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Celson Román: "Cuando uno se enamora en la juventud aumenta proporcionalmente el amor por los libros" - Colombia Colombia

11/09/2012

Para muchos podrá ser algo loco o absurdo que después de haber dedicado tanto tiempo a estudiar veterinaria, a alguien le de por dejar a un lado los bramidos de las vacas, el batir de las colas de los perros y el maullido de los gatos por la literatura y el arte. Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…

Celso Román fue de aquellos estudiantes dedicados con alma, vida y sombrero a sus estudios universitarios; jamás llegó tarde a clase y era uno de los primeros en cumplir con los trabajos y las investigaciones en medicina veterinaria; siempre fue un hombre dedicado a los animales, los amaba con el alma y siempre vio en ellos su mejor futuro, pero justo en el momento de recibir su diploma con todos los honores, lo enrolló, sacó su vieja máquina de escribir y dejó que la musa de la inspiración lo consintiera y se dedicó desde ese mismo momento a la producción literaria con el mayor de los éxitos.

Celso nació el 6 de noviembre de 1967 en Bogotá; al dejar la veterinaria estudió literatura y artes y se formó como maestro en artes plásticas con especialización en escultura; pero además realizó estudios de postgrado en el Pratt Institute de Nueva York y ha exhibido sus esculturas en salas como la del Museo de Arte Contemporáneo, la Galería San Diego y el Museo de Arte de la Universidad Nacional.

Combinó muy bien sus labores como escultor y escritor con la docencia, ya que fue profesor de bellas artes en la Universidad Pedagógica, en la Jorge Tadeo Lozano y en la Universidad Nacional.

En 1972 publicó cuentos cortos en El Espectador, El Tiempo y en varias revistas literarias, durante los dos años siguientes. Ha escrito para los niños varios libros de cuentos y novela como El pirótico barco fantástico, El hombre que soñaba, De ballenas y de mares, Los animales domésticos y electrodomésticos, El maravilloso viaje de Rosendo Bucurá, Ezequiel Uricoechea: el niño que quería saberlo todo, Acerca y de lejos, etc.

Su obra literaria ha sido galardonada en varias ocasiones. Ganador del premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma-Fundalectura 1998 con la obra El imperio de las cinco lunas; la Asociación Colombiana para la Literatura Infantil le otorgó un premio por su libro Las cosas de la casa (1988); ganador en ciudad de México del premio Netzahualcoyotl de literatura latinoamericana para niños (1982); primer premio en el concurso nacional Enka de literatura infantil (1979) con