14/11/2012
Con una "alta interactividad" esta empresa está revolucionando el mundo editorial.
Fuimos los primeros en llegar al Jardín del Edén
, desliza Max Whitby, sentado en la sala de conferencias de su empresa. Afuera, en un espacio indistinguible de tantos otros lugares de trabajo, un puñado de personas mucho más jóvenes que él parecen estar inmersas en rutinas ordinarias.
Podría ser la redacción de una revista, una oficina de arquitectos o una agencia de publicidad. En cualquier caso, ni el más despistado confundiría las instalaciones donde funciona Touch Press con el paraíso. Pero Whitby se toma muy en serio lo que dice. Y, después de conocer lo que ahí se produce, es difícil resistir la tentación de darle la razón.
¿Qué es lo que hacen en Touch Press, como para justificar una hipérbole semejante? Libros
, dice él, a falta de una palabra mejor. Libros mejorados, o libros altamente interactivos
, puntualiza.
En todo caso, ni libros electrónicos ni libros digitales, términos que considera inadecuados para describir sus títulos. En el nuevo mundo de las editoriales digitales, Touch Press constituye la vanguardia más avanzada. Ahí dentro, en esa oficina anodina del noroeste londinense, se están descubriendo los libros del futuro.
Igual que cualquier cosa en el universo, todo comenzó con una tabla periódica de los elementos. De hecho, con varias. A principios de este siglo, Whitby, quien tiene un doctorado en Química, estaba inmerso en una competencia muy particular con el científico Theodore Gray para conseguir la mayor cantidad de elementos reales de la tabla periódica, por los que pujaban en la página web de subastas eBay, y que luego usaban para construir tablas periódicas de 'carne y hueso'. En algún momento dejamos de competir y nos pusimos de acuerdo para aunar esfuerzos y construirlas entre los dos
, recuerda Whitby.
El resultado de su cooperación fueron varios armarios verticales llenos de cajones, uno por cada elemento de la tabla, en donde introducían los objetos compuestos por los elementos correspondientes, que les eran comisionados por colegios, museos, fundaciones y coleccionistas extravagantes.
La gracia de las tablas periódicas que fabricaban Whitby y Gray era que ofrecían la posibilidad de manipular sus contenidos y aprender a través de la experimentación, una fórmula que demostró ser extremadamente efectiva en términos del interés que despertaban en el público, al contrario de lo que suele ocurrir, por ejemplo, con las tablas periódicas de los salones de clase, que aterrorizan a los estudiantes.
La colaboración entre ambos científicos se extendió durante varios años, pero tomó un rumbo inesperado en enero del 2010, luego de que Steve Jobs anunció el lanzamiento del iPad. Tanto Theo como yo habíamos tenido contacto con Apple en el desarrollo de nuestras actividades profesionales, y por lo tanto teníamos una idea muy clara del significado de ese anuncio
.
En efecto, Whitby venía de la BBC, para la que había realizado varios documentales científicos y donde integró la división interactiva del conglomerado mediático, con la que participó en un proyecto conjunto con Apple. Eran los tiempos del CD Rom, anteriores a la burbuja de las puntocom
, explica, añadiendo que la aparición del iPad derrumbaba de golpe las limitaciones tecnológicas que habían impedido un mayor desarrollo de aquella primera generación de productos multimediales interactivos.
Básicamente, nos encerramos varios días en un hotel de Cupertino (California) -recuerda el presidente de Touch Press- junto con un brillante ingeniero de software irlandés amigo nuestro, a producir Los elementos
.
El resultado fue una aplicación para iPad que reproducía en formato digital las tablas periódicas que llevaban años fabricando, y aprovechaba las innovaciones tecnológicas de la tableta de Apple para reproducir la experiencia interactiva que tanto éxito había tenido con el producto original, todo con unas imágenes de alta resolución que hasta ese momento no había sido posible llevar a los dispositivos móviles, entrelazadas con el contenido del libro del mismo nombre, escrito por Theodore Gray.
Los elementos salió a la venta en abril de ese año, y Apple decidió incluir la aplicación, que costaba un poco menos de 14 dólares, en los iPads que distribuyó entre los periodistas y las personalidades influyentes como un ejemplo de lo que era posible lograr con su nuevo producto. En menos de un año, se habían vendido más de 100.000 unidades en la App Store de Apple. Con ese dinero, Max Whitby fundó Touch Press. Su intención era clara: producir otros libros enriquecidos
.
Desde entonces, la editorial ha publicado diez "títulos", algunos de ellos acompañados de libros impresos, cada uno de los cuales ha tenido un considerable éxito comercial. Y si bien los primeros se ocuparon de temas científicos (Cráneos, El sistema solar, Los elementos), en junio del 2011 salió al aire The Wasteland (La tierra baldía), una aplicación construida alrededor del poema de T. S. Eliot, y que Touch Press publicó en sociedad con Faber and Faber, la editorial inglesa que conserva los derechos de la obra del premio Nobel de Literatura nacido en Misuri.
Pase un día con esta aplicación -sugirió Bryan Appleyard en la revista del Sunday Times, de Londres- y el poema se quedará justo donde debería: alojado en su memoria
. Para el periodista, el libro no era nada menos que "sublime". En The Wasteland, el lector puede escuchar el poema narrado por el propio autor, o por cuatro voces diferentes, entre ellas la de la actriz irlandesa Fiona Shaw o la del actor neoyorquino Viggo Mortensen, al tiempo que lo lee en la versión original, con las anotaciones al margen de Eliot y del poeta Ezra Pound, que hizo las veces de editor.
Para cada pasaje del texto, se puede acudir también al cuerpo de notas compilado en las ediciones críticas de Faber and Faber, o a videos de diferentes escritores o artistas que ofrecen sus perspectivas sobre el poema. Todo ello servido con un diseño impecable y una destreza tecnológica que permite recorrer todos los caminos sin detenerse a esperar que la máquina se ponga al día con los giros que uno decida tomar.
Por Felipe Lozano Puche (ElTiempo.com)
Etiquetas: Bryan Appleyard, Cráneos, editoriales digitales, El sistema solar, Ezra Pound, Fiona Shaw, libros digitales, libros electrónicos, Los elementos, T. S. Eliot, Theodore Gray, Touch Press, Viggo Mortensen

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