25/10/2012
En "Dinero para fantasmas", el escritor y cineasta Edgardo Cozarinsky arma una historia en diversos fragmentos, contada por protagonistas-testigos de un "amor loco" que viaja de país en país, provocando una incertidumbre sobre la resolución que mucho se asemeja al concepto de obra abierta.
El libro, publicado por la casa Tusquets, está ambientado en una zona de frontera, fantasmal, imprecisa, donde cambian los puntos de vista según los discursos sean los de los jóvenes cineastas que intentan reconstruir la historia, y un viejo escritor perdido en la inmensidad de Buenos Aires, que los convierte en herederos de esa narración.
Cozarinsky nació en Buenos Aires en 1939; en 1974 se instaló en París y desde 1988 alterna su residencia entre la capital argentina y la francesa; cineasta, su producción está en el límite entre la ficción y el documental; su film sobre el escritor alemán Ernst Junger, es imprescindible.
Publicó, entre otros libros, "Vudú urbano", "El pase del testigo", "Museo del chisme", "Blues", "La novia de Odessa", "Tres fronteras", "El rufián moldavo", "Maniobras nocturnas", "Lejos de dónde" y "La tercera mañana".
Conversó con Télam desde una residencia para escritores cercana a Florencia.
Télam: ¿Podría decirse que "Dinero..." es una historia armada como una estructura de cajas chinas, menos por las anécdotas que por la incertidumbre que provocan las "resoluciones"? Sin embargo, todo es verosímil. ¿Cómo consiguió ese efecto?
Cozarinsky: No tengo la menor idea de cómo obtengo un "efecto", si "efectos" hay. Son cosas que van surgiendo a medida que avanzo con una novela; no diré que irracionalmente pero sí que las situaciones y los personajes me van sugiriendo desarrollos a medida que los escribo.
Después corto mucho para dejar puntas de iceberg y sugerir que nueve décimos están sumergidos. No quiero que todo esté explicado sino que, como en la vida, las personas y los hechos guarden territorios inexplorados, que podemos suponer pero no penetrar.
De allí que como autor me importe mucho, ojalá también al lector, que al final, la joven crea ver en Salta a la pareja cuyo destino solo pudieron inventar ella y su compañero. ¿Son Celeste e Ignacio? No lo sabe, ni lo sé yo, ojalá lo sean y se hayan reunido. Me gusta que quede flotando como una posibilidad.
T: En la novela hay una mirada un tanto escéptica sobre la actualidad argentina y un retorno de su fascinación por las historias ambientadas en el centro de Europa. ¿Esto es así? Si fuera así, ¿podría ampliarlo?
C: No me parece. Los personajes jóvenes de la novela, porteños de hoy, son aquellos que me inspiran más simpatía y los he alimentado con observaciones de conducta y sentimientos de mis amigos jóvenes, que son muchos y los que más frecuento. Lo europeo en la novela -Berlín y no "mitteleuropa"- se me aparece como algo fantasmal para el personaje de Oribe.
No olvides que los primeros están en la parte de la novela narrada en tercera persona, Oribe en cambio aparece en primera persona, por lo tanto lo que se da al lector es la subjetividad del personaje, no un relato (que se pretende) objetivo como para los jóvenes.
Por Pablo E. Chacón (TELAM)
Etiquetas: Dinero para fantasmas, Edgardo Cozarinsky, El pase del testigo, El rufián moldavo, La novia de Odessa, La tercera mañana, Lejos de dónde, Maniobras nocturnas, Museo del chisme, novela, Tusquets, Vudú urbano

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