30/12/2012
Felipe Botero, proceso de un dramaturgo
Es dramaturgo, claro, así le dicen, y habla en presente como si estuviera escribiendo. Cuenta su vida sin formalismos, abriendo paréntesis de cuando en vez para hablar sobre algo, de un escritor o una obra, cualquier cosa.
No lo hace por petulancia, para mostrar que sabe. No. Lo hace, porque aparece en su discurso y siente la necesidad de profundizar, de mostrar lo que siente con respecto a eso. Es todo. Lo dirá en presente, apropiándose de ello, como si aún fuera ese estudiante de colegio que cambió la ciencia política por el teatro y que se fue a estudiarlo a Madrid. El estudiante que regresó, un año después, por situaciones externas a él mismo, haciendo consciencia de que todavía le quedaban muchas cosas por aprender: Me doy cuenta, además, de que no sabía pedir trabajo. Cuando sales del colegio eres un niño y te crees supermán. Luego te das cuenta de que no, de que eres un pobre estúpido
.
Cuando regresa, de 20 años, aparece el Teatro R-101 como una posibilidad laboral. Gracias a Felipe Vergara, entra como asistente de dirección y allí se le entrega de frente a la pregunta de si es esa, realmente, la vida que quiere tomar. Le ponen el reto de encontrar una respuesta desde el oficio, haciéndolo, y él la asume con entereza: —Así sea cargando cajas, hermano
, dice. Desde adentro entiende que el teatro, sobre todo en este país, implica un sacrificio grande: El teatro aquí se hace con las uñas. Si en algún momento quiero volver a Colombia, tengo que saber que aquí es difícil y que cuesta. Te cuesta vida y sangre y lágrimas, te cuesta
.
La decisión es que sí: esa es la vida que quiere. No quiere subirse a una "escalera" corriente para estudiar, ser politólogo, casarse y tener hijos. Su vida tiene que continuar en Madrid, porque una ciudad no le va a ganar, y allá llega —sin saber si va a volver o no— a terminar la carrera que había dejado empezada. Cambia la escuela, sin embargo, y entra a estudiar con Jorge Eines, su gran maestro. Gracias a él aprende el verdadero trabajo de un actor, lo que debe hacer cada vez que aparece en escena. Y esa idea lo emociona: Me parece bonito pensar que el actor no actúa, interpreta. Es como un músico. Interpreta su propio cuerpo, que es su instrumento, y el texto, que no es más que una partitura musical
.
Por: Adriana Marín Urrego (ElEspectador)
Etiquetas: dramaturgo, escritor, Felipe Botero, Felipe Vergara, Teatro R-101

, escribe aquí tu comentario