11/12/2012
¿El narcisismo de los padres produce monstruos? La eterna candidata al Nobel nos habla en exclusiva sobre su última novela, "Hermana mía, mi amor", y desnuda los entresijos del crimen no resuelto de la reina de la belleza infantil.
Desde hace una década, el nombre de Joyce Carol Oates es un fijo en la quiniela de los premios Nobel, pero ella se lo toma con cierto desdén y contesta con evasivas, probablemente porque, en el juego de los egos literarios, ha preferido adoptar una posición descreída. Hace años, una llamada la despertó en medio de la noche. Contestó al teléfono asustada y resultó ser una periodista del Philadelphia Inquirer con la noticia de que había sido elegida por la academia sueca. No era cierto, pero la reportera buscaba una reacción desprevenida, un buen titular... A Oates la noticia le pareció deslumbrante aunque improbable
, le aceleró el corazón y azuzó su tendencia a la ironía: La nominación de cualquier libro mío es simultáneamente el anuncio de que el libro no ha ganado. Así que le di las gracias, pero le dije que prefería esperar al anuncio oficial
, cuenta en "Memorias de una viuda".
Oates tiene 74 años y nació en Lockport (un pueblo del Estado de Nueva York, cerca de las cataratas del Niágara), en una familia humilde que vivía en una granja. Mi padre trabajaba en una fábrica de la que nunca sabía con certeza si iba a ser despedido o no. Mi madre se ocupaba de la casa. Ambos eran maravillosos, pero muy vulnerables
. Su primer diccionario lo ganó en una competición de deletreo en la escuela, y el libro que le inspiró su vocación fue "Alicia en el país de las maravillas", un regalo de su abuela. Sin embargo, por el volumen de su obra y el peso de su ambición, es más fácil compararla con Balzac que con Lewis Carroll.
Desde que publicó su primer libro a los 24 años, Joyce Carol Oates ha escrito 40 novelas, 20 libros de cuentos, ocho de poesía, siete obras de teatro, seis volúmenes de no ficción y varios libros infantiles. Y a ella le parece lo normal: En realidad, no soy tan prolífica si me pones al lado de muchos otros escritores tan dispares como Dickens, John Updike, Stephen King o, incluso, Virginia Woolf (que escribió mucho más de lo que la mayoría de la gente sabe) –cuenta a Mujer hoy–. Cuando termino un libro, lo dejo guardado durante meses, entonces lo vuelvo a leer y lo reviso, así que cuando llega el momento de publicar, ha evolucionado hacia algo con lo que me siento satisfecha. Así que no me arrepiento de haber publicado nada
.
Desde hace más de 30 años compagina la escritura con su trabajo docente en las aulas de la Universidad de Princeton. Y, aunque parezca imposible, todavía le queda tiempo para tocar el piano, correr, llevar un diario y arrancar las malas hierbas de su jardín. Es, desde cualquier perspectiva, una mujer asombrosa, pero su piel pálida y su aspecto quebradizo y espigado, casi victoriano, pueden confundir a quienes esperen de ella una visión lírica o lacrimógena de la realidad. En su literatura, Oates se enfanga en las bajas pasiones del ser humano y combate a puño limpio en el ring del melodrama. Algunos la acusan de sensacionalista, pero ella “solamente” da detalles de lo que ruge en las mentes –ya sean perversas o torturadas–, con especial atención a las víctimas inocentes. Su visión es compasiva, pero no indulgente.
En su último libro publicado en España, "Hermana mía, mi amor", hace una reescritura del crimen de JonBenet Ramsey, una reina de la belleza de seis años, que fue hallada muerta en el sótano de la casa de sus padres, tras haber sido amordazada, estrangulada y violada. ¿Diferencias? En la versión ficcionada, la niña asesinada es patinadora y quien cuenta la historia es Skyler, el hermano tres años mayor que ella que ha vivido a su sombra. Tras el crimen, acaba siendo el blanco de las redes sociales, que lo consieran culpable, aunque no haya más pruebas contra él que su aspecto de bicho raro y su angustia solitaria.
En palabras de Oates, su narrador es la voz del descontento de los adolescentes, pero tiene la exasperación y el miedo de los adultos, un conocimiento precoz que nace de una experiencia prematura
. Skyler está obsesionado las incógnitas del crimen sin resolver. Como hijo "incómodo" de una clase acomodada, ha sido medicado desde su más tierna infancia y comparte pastillas y jerga del DSM (la biblia de la psiquiatría) con sus compañeros de clase. ¿Es realista esta visión psiquiatrizada de la infancia o es una exageración? Skyler Rampike está familiarizado con los terapeutas y la farmacología del control infantil porque ha sido su víctima –nos explica la autora–. Es totalmente realista que los doctores prescriban medicación psicotrópica para niños muy pequeños, algo que jamás había ocurrido hasta la última década
. ¿Y por qué cree que sucede? Medicarlos parece más fácil que una ruta mucho más larga y enrevesada de interacción personal. Así que, cuando un niño parece "inquieto" o "rebelde", para muchos padres impacientes resulta más fácil controlarlos así
.
Por Isabel Navarro (Mujer Hoy)
Etiquetas: Alicia en el país de las maravillas, Joyce Carol Oates, Lewis Carroll, Memorias de una viuda, novela, Stephen King, Virginia Woolf

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