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Libros electrónicos: entre el miedo y la esperanza - Colombia Colombia

25/12/2012

Crisis y esperanza

En 2011 cerraba Norma y parecía que la industria editorial colombiana iba a quedar en manos de dos grandes editoriales españolas: Planeta y Prisa. Cada una, a su modo, publicando a los mismos dinosaurios de siempre y bajo las mismas formulas aprendidas en facultades de mercadeo y no de literatura. Pero calladas, en la sombra y esperando su momento, estaban las editoriales independientes que comenzaban a nacer en las ciudades colombinas. Tragaluz en 2005, Laguna Libros en 2007 y eLibros en 2011 acompañadas de muchas otras editoriales centradas en el diseño, el arte, la novela grafica y los comics. Todas ellas publicando libros de poco tiraje y sin gran ambición comercial. Tanto, que muchas sobrevivían prestando sus servicios a bancos y empresas que estuvieran interesadas en hacer catálogos o libros de lujo para sus clientes. De allí salía el dinero para hacer sus propias ediciones de autores o proyectos editoriales que ni por asomo hubieran aceptado en las filiales de las grandes editoriales españolas.

Lo independiente, lo que no le tiene miedo a lo establecido, es lo que permite la evolución. No sólo en las artes, donde es tan evidente (sin irreverencia no es posible superar a los maestros), sino en los negocios y en la vida empresarial. Ya es conocida aquella frase de Steve Jobs, Think Different (piensa diferente) y todas las implicación que ha tenido para el mundo tecnológico y la vida del ciudadano corriente. No es sorprendente, entonces, que la evolución en la industria editorial colombina venga de aquellas editoriales que no anteponen el mercado al contenido. No sólo porque pueden producir lo que ya muchos críticos consideran es el libro del año, sino porque son los que han introducido el libro electrónico, como una posibilidad real, en Colombia.

Hace unos meses Laguna Libros publicó las cartas que Emma Reyes, pintora colombiana que desarrolló su obra en Europa y murió en 2003, le escribió a German Arciniegas por los años 60. Cartas emotivas donde le contaba su infancia bogotana llena de pobreza y desesperanza. La "novela" autobiográfica de Reyes se publicó con un tiraje de 1000 ejemplares de los cuales cerca de un tercio fueron de cortesía para la prensa o ejemplares de donación al Ministerio de Cultura. Los que quedaron se fueron regando lentamente por el mundillo literario bogotano y de éste fue pasando a los medios de comunicación y a los lectores de a pie. Pasó lo que en la industria cultural se denomina como el voz a voz. Recomendación tras recomendación entre lectores que dio por resultado un pequeño éxito editorial.

Esa primera edición de 1000 ejemplares se acabo en cuestión de meses y Laguna se vio obligada a hacer una segunda edición en octubre de, ahora, 2000 ejemplares (algo que nunca antes habían hecho en sus cinco años de existencia). Este éxito en ventas no escapó de los cambios en la industria editorial. Del libro se preparó una edición electrónica, con ayuda de la también independiente y digital eLibros, que entró a la tienda de Kindle de Amazon y en cuestión de un mes ya tenía cerca de treinta descargas (con compras no sólo colombianas sino de Chile, Estados Unidos y Europa). Al tiempo el libro entró en la recién abierta para Latinoamérica iBookStore de Apple y en cuestión de días ya estaba de primera en la listas de los más vendidos (superando a la inmortal Cien años de soledad y a la autobiografía del expresidente Álvaro Uribe Vélez). Ya no sólo se puede hablar del nacimiento y consolidación de las editoriales independientes en Colombia, sino del nacimiento del mercado del libro electrónico de la mano de ellas.

Un nacimiento tardío

El libro electrónico nació, como es entendible, con el computador. Desde que aquellas máquinas de computo tuvieron la capacidad para procesar textos, por más simples que fueran, en letras verdes y un fondo negro futurista. La primera novela escrita con un procesador de textos fue el thriller de ciencia ficción Oath of Fealty de Jerry Pournelle publicado en 1981 y para el finales de esa década ya era normal que los escritores compraran computadores y escribieran sus obras en ellos. Sin embargo, no fue sino hasta mediados de los 2000 que se comenzó a hablar propiamente de libro electrónico. Si bien la fotografía y la música ya habían madurado en el nuevo formato digital (ya Steve Jobs había hecho la mítica presentación de iPod y las cámaras digitales se iban imponiendo en todas las casas de occidente), el libro electrónico se tomó su tiempo. No eran sencillos los problemas que debía enfrentar antes de su popularización.

