04/10/2012
"Supongo que el 90% o más nos dedicamos a la escritura en los tiempos libres que nos dejan nuestros respectivos trabajos remunerados. Algunos de nosotros no lo hacemos tan bien como creemos. Entonces, una primera acción para dignificar nuestro oficio"
Hace poco más de cuatro años escribí un texto de tres páginas al que pomposamente titulé Decálogo para dignificar el oficio de escritor y el cual presenté en un encuentro de literatos aficionados. Hoy retomo en forma de síntesis esas ideas para compartirlas en este mundo virtual con los lectores de este espacio.
Lo primero, decía yo en 2007, es escribir, escribir, escribir. Supongo que el 90% o más nos dedicamos a la escritura en los tiempos libres que nos dejan nuestros respectivos trabajos remunerados. Algunos de nosotros no lo hacemos tan bien como creemos. Entonces, una primera acción para dignificar nuestro oficio, es escribir mucho y hacerlo bien, con apego a la gramática, salvo que nuestra escritura busque diferenciarse por esa vía, por infringir de manera consciente la norma.
Segundo: Estudiar para mejorar nuestro trabajo. Dignificar el oficio pasa también por mejorar nuestra obra y para ello es conveniente estudiar, sea en forma autodidacta o con quienes saben más que uno y tienen condiciones de transmitir ese conocimiento. Pretender que lo sabemos todo revelaría una sencilla tontería y reflejaría, en el fondo y en la superficie, nuestra vergonzante ignorancia y desmedida auto suficiencia.
Tercero: Entender a cabalidad la máxima, La creación es 5% de inspiración y 95% de perseverancia, de esfuerzo y de trabajo
. A veces la idea inicial del poema, cuento o novela arranca fácil, pero poner la obra a punto cuesta demasiado y hay veces en que nos parece que sí, que ya llegamos al final, pero muchas veces ese trabajo está incompleto, necesita más vocación, más oficio, más transpiración y eso nos cuesta asumirlo.
Cuarto: Publicar lo bueno que hacemos, es decir, sólo una ínfima parte de lo que escribimos. El escritor norteamericano Ernest Hemingway alguna vez sostuvo que nos hacía falta a gente como nosotros un detector innato de mierda (DIM), mediante el cual pudiéramos descartar aquello que no sirve y que por ningún motivo deberíamos publicar. Como no tenemos incorporado el DIM -y creo que casi ninguno lo tiene - es bueno apoyarse en un par que sea crítico; que sea un buen lector y opinador; que sea un referente respetable y respetado por nosotros.
Quinto: Exponer nuestra creación en los más diversos escenarios sin pensar que siempre vamos a ser remunerados por ello. Estoy de acuerdo con que se pague a los escritores por su trabajo, se compren sus libros, se les pague en sus presentaciones de obras, en recitales y en otros eventos. Pero no siempre se nos va a pagar por ese esfuerzo, y además nuestra principal o única motivación no debería ser el dinero.
Sexto: Aumentar los recursos destinados por el Estado chileno a la literatura. Es cierto que avanzamos mucho en esto y que los recursos crecieron en algunos años, pero sigue siendo insuficiente.
Por Gabriel Canihuante (El Observatodo)
Etiquetas: Decálogo para dignificar el oficio de escritor, Ernest Hemingway, escritura, inspiración, perseverancia

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