29/10/2012
La dotación de los 34 galardones actuales cuesta un millón de euros. Parece oportuno reflexionar sobre ello
Ni en Francia ni en Gran Bretaña se premia desde el Gobierno a la Cultura, se lo dejan a la industria. Ni en Italia. En otros países europeos, como Grecia (ya es casualidad), sí existen premios Nacionales, pero con permiso de la Troika y los rescates, porque ya no tienen dotación. Aun así, el digno ganador de este año en Atenas, el poeta Dínos Cristianópulos, rechazó con cajas destempladas los honores de su Gobierno.
Si comparamos lo de Cristianópulos con el rechazo de Javier Marías al premio Nacional de Narrativa -otorgado por el Gobierno al que tan alegremente vitupera- el caso español tiene tacto de satén. Pero queriéndolo o no ha puesto sobre la mesa la verdadera dimensión de estos galardones que concede el Ministerio de Cultura. Y que cuestan nada menos que un millón de euros.
Algunos premios Nacionales están tan arraigados que nacieron en los años veinte (en concreto el de Narrativa) y han sobrevivido las vicisitudes de nuestra historia. Otros se pusieron en marcha durante la Transición. Y no pocos de ellos nacieron en los últimos años noventa y durante la última legislatura de Zapatero. El resultado es una lista de 34 galardones que premian desde la mejor carrera literaria a la creatividad del juguete (es el más joven de todos).
En sus libros sobre la ejemplaridad, el filósofo Javier Gomá habla del fomento cultural y las distinciones como un deber del Estado. La ciudad, recuerda, está llena de calles y plazas con nombres porque el Estado es una maquina de poner ejemplos a los ciudadanos. Pero el pago por esos honores es una parte añadida cuya ausencia no reduce el prestigio del galardón.
ABC habló ayer con importantes gestores culturales y una decena de recipiendarios de premios Nacionales. Quienes ganaron un día recuerdan (y la encuesta es unánime) la importancia del premio por el prestigio que aportaba ganarlo más que los detalles de su dotación. De hecho, algunos sonríen y aseveran que el dinerito vino muy bien
pero que se dieron cuenta de que les tocaba solo días después
de ganarlo. Es casi una lotería.
Se considera que animan el sector cultural, pero ¿depende ello de su dotación o de la distinción que deparan al ganador? Ya se sabe que en la cultura hay gente de lengua larga y por ello tampoco falta quien expresa visiones críticas, quien desconfía totalmente del entramado retributorio y preferiría que no se concedieran, o que no se concedieran tantos, porque ya no suponen la misma distición que antes.
Por Jesús García Calero (ABC.es)
Etiquetas: Dínos Cristianópulos, Javier Gomá, Javier Marías, premio nacional de narrativa, premios literarios

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