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La escritura creativa y su importancia en la transformación del ser humano - Colombia Colombia

26/11/2012

Alguna vez el maestro Estanislao Zuleta escribía ...el arte es primordial, porque el hombre se posesiona del universo por medios artísticos. Un mundo no significativo, un mundo desnudo sería inhabitable, un mundo solamente práctico, donde el hombre no pudiera proyectar sus temores, esperanzas, donde no pudiera calificar las cosas., haciendo alusión a la importancia que hay en la creatividad del ser humano como herramienta para semantizar y darle sentido a su existencia. Quizá lo expresó significando ese amor que siente el artista en su actividad creadora o pensando en recoger una visión enriquecedora de los momentos epifánicos que vivencia el creador de arte.

La historia creadora de la humanidad indica que uno de los actos más humano y hermoso de la especie humana es la escritura. Entendida ésta como la cristalización del poder y belleza de la palabra, del conocimiento, de la significación y del placer estético, a través de una simbología.

Según Aristóteles, el hombre es el ser de la palabra; por tanto, está inmerso en ese marasmo sígnico del cual se vale para ser más Ser y trascender en sus posibilidades.

¿Pero, cómo llegó el hombre a la palabra o cómo llegó la palabra al hombre y también a la escritura? sería, dándole una pincelada socrática, la pregunta por resolver. Tal vez sea un enigma según George Steiner; ...un enigma que sólo vale la pena plantearse para espolear el juego del intelecto, para abrir los ojos al portento de su genio comunicativo, pero no es una pregunta cuya respuesta segura esté al alcance de los humanos. Lo interesante es que la palabra existe y palpita en la realidad donde el hombre se halle y, a su lado, está esa inherente capacidad escritural como actividad lúdico-creadora la cual es aprehendida para expresarse estéticamente.

La escritura como creación del intelecto humano es un acto obsesivo y placentero. Siempre obliga al hombre a tener más conciencia de sus capacidades y limitaciones. Asimismo, lo desborda en su misma creación. Con ella, él desentraña y horada su febril capacidad de idealizar, crear mundos posibles, ficciones y saberes, presentándoles a los lectores fábulas ungidas de alucinaciones que van tejiéndose y coagulándose a través de su imaginación. Allí la fantasía puede o no subordinarse a la realidad o viceversa, insinuar caminos significativos que permitan al lector una salida de la minoría de edad. Es decir, abriéndole el entendimiento y despertándolo de los letargos a que ha estado sometido en el transcurso del tiempo.

El creador de textos, en su obra, embiste una y otra vez con obsesión perfeccionista los artificios creativos hasta configurar un todo perfectible a través de la construcción, destrucción y reconstrucción de sus escritos. Envía señales que pueden o no servir de referentes hacia una posible comprensión e interpretación de los significados explícitos e implícitos. Sus bosques narrativos, como diría Umberto Eco, se crean para penetrarse por lectores acuciosos y avezados desde sus estructuras ideológicas, sus percepciones, motivaciones e intereses. Por esto es necesario que el escritor sepa configurar una textura acorde a las exigencias de sus potenciales lectores. El texto no puede quedarse aislado de factores consecuentes con el lector y el contexto, pues sería llover sobre mojado.

Así mismo, los planteamientos, las descripciones, situaciones, conflictos y explicaciones aparecidas en los textos se manifiestan para ser desentrañados por el lector. El buen escritor reta a sus lectores. Si esto no se presenta, el texto se queda en la pasiva y oscura enunciación. Su trabajo se pierde en la oquedad del olvido. Como expresara alguna vez Kafka: Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos tener son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompe el mar congelado que tenemos dentro.

Por otra parte, la escritura es un acto revelador, porque a través de ella, se expresan tendencias, perspectivas, ideologías, saberes y significaciones que activan al ejecutarse, según los estudios sicolingüísticos, el dispositivo cognitivo más grande al ser humano: la mente. Se encarga de ofrecer y abrir caminos de rebelión contra lo estatuido como verdad o como cosmovisión particular. Pues, si la lectura no perturba al lector, quiere decir que éste está domado y alienado; puesto que, si los pensamientos y conocimientos expresados en el texto escrito no perturban al lector, se comprueba que está siendo amansado, banalizado o reprimido, según el maestro Zuleta, o, en el peor de los casos, el texto no está bien construido.

Considero que todo escritor, como toda aquella persona que desarrolle la escritura, siente un placer inmenso al momento de iniciar su actividad creadora y tiene, entre sus objetivos, provocarle a su potencial lector un sacudimiento fuerte que le despierte su sensibilidad a través de la forma como le presente su urdimbre escrita. Su esencia y función no pueden perderse en los meandros del desconocimiento. El escritor y lo escrito son un todo; no existen separaciones ni divergencias, pues viven materializados ante los ojos del mundo.

Lo anterior demuestra que la escritura, además de cumplir funciones cognitiva-cognoscitivas y tomarse como estrategia de trascendencia y transformación de la conciencia humana, es un proceso posibilitador de placer. El hombre se sensibiliza y humaniza cuando se despoja de aquellos fantasmas que subyacen en su ser, en su interioridad y que por su naturaleza comunicativa y socializadora canaliza para su beneficio y el de los demás. No puede estar pensando en subordinaciones y miedos ancestrales reprimidos; el hombre es una fuerza cinética que trasciende el aquí y el ahora por medio del conocimiento, la educación, la cultura y la escritura, en especial, entre otras manifestaciones.

Por Edinson Pedroza Doria (Soyperiodista.com / Elespectador.com)

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Etiquetas: Aristóteles, arte, creación, creador de textos, escritor, escritura, escritura creativa, Estanislao Zuleta, George Steiner, la mente, palabra, Umberto Eco

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