Con la invención de internet en su versión mundial (World Wide Web), a finales de los 90 se comenzaron a vender algunos libros para leer en computador. Stephen King, rey del marketing y de la innovación editorial, publicó en 2000 Riding the Bullet en una edición que podía ser leída en PC y que costaba $2.5 dólares de la época (¡alcanzando las 400.00 descargas en 24 horas!). Pero los PC de los 90 no era las cómodas tabletas de hoy en día. Sólo se podrían leer libros electrónicos en computadores grandes y de pantalla de rallos catódicos. Pantallas luminosas que cansaban e irritaban la vista. Además, ¿adónde estaba la portabilidad que permitía leer los capítulos más interesantes de, para seguir con King, The Shining en el bus o en el metro de camino a casa? Sin hablar de las conocidas lecturas de playa, sector tan lucrativo en la industria editorial estadounidense, con libros de bolsillo que podían aguantar caídas de un piso a otro o el café regado en un avión. Era imposible salir de paseo con un computador de torre en los 90 y, de tener el dinero suficiente para comprar un portátil, la pila de éste moriría cuando estuviera leyendo la mejor parte de un thriller policial. Habían dos problemas básicos que debía enfrentar libro electrónico antes de convertirse en un fenómeno de masas como el mp3 y el iPod, comodidad de lectura y portabilidad.

Las respuestas a estos problemas surgieron de Sony. Los ingenieros de la empresa japonesa crearon un lector de tinta electrónica, el PRS-500. Una especie de agenda con una pantalla que reproducía las letras digítales, pero sin producir la luz que irritaba y cansaba los ojos. El lector de Sony, además, permitía la portabilidad deseada. Sería incluso más liviano que un libro de pasta dura de 500 páginas. Se comenzaba a perfilar el futuro de una industria que había permanecido dormida ante la embestida digital de las últimas décadas y con él llegaban los temores.

Un ebook colombiano

Memoria por correspondencia de Emma Reyes se consigue en cualquier librería bogotana por 35.000 pesos. El formato es mediano, tipo libro de bolsillo, y en la caratula se puede ver una figura abstracta de manchas color beige y negro. El libro, a pesar de no ser excesivamente llamativo, sobresale por su sobriedad y estilo. El papel es cremoso, poroso, tirando a amarillo. El texto bien diagramado se alterna con algunos dibujos de la artista. Dibujos infantiles que acentúan el contenido emotivo de las cartas. Son 192 páginas de un libro bien construido, que no se deshoja después de leído, liviano en la mano y fácil de abrir. Todas las ventajas y comodidades del invento de Gutenberg.

La versión digital de Memoria por correspondencia se puede conseguir en la Kindle Store o en iBookStore por $8.99 dólares (cerca de 16.000 pesos colombianos). 55% menos que el precio del libro impreso. Para comprarlo debe contar con un lector electrónico de Amazon (el famoso Kindle) o un dispositivo Apple con iOS (un iPod Touch, un iPhone o un iPad). Luego debe tener una cuenta en Amazon o Apple, con una tarjeta de crédito asociada a ella, más una conexión a internet. El resto es pan comido, como ya saben los que hayan comprado aplicaciones o música en cualquiera de estas dos portales electrónicos. Desde el mismo dispositivo se puede entrar a la "librería" donde podrá buscar el libro, hacer click o tocar en el botón "comprar", marcar la contraseña y bajar el libro automáticamente. Es cuestión de, literalmente, cinco minutos, si no menos. Una vez se ha bajado el archivo se lo podrá abrir y comenzar a leer de inmediato.

La versión electrónica de Memoria por correspondencia es la segunda edición del libro y viene con una corta pero emotiva introducción de Piedad Bonnet. En ella la poetisa y narradora colombiana resalta la calidad literaria de esta "novela" epistolar. Tal como en su versión física, el libro combina el texto con los dibujos de la artista. Acá mucho más claros, facsimilares de los cuadernos donde Reyes los dibujó. En el libro digital, a pesar de seguir la paginación referencial del impreso, puede variar en el número de páginas. Ya todo depende del tamaño y el tipo de la letra que usuario configure, así como de en qué orientación use el dispositivo (vertical u horizontal). En un menú de opciones se pueden encontrar las herramientas para subrayar o para comentar el pasaje que se quiera. Sobre todo en la versión de Apple donde se trata de imitar la sensación de tener un libro real las manos, con pases de hojas animados o con subrayados de un resaltador no muy preciso.

Memoria por correspondencia, en su versión digital, es un libro electrónico que supera, incluso, la factura de ebooks hechos por casas editoriales de Estados Unidos o Europa, donde sólo pasan el texto por el escáneres OCR y no corrigen errores de transcripción sencillos (dobles espacios, caracteres mal leídos por la máquina, etc).  

