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De escritores y sus familias - España España

03/10/2012

Para Simone de Beauvoir, la familia era un nido de perversiones; para Hermann Hesse, un defecto del que no nos reponemos fácilmente. ¿Qué tienen de particular sus familias para que muchos escritores tengan esta opinión sobre ellas? Para tratar de dar respuesta a esta pregunta, el escritor irlandés Colm Tóibín ha publicado recientemente en Estados Unidos la colección de ensayos New ways to kill your mother: Writers and their families. Este ensayo revela el lento y humillante "asesinato del padre" que W. B. Yeats perpetró al criticar sin la menor compasión la obra de teatro escrita por su progenitor, o que Jorge Luis Borges y V. S. Naipaul tuvieron que cargar toda su vida con el peso muerto del corpus literario de sus padres. Al parecer, cuando estaba muy enfermo, el padre de Borges le pidió que reescribiera su novela inédita. Se cree que su relato El congreso podría ser la transformación de dicha novela. Naipaul, por su parte, noveló la vida de su padre en Una casa para el señor Biswas.

Además de escudriñar las relaciones entre los escritores y sus familias de origen, Tóibín le da también un repaso a las familias creadas por los propios escritores. Entre ellas destaca la del autor de La montaña mágica. La historia de la familia Mann estuvo marcada por la homosexualidad de algunos de sus miembros (el propio Thomas y tres de sus hijos -Erika, Klaus y Golo-), la propensión al suicidio (dos de las hermanas del escritor y dos de sus hijos -Klaus y Michael- se suicidaron) y la gerontofilia (su hija Elisabeth se casó con un crítico literario que era treinta y seis años mayor que ella). Por si eso resultase poco novelesco, sobre los Mann planeaba también la sombra del incesto, aunque esta vez por parte de su esposa, Katia. La relación de ésta con su hermano dio pie a múltiples rumores, y el propio Mann se encargó de llevarla a la ficción en La sangre de los Walsungs, cuya publicación intentó -en vano- prohibir su suegro. Desde luego, ésta no es la primera vez que la familia Mann es presa de los biógrafos. En 2003, en el libro Bluebeard’s Chamber: Guilt and Confession in Thomas Mann, Michael Maar se adentraba en el cuarto de Barba Azul al que alude el título y sugería que, cuando era joven, Thomas fue partícipe, o al menos testigo, de un terrible suceso de índole sexual en Nápoles. Según Maar, este crimen, real o imaginario, alimentó la fantasía del escritor durante los siguientes sesenta años.

Uno de los ensayos más interesantes del libro de Tóibín es el dedicado al armario (de doble fondo) donde John Cheever permaneció hasta el final de sus días. Al parecer, Cheever estaba tan desorientado como los pájaros de la cita de Montaigne: El matrimonio es como una jaula; uno ve a los pájaros desesperados por entrar, y a los que están dentro igualmente desesperados por salir. Tal y como se desprende de sus diarios, Cheever siempre se encontró en esa tesitura: por una parte, quería ser un hombre felizmente casado y un buen padre; por otra, sus pensamientos tenían la costumbre de cambiar repentinamente de sentido y tomar rumbo hacia alguien del sexo masculino. Por ejemplo, en una entrada de su diario, empieza diciendo que era en el cuerpo de su esposa donde se quería "derramar" y acaba hablando de un hombre que había visto en una piscina: Su mirada suave me sigue, se asienta en mí, y tengo un escozor mortal en la entrepierna. Después haría cargar a su personaje, Neddy Merrill, protagonista del relato El nadador, con dicho escozor. De este modo, Cheever podía seguir viviendo a salvo: Si siguiera mis instintos sería estrangulado por algún velludo marinero en un urinario público.

Los diarios de Cheever están repletos de reflexiones sobre sus sentimientos. Así, respecto a su escarceos sexuales con Max Zimmer, un joven treintañero, escribió: Qué cruel, no natural y negro es mi amor por Z. Parece que tengo intención de aprovecharme de la juventud de Z, conducir a Z a un aislamiento trágico, negarle cualquier tipo de vida. El amor es instruir, mostrar a la persona amada lo que sabemos de las fuentes de luz, y esto puede ser la declaración de un viejo astuto y lascivo. Sólo puedo esperar que no sea así. A pesar de sus múltiples encuentros sexuales con hombres, a Cheever no le gustaban los gays. Cuando un amigo le confesó que tenía relaciones homosexuales, Cheever decidió antes de que terminara la frase, que nunca más volvería a verle. También estaba muy preocupado por el supuesto amaneramiento de su hijo mayor. Al parecer, tenía la voz un tanto "aflautada", por lo que Cheever le recriminaba constantemente: Te ríes como una mujer o Habla como un hombre. Aunque siempre sintió que John no era enteramente masculino, su esposa, Mary, permaneció con él hasta el final. Sin embargo, nunca quiso leer sus diarios: No puedo leerlos (…) No es mi vida en absoluto. Es él, es todo él. Es todo su interior.

Por Rebeca García Nieto (Revista de Letras)

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Etiquetas: Colm Tóibín, escritores, familia, Hermann Hesse, John Cheever, Jorge Luis Borges, La montaña mágica, Simone de Beauvoir, Thomas Mann, V. S. Naipaul

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