos mucho tiempo y esfuerzos en ofrecer el mejor perfil. Y al mismo tiempo, en hacerlo de una forma sensible, que diga: hey, soy yo mismo el que está ahí. Las redes son también herramientas socializadoras. Mucha gente dice que las conexiones que tiene con otra gente en internet con la que nunca se ha visto cara a cara son más fuertes que las que tuvieron, por ejemplo, con los amigos de la infancia.

Por Begoña Corzo - La Vanguardia/ Revista Ñ

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Etiquetas: Cómo ser John Malkovic, Derrick de Kerckhove, El Show de Truman, Facebook, Inteligencia en conexión, La piel de la cultura, Marshall McLuhan, mediática, Skype, tecnologías

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