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Entrevista a Naief Yehya, autor de Pornografía - México México

27/12/2012

El libro más reciente del narrador y periodista Naief Yehya (México, 1963) Pornografía (Tusquets, 2012) es un amplio ensayo que aborda la historia de la pornografía y su aporte a la cultura contemporánea desde diferentes visiones y puntos de vista. Yehya logra contarnos someramente la historia cultural de la pornografía, pasando desde el Imperio Romano, la Edad Media y la Revolución Francesa hasta nuestros días, en los que la pornografía se ha convertido en un verdadero fenómeno de masas, además de una industria cultural que mueve millones de dólares y que ha transformado al mismo tiempo la forma en que los espectadores consumen y ven al sexo. La sociedad se ha "pornocratizado", nos dice el autor, ahora es más fácil que los jóvenes imiten y conozcan a las estrellas porno que hace 20 años. De esto y más platicamos con el escritor mexicano recientemente.

Javier Moro Hernández (JMH): Tu libro nos deja ver que la pornografía es un tema mucho más amplio de lo que en un primer momento se podría pensar, abarca temas y preguntas que no se estudian cotidianamente, porque la pornografía, a pesar del consumo masivo que tiene, sigue siendo vista a partir de prejuicios y del morbo a pesar de que vivimos en una sociedad hipersexualizada.

Naief Yehya (NY): Es una paradoja desconcertante y extraña, pero implica una dualidad que, como si se tratara de los polos de un imán, parece mantener girando al rotor de la cultura. La cultura occidental desde la aparición de los medios masivos ha dado un vuelco hacia la provocación sexual, sin embargo, esta abundancia no intenta normalizar a la imaginería sexual, sino explotar su estigmatización. Sin morbo no hay porno.

JMH: Sé que la investigación te llevó 20 años para terminar esta nueva edición, por lo que quería ahondar un poco en cómo surge el interés por investigar el tema en un principio, y qué nuevos añadidos trae esta nueva edición.

NY: El interés surgió un poco por casualidad. Le propuse a mi editor en el periódico El Nacional escribir una columna de crítica al cine porno y tras algunas reseñas que me divirtieron agoté el chiste, por lo que sentí que tenía que, o bien dejar en paz el tema, o ponerme a estudiarlo en serio. Escogí esto último y aquí sigo

La nueva edición es muy diferente a la primera en muchos sentidos. La anterior es verdaderamente analógica y ésta es digital, la primera la escribí consultando bibliotecas y videoclubes, esta añade la inmensa riqueza del web (he podido ver cientos de filmes que antes sólo conocía por referencias o leyendas) e incorpora temas que no me sentía con la confianza de abordar hace ocho años, como el legado de Kinsey y Masters y Johnson. Dado que provengo de una educación ingenieril no quería tocar el asunto de la sexología, sino permanecer en el territorio del lenguaje de las imágenes, ahora me he sacudido este temor. Cuando hice la primera versión no existían las herramientas para evaluar lo que estaba sucediendo en Internet en términos de consumo y distribución de la pornografía.

JMH: Justo en estos 20 años el negocio de la pornografía se ha transformado muchísimo, ¿cuáles serían los cambios más trascendentes culturalmente hablando de esta industria?

NY: El primero y más impresionante es el hecho de que un producto tradicionalmente costoso y riesgoso se volvió prácticamente gratuito y universal, con lo que cualquier modelo económico pierde completamente sentido. El abaratamiento de la pornografía la hace prácticamente inviable, y, sin embargo, nuevas producciones siguen apareciendo con un ritmo frenético, como la gallina a la que le cortan la cabeza pero corretea como enloquecida. El segundo factor es la brutal pornificación de la cultura, la manera en que los valores, estética y clichés porno han penetrado al mainstream influenciando la forma en que vemos y hacemos las cosas más cotidianas. Esto es sin duda parte del virus de ironía que asociamos con la hipsterización cultural y su vorágine de apropiación cultural.

JMH: Muchos ignoramos el origen y el desarrollo de la pornografía, pero me parece muy interesante el capítulo que le dedicas al desarrollo histórico de la pornografía, en el que das cuenta de cómo entre la Edad Media y la Revolución Francesa la pornografía tenía un uso que podríamos llamar “contestatario”, de burla hacia el poder, que visto a través del desarrollo que ha tenido la industria pornográfica en los últimos 40 años resulta difícil de creer.

NY: Si bien coincido contigo en principio, no estaría de acuerdo con que la pornografía ha perdido todo su potencial provocador político. Si bien el pornógrafo es imaginado como un mercachifle sin escrúpulos capaz de hacer cualquier cosa para ganar un peso de manera deshonesta y explotando a los vulnerables, el pornógrafo también es un outsider que cuestiona al poder, a las normas sociales y a la autoridad en general al arriesgar su posición y libertad ofreciendo materiales tabú. Además de que siempre ha habido artistas relevantes cuya obra ha sido acusada de ser pornográfica por su poder de incomodar y poner en tela de juicio los límites de lo representable.

JMH: Al hablar sobre la industria pornográfica resultan muy interesantes los datos que das en el libro sobre lo complicado que es hablar claramente del peso económico de esta industria, pues por un lado sus opositores inflan las cifras para infundir terror ante ella, y los miembros de la industria manejan cifras que son muy difíciles de comprobar.

NY: Sí, sin duda las industrias del porno californiana, japonesa, brasileña y tailandesa tienen un peso importante a niveles micro y macro económicos. Se trata de mercados vastos con ramificaciones diversas que, como en el caso del Valle de San Fernando mantienen viva a comunidades que trabajan alrededor de la industria del porno, desde personal técnico hasta maquillistas, restaurantes y demás. La producción asciende a muchos millones de dólares anuales a nivel planetario (pero nada que ver con las cifras histéricas de 14 mil millones de dólares nomás en los EUA). El problema es que al emplear cifras infladas siempre se incluye en la mezcla lo que se supone corresponde a los elementos criminales del porno: trata de blancas, tráfico de drogas, extorsión y quien sabe qué más.

Por Javier Moro Hernández (LaJornadaAguascalientes)

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Etiquetas: cine porno, Javier Moro Hernández, Naief Yehya, porno, Pornografía, sociedad hipersexualizada

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