22/11/2012
Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación.
Juan Carlos Onetti.
Voy a ser breve ¿Puede un escritor jubilarse? ¿Le está permitido? Cuando era adolescente y quería ser escritor, o mejor dicho quería escribir simplemente, leí esa frase de Juan Carlos Onetti y me sentí condenado a ese placer y vicio. Asumí entonces que esa condena era perpetua, que no podría escaparme de ella. Por más que hay meses enteros, o años, en que no he escrito, sé que siempre estará esperándome el libro que hay dentro de mí. No tengo prisa. Escribo para mí. Para mi placer.
La noticia de la jubilación literaria de Philip Roth me ha dejado muy confundido. No el que decidiera dejar de escribir, algo que es comprensible -cómo no aceptarlo con precedentes como el de Arthur Rimbaud o J.D. Salinger, para buscar uno más cercano a Roth-, ni el que hubiese tomado esa decisión cuando estaba aún en plena forma literaria (son muy pocos los autores que llegan a esa edad, con una obra extraordinaria, y siguen aportando a esa obra libros como Némesis); lo que me sorprende es que parece feliz.
En los últimos años, he leído entrevistas de un Roth cansado, torturado por los fantasmas de la vejez y la muerte, que no parecían quedarse quietos pese a que los exorcizaba obsesivamente en sus libros. Pero la última entrevista que he leído suya, hace unos días, en The New York Times no deja lugar a dudas. Roth ha vuelto a ser un hombre alegre, vital, divertido, sin el malhumor que arrastraba antes. Dice que se ha comprado un iPhone, que está colaborando con su biógrafo pese a que la paga no es buena
, que ha vuelto a releer a los autores norteamericanos clásicos y a los contemporáneos (e incluso su propia obra, aunque esta terminase por aburrirlo) y que está, además, redactando un texto a cuatro manos con la hija de 8 años de una ex novia suya.
Por Iván Thays (ElPaís)
Etiquetas: Arthur Rimbaud, escritores, J.D. Salinger, Juan Carlos Onetti, jubilación, Philip Roth, The New York Times

, escribe aquí tu comentario