21/09/2012
El autor mexicano Toño Malpica presentó en Buenos Aires "Margot. La pequeña historia de una casa en Alfa Centauri", en el marco del Filbita. Con esta obra ganó el Permio Norma de Literatura Infantil y Juvenil 2011.
Antonio Malpica (Toño cuando firma sus libros para lectores jóvenes) no iba ser escritor. Entró a la universidad para estudiar ingeniería en sistemas. En un momento, sin embargo, se dio cuenta que tenía una verdadera vocación para escribir. No ganó un concurso ni escucho un llamado, lo supo por una muy sana razón: se divertía contando cuentos. Ahora es un autor prolífico de libros de variados géneros y audiencias. Su sitio web personal tiene un extenso resumen bibliográfico y biográfico de Malpica. Vale la pena visitarlo porque, sin intenciones de ser cool o retro (uno se da cuenta conociendo a Malpica en persona) tiene una estética de los comienzos de la web.
La última novela de Malpica es para lectores jóvenes. Margot. La pequeña historia de una casa en Alfa Centauri ganó el Premio Norma de Literatura Infantil y Juvenil para el año 2011. Allí cuenta la historia de Margot, una niña muy pobre que es la hija de un hombre que sobrevive reciclando basura. De golpe, un hombre misterioso vestido de negro le informa que es una superhéroe y le da una misión importantísima. Esta, y las que siguen, parecen ser de un carácter absurdamente sencillo – como sacar un cono de el lugar de estacionamiento en una calle en el centro de la ciudad. Sin embargo, nos enteramos que cada tarea de Margot previene una catástrofe impidiendo que se inicie una larga cadena de eventos que eventualmente hubieran terminado en un desastre.
Hablamos con Malpica en un hotel en el microcentro porteño una tarde de lluvia la semana pasada. Es muy amable y tiene una sonrisa tímida que parece reprimir por un viejo hábito que tal vez provenga de su niñez.
En su producción literaria, ¿cómo conviven las obras para niños y las para adultos?
Aquí lo que impera es la honestidad, porque lo primero que hay que decir es que como yo no soy un escritor de academia –es decir, no estudié para escribir- creo que mi obra siempre se ha distinguido, entre comillas, por ser gozosa. Yo he tratado siempre de disfrutarla mucho porque, finalmente, para no disfrutar algo, pues mejor me pongo a hacer otra cosa. De veras, me di cuenta de que me hace muy feliz contar historias. Entonces digamos que allí empezó mi carrera literaria, por así decirlo. Yo empecé escribiendo, por supuesto, para mí, porque me hacía muy feliz. Me ponía muy contento escribir. Y la siguiente gran fortuna es que me di cuenta de que eso que me gustaba tanto también le gustaba a la gente que lo leía. Entonces, sin ser muy presuntuoso, creo que lo único que si me propongo deliberadamente en todos mis libros es no aburrir. Trato que mis libros atrapen al lector, porque me di cuenta que en México tenemos todavía ese gran problema de la no lectura, de la población no lectora. Y entonces dije: “Si algo nos toca los autores en el trabajo de la promoción de la lectura es por lo menos tratar de hacer historias interesantes – historias que los chicos agradezcan que se escriban para ellos. Y los grandes por añadidura. Lo que yo hago es tener ese cuidado con mis letras.
¿Y cómo rearmó su vida una vez que decidió que quería dedicarse a escribir?
Mira, uno quisiera que la vida fuera como las películas. Que si algún día hicieran una película de mi vida seguramente pondrían allí y se dio cuenta y botó todo y caminó hacía el crepúsculo… No es así. Si te das cuenta, pero es como un cortejo con la literatura que va siendo paso a paso. Por ejemplo, el momento exacto en el cual yo me di cuenta de que —wow— yo podía contar historias y además era maravilloso, fue a la par que mi hermano (mi hermano también iba por otro lado y ahora es escritor), los dos nos dimos cuenta al mismo tiempo, porque nos pidieron escribir una obra de teatro. Hasta olvidé las circunstancias exactas de por qué nosotros dos, no me acuerdo...
¡En serio! ¿No se acuerda?
Es que estábamos en un grupo que era de jóvenes, que tenía un sentido más altruista de ir a visitar asilos y qué se yo… y se les ocurrió que había que montar una obra de teatro y nos la encargaron a nosotros. La escribimos y nos encantó la experiencia. Fue como darte cuenta de que toda tu vida has tenido los zapatos al, revés.
¿Ese fue el inicio?
Ese fue el momento clave. Porque el estaba estudiando física y yo estaba estudiando ingeniería en computación. Pero te digo, no fue así como Waaah ¡ya! Botamos todo. Más bien fue como darse cuenta y seguir caminando pero no soltar. Te das cuento de que esto te funciona y entonces lo que hicimos fue escribir teatro durante mucho tiempo – nos dimos cuenta de que eso era maravilloso...
¿Para qué tipo de audiencia?
Sobretodo juvenil. Hacíamos mucho teatro musical, porque yo además soy músico. Ya después nos atrevimos a dar el paso al teatro adulto. Le metíamos palabrotas, temas un poco más adultos. Y bueno, de pronto nos vimos también escribiendo cada uno por su lado, yéndose por la prosa. Y –wow- nos dimos cuenta de que podíamos compaginar. Y allí estamos.
Por Andrés Hax (Revista Ñ)
Etiquetas: Antonio Malpica, Margot. La pequeña historia de una casa en Alfa Centauri, novela, Premio Norma de Literatura Infantil y Juvenil

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