09/11/2012
Con aroma de "western", el autor afincado en Cataluña que estuvo a punto del "suicidio literario" tras el éxito de "Soldados de Salamina" reflexiona en "Las leyes de la frontera" (Mondadori) sobre los mitos y la justicia a partir de la España de los quinquis y los Liang-Shan-Po.
ALFONS GARCIA Juan Genovés decía hace unos días lo mismo que usted comenta al inicio de "Las leyes de la frontera": que el franquismo olía a mierda ¿Tan característico era el aroma?
Celebro coincidir con Genovés. Mi recuerdo es ese. Tenía 13 años cuando Franco murió y el olor era eseÉ, a corrupción.
En mi pueblo también teníamos un Liang-Shan-Po, pero creo que no éramos originales...
Todavía no he encontrado una ciudad de España donde no haya un Liang-Shan-Po. La frontera del libro es sobre todo simbólica, entre el bien y el mal, y eso se discute a través del símbolo de ese Liang-Shan-Po de aquella serie que caló tanto, donde vivían los forajidos, que en la televisión eran los buenos y en la realidad me temo que no eran Robin Hood, sino unas víctimas.
Conocer el mal no hace mejor al ser humano, dice uno de los personajes. Pensaba que el conocimiento siempre mejoraba a los hombres...
No tengo respuesta para eso. Soy bastante bueno preguntando, pero respondiendo soy malísimo. Creo que pensar consiste en hacer las preguntas adecuadas y tener paciencia para posponer las respuestas. Por eso creo en la novela, porque es el género de la ambigüedad. Un escritor jamás contesta preguntas, las formula de la manera más compleja posible.
Su Zarco, como los héroes del Oeste, aunque parece ganar siempre pierde. ¿Vale para toda esa generación "quinquillera"?
Vale. Estos chavales fueron mitificados e idealizados de manera insensata y no eran más que perdedores. Perdieron todos y de forma dramática, porque la inmensa mayoría se dejó la vida con menos de 25 años.
Ya no hay charnegos, dice un personaje, o están muertos o sus hijos hablan ya catalán. ¿Por eso el rebrote ahora del independentismo catalán?
Que no existen charnegos es un hecho. El rebrote no tiene solo que ver con el sentimiento catalanista, hay gente seducida por el cebo tramposo del independentismo por motivos económicos, sin los cuales eso de la identidad cuenta poco. La identidad es como la fe y yo soy partidario de que seamos laicos, que sea una cosa privada.
¿Entonces se puede estar en contra de la independencia de Cataluña y no ser españolista?
Yo estoy ahí. Soy antinacionalista español y catalán. El nacionalismo me parece un error como ideología, sea donde sea; ha sido el mejor carburante de muchas guerras en Europa.
Por Alfons Garcia (Levante-emv.com)
Etiquetas: franquismo, Javier Cercas, Las leyes de la frontera, Liang-Shan-Po, Mondadori, Soldados de Salamina

, escribe aquí tu comentario