09/11/2012
En el bajo del edificio que ocupa la Editorial Siruela, una ventana deja ver los pies y los zapatos de gente que avanza a toda prisa por la calle. Dentro, en un salón de actos vacío, la voz de Ernesto Mallo (La Plata, Argentina, 1948) rebota en las paredes decoradas con retratos de escritores. Está sentado en una pequeña e incómoda silla negra, ha colgado su chaqueta color marrón en el respaldo y matiza lo que dice con el movimiento de sus manos. No está en un interrogatorio policiaco como los que aparecen en sus novelas y, sin embargo, se limita a contestar con precisión lo que se le pregunta. Es su estilo. Así son sus libros.
Es que antes de ser novelista, Mallo escribía únicamente obras de teatro y guiones de cine. Yo creo que todos los autores deberían hacer una incursión en la dramaturgia. Porque tiene límites muy precisos: tienes que contar la historia únicamente a través de acciones y diálogos. Sin olvidar la escenografía o el paisaje, claro. Pero si no te centras en eso, empiezas a opinar, a extenderte, a engordar el libro.
Hace más de una década, cuando Argentina vivía una crisis económica feroz y el "corralito" limitó las expectativas de sus ciudadanos, Ernesto Mallo se cansó de buscar alguien que le produjera una película o una obra de teatro. Así que decidió escribir una novela y con ella fue finalista del Premio Clarín-Alfaguara. Yo ya tenía cincuenta y pico, pero volqué en la prosa toda mi experiencia en cine y teatro y me fue bien.
Asegura que hacer novelas negras no es tan difícil. Porque Argentina, y Latinoamérica en general, nos da demasiado material para hacerlo. ¡Hay tantas cosas que suceden! El poder criminal es muy grande. Y encima, muchas veces, está coludido con el poder político. Yo siempre digo: lo que es malo para la humanidad es bueno para la literatura.
Pero si los acontecimientos de los países latinoamericanos propician la escritura de novelas policiacas, ¿por qué ultimadamente triunfan los escritores nórdicos? Por la originalidad. Porque la sangre se ve bien en la nieve. Y por esnobismo, creo yo. Y por novedosos: porque todo lo que pasa en Latinoamérica ya es muy común. En cambio, un homicidio en Suecia, ¡oh!
Por Víctor Núñez Jaime (ElPaís)
Etiquetas: Editorial Siruela, Ernesto Mallo, humanidad, literatura, Los hombres te han hecho mal, novela, Premio Clarín-Alfaguara

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