12/09/2012
No pensarás en el autor que se ganó el último premio ni en las reseñas de esta o de cualquier revista literaria ni mucho menos en las caras de quienes hacen las reseñas. Ahuyentarás también, hasta donde te sea posible y mientras dure el tiempo del relato, cualquier intromisión de rostros conocidos: los hijos, los padres, los novios, los maridos y los amigos a quienes has robado parlamentos, secretos y pasajes enteros de sus vidas se desdibujarán para evitar tu miedo al qué dirán cuando se sientan reflejados, plagiados, burlados o traicionados en la historia. Ni qué decir de los maestros: les darás recreo a todos los que han pasado por tu vida, a los que se hacen llamar "Maestros" en el mundillo literario y, sobre todo, a ese profesor que todos llevamos dentro y que está listo a sentar cátedra y a buscar moralejas en las vidas ajenas.
Cerrarás la puerta y colgarás en el picaporte aquel letrero de "no molestar, Do not disturb" que te robaste del hotel cuando viajaste a ese congreso del que regresaste con la firme promesa, siempre rota, de no aceptar nuevas invitaciones para concentrarte en la escritura. Te abstraerás del parloteo de las Doras –aspiradora, licuadora, lavadora– que exigen detergentes y productos, y no te importará cuando te digan que la sopa se está enfriando, mientras tú sigues absorto en esa misma frase que no termina de encajar. Y no saldrás, aunque golpeen con los nudillos en la puerta para decirte algo que parece "muy urgente" y no lo es tanto, comparado con los asuntos que acontecen en ese Tiempo Otro de la historia, al que te entregas…¡y nunca tan bien dicha la palabra!
Por Yolanda Reyes (Revista Arcadia)
Etiquetas: buenas historias, consejos para escribir, Revista Arcadia, Yolanda Reyes

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