25/10/2012
En Colombia, el fracaso y la ironía son la pareja perfecta, asegura
Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá, 1948) es un animal literario que vive entre los veinte mil volúmenes de su biblioteca. Un "hábitat" que no le es ajeno porque hace casi medio siglo comenzó a ir todos los días a la avenida Jiménez de Quesada con la Carrera Octava, en pleno centro de la capital colombiana, para ponerse al frente de una librería de siete pisos. Luego fue editor, enseguida subdirector de la Biblioteca Nacional de su país y durante una década dirigió la revista literaria ECO. Pero de manera paralela, expresa él mismo, ha cultivado el fervor y la pasión por un arte anacrónico y feliz
: la poesía. Que ahora, en 2012, Beatriz de Moura reúna Poesía reunida, 1972-2002, todos mis poemas, en la colección Nuevos textos sagrados, de Tusquets, cierra mágicamente un ciclo
.
Son cuatro libros y siete Nuevos Poemas que, en conjunto, dibujan el "mundo equilibrado" del autor: amor y lucidez, furia y compasión, gozo y encanto, emotividad y dicha, fracaso e ironía. Porque nos morimos día a día y siempre subsiste lo inalcanzable: “El reino que estaba para mí
, escribe por correo electrónico desde Bogotá. Pero es fascinante intentarlo. Además, añade: ¿Cómo no ironizar sobre un país que tiene más próceres que héroes y donde el eterno retorno del anacronismo nos aflige cada día? Fracaso e ironía: la pareja perfecta
.
Para escribir un poema, Cobo Borda permanece en estado de alerta y se fija en cosas que, en apariencia, no tienen nada que ver. Entonces, de repente, le llega la inspiración. Viene sola, se concede, asoma y guiña el ojo. Miro no para ver, sino para contemplar apenas. Y quizá de allí surge el poema
. Tacha, corrige y “castiga” lo que escribe. El exceso de rigor permite que brote más fresca y renovada esa parcela de paraíso
. Así se esfuerza por alcanzar el ritmo musical, el rigor conceptual y las imágenes luminosas que luego ofrece al lector.
Pero todo esto no le sería posible sin nutrirse de "lecturas maliciosas" de escritores como Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes. O José Bianco, Alejandro Rossi y Sergio Pitol. Una confirmación de que el pasado está más vivo que este escuálido presente y de que hay que leer con malicia para detectar lo que subsiste
. Tampoco sin ir al cine o contemplar calles y paisajes, sin compartir vinos y pescados y sin querer a distancia y amar con profunda y decantada rabia
. O sin "matar" a sus "padres literarios." Por ejemplo, a Eduardo Carranza. Por su grande elocuencia, retórica bolivariana e hispanismo trasnochado. Con el tiempo aislé varios poemas suyos. Pero cuando lo leí por primera vez, a los 16 años, qué fastidio y qué ganas de jugarle una mala pasada
.
Por Víctor Núñez Jaime (El País)
Etiquetas: Alejandro Rossi, Beatriz de Moura, Bogotá, José Bianco, Juan Gustavo Cobo Borda, Poesía, Sergio Pitol

, escribe aquí tu comentario