El mercado de libro electrónico

Se ha dicho que el libro digital acabará con el libro impreso. Es el miedo absoluto de los bibliófilos y la ilusión de amantes de la tecnología ¿Para qué tener libros impresos si los podemos guardar cómodamente en los amigables dispositivos electrónicos que siempre llevamos en el bolsillo? ¿Para qué un libro gordo y pesado de 700 páginas cuando se pueden tener mil libros de mil páginas en un pequeño celular de 122 gramos (lo que pesa el nuevo iPhone 5)? Confirmando esto, cientos de artículos de prensa han afirmado en los dos últimos años que Amazon ya vende más libros electrónicos que libros en papel. Eso sería, entonces, una penetración de más del 50% en el mercado editorial, por lo menos, en Estados Unidos. El temor se convierte en real y todo aquella gente del mundo editorial (todos aquellos que creación adorando, cual Borges en miniatura, el libro impreso) entienden que lo que tanto temían está por suceder. Una era digital donde no habrá libros de papel, donde todo será cuestión de bits que le abrirán paso a la piratería a gran escala. La misma piratería que arruinó la industria musical y que ahora llegaría a una industria que si acaso había cambiado desde los días de la invención de la imprenta.

Pero ¿que Amazon venda más libros electrónicos que libros en papel es un síntoma real de un cambio inminente en la industria editorial? Las cifras de Amazon sólo se remiten a Estados Unidos e, inclusive dentro de este país, Amazon no es todas las librerías. No es la única librería de las grandes ciudades, ni de los pequeños pueblos del Medio Oeste. Es cierto que Borders, una de las grandes cadenas de librerías en Estados Unidos, tuvo que cerrar en 2011 por no haberse adaptado al nuevo formato. Es cierto que su competencia, Barnes and Nobel, tuvo que crear su propio lector digital para hacerle competencia a Apple y a Amazon (con el menos famoso Nook). Es un hecho, sobre todo en Estados Unidos, que el libro electrónico despega, pero ¿qué tanto?

Según el estudio The Global eBook Market, publicado en 2011, las cifras del mercado de libros electrónicos, en comparación con de libros en papel, es aún bastante reducido. Los países donde más avance ha habido son Estados Unidos e Inglaterra, donde de cada 100 libros publicados cerca de 6 son digitales. La cifra se reduce significativamente en Europa continental donde el porcentaje no suele superar el 2%. El libro electrónico comienza a madurar, pero lo va haciendo a su ritmo. Sería imposible decir que los libros impresos vayan a desaparecer y mucho menos a corto y mediano plazo. Sin embargo, su acenso es indiscutible.

Contenidos, la clave

Para Julio Paredes, escritor y editor colombiano, el futuro de los libros electrónicos está necesariamente mediado por los contenidos que éstos ofrezcan. Si los libros electrónicos se siguen reduciendo a libros autoeditados, libros de autoayuda y best sellers sin calidad, como se puede ver en la Kindle Store, su futuro próximo seguirá siendo limitado. Si el lector ávido no encuentra algo bueno para leer dentro de ese mar de libros banales, comprará algunos, pero luego volverá a su librería o librero de confianza. Es necesario que los contenidos aseguren la calidad del nuevo formato para que éste tome vida propia.

Una de las grandes ventajas del libro electrónico es la eliminación de intermediaros. Al eliminar el soporte físico se elimina al impresor, al distribuidor y a la librería. Y con ellos, se reduce el precio final del libro que antes se incrementaba por la larga cadena de distribución. De ahí que los libros electrónicos sean más baratos que los de papel y que, como si fuera poco, puedan atravesar las fronteras que antes no eran capaces de traspasar. Mientras que hoy es imposible conseguir autores colombianos en Argentina que no sean Gabriel García Márquez o Juan Gabriel Vázquez, en las tiendas de Amazon y Apple es posible.

Pero la ilusión que eliminar intermediaros se vuelve, en muchas casos, un problema. Ya no sólo basta con eliminar al impresor, al distribuidor y al librero, sino que se vuelve necesario eliminar al editor. Así se reduciría la producción y distribución del libro a dos partes: el escritor y la empresa de distribución y venta  (Amazon o Apple). Es decir, el autor se autoedita y publica su libro digital por medio de las herramientas que Amazon y Apple le ofrecen (Kindle Direct Publishing y iBooks Author). De este modo, del precio final de un libro electrónico, digamos en promedio 10 dólares, 3 serían para estas empresas y 7 para el escritor. Una oferta jugosa, sobre todo cuando hoy en el viejo esquema editorial se le ofrece a lo sumo un 10% de ganancias al autor.

Por: Andrés Franco Harnache (Revista Arcadia)

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Etiquetas: ebook, eLibros, Emma Reyes, iBookstore, Jerry Pournelle, Kindle Store, Laguna Libros, libro electrónico, Memoria por correspondencia, Norma, Oath of Fealty, Planeta, Prisa, Steve jobs, Tragaluz

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