12/11/2012
El mundo de la edición en Francia vivió esta semana su momento más álgido: la entrega de los cinco premios literarios más prestigiosos del país. Una tradición y espectáculo mediático que se hace desde hace más 100 años en Francia, y que le asegura a los ganadores una amplia distribución.
Después de dos meses de lectura, selección y debate, los jurados del Fémina, Médicis, Renaudot, Décembre, y el más importante de todos, el Goncourt, hacen públicos sus respectivos veredictos escogiendo a uno de entre los miles de libros que salen al mercado en septiembre. Este año, el premio máximo se fue a las manos de Jérôme Ferrari por su muy aplaudida “Sermon sur la chute de Rome” (sermón sobre la caída de Roma), novela en la que este profesor de filosofía despliega un estilo abrumador. La historia cuenta el desarrollo cíclico de los mundos: nacer, crecer y morir, y que muchos ya calificaron de obra maestra.
Pero más allá del frenesí que generan estos anuncios, muchos se preguntan si estos premios franceses son todavía una referencia en materia de calidad literaria o un potente acelerador de ventas.
Por supuesto que los premios literarios tienen una función comercial pero la literatura de todas maneras forma parte de la industria cultural. Creo que no hay contradicción entre esas dos lógicas. Se puede promocionar un libro gracias a un premio que a su vez es sinónimo de calidad literaria. El otro mérito de estos premios es de hacer de la literatura un evento, como decía el editor Bernard Grasset, y que se hable específicamente de la literatura y de los nuevos libros en un momento preciso del año
; comentó a RFI, Sylvie Ducas, profesora de la Universidad Paris X y especialista de la historia de los premios literarios en Francia.
Por María Carolina Piña (RFIespañol)
Etiquetas: Décembre, Fémina, Goncourt, Jérôme Ferrari, Médicis, Renaudot, Sylvie Ducas

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