13/11/2012
El escritor malagueño vuelve a aliarse con la Historia y publica "Boabdil. Un hombre contra el destino"
Las novelas de Antonio Soler (Málaga, 1956) andan bailando en un crucigrama. Ocupan las casillas verticales y horizontales de las editoriales y de la geografía. En Francia se acaba de publicar "Lausana". Alemanes y austriacos pueden ya leer "Las bailarinas muertas". "El sueño del caimán" acaba de aterrizar en Italia y "El camino de los ingleses" ha empezado a traducirse al árabe en Egipto. Sus novelas siguen llevando a otros países el pulso de su territorio y el reconocimiento de los premios Herralde, Primavera, Nacional de la Crítica o Nadal. A las librerías españolas llegará el martes "Boabdil. Un hombre contra el destino" (Espasa), un libro en que el escritor vuelve a aliarse con la Historia, esta vez para relatar los últimos años de la presencia musulmana en la Península. Soler recupera y rescata en su nueva novela la amistad de Boabdil, el último rey nazarí, y Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, para poner luz sobre el final de una época.
-Arrancó su carrera con un libro de relatos y le siguieron ocho novelas. Su libro anterior fue "Málaga, paraíso perdido". Y ahora novela la historia de "Boabdil". ¿Se ha hecho adicto a la Historia?
Ha sido una coincidencia. Estos dos últimos libros no son idea mía. El de Málaga fue una idea editorial de la Fundación Lara, de Ana Gavín, que la dirige, dentro de una colección dedicada a ciudades andaluzas. Me gustó la experiencia y acabé muy contento. Boabdil es un personaje que se ha empeñado el destino en que se vaya cruzando en mi camino. Primero fue una idea de Antonio Banderas para hacer un guión sobre el personaje. Estuvimos trabajando juntos en el proyecto. Esbocé un guión y la idea llegó a oídos de la editorial Espasa y la directora vio claramente que ahí había una novela.
-¿Una misma mirada sobre Boabdil?
Bueno, le hablé de algo que descubrí durante la investigación, que yo no conocía, y era que Boabdil había tenido una amistad muy estrecha con el Gran Capitán. Y ahí había una historia romántica en el sentido histórico. Dos hombres moderados, conocedores el uno de la cultura del otro. Boabdil, por razones evidentes, había convivido mucho con los castellanos. El Gran Capitán era un hombre de la frontera que había vivido siempre en el límite, que conocía la cultura árabe, y eso le llevaba a no ser un fundamentalista. En el momento en el que conoces al otro aprendes a no rechazarlo. Tienen una gran amistad, pero es una amistad imposible porque, poco a poco, los fundamentalistas de un bando y de otro van ganado posiciones y ellos, pese a la simpatía que se tienen, se ven obligados a enfrentarse.
-¿La novela es entonces la hermana mayor del guión?
Diría que novela y guion son hermanastros. El enfoque de la propia historia varía, y ha variado más en el proceso de escritura de la novela. Yo vislumbraba que serían como dos mellizos que se separan. Pero el enfoque al final ha sido completamente distinto.
-Dice que son hermanastros, en cualquier caso, el parto de la novela se ha adelantado al de la película. ¿En qué punto está el proyecto de rodaje que empezó a impulsar hace años Antonio Banderas?
Así es cómo funcionan las cosas en el cine. Hay montones de proyectos que se quedan en eso, y otros que, quizás es lo que ocurra con este, se pierden como el Guadiana y luego renacen. Creo que ahora está en un momento de circular bajo tierra y que, a lo mejor, aparece dentro de poco y desemboca en algo.
Por María Eugenia Merelo (DiarioVasco)
Etiquetas: Antonio Soler, Boabdil, Lausana, El sueño del caimán, Las bailarinas muertas, El camino de los ingleses, Fundación Lara, Nadal

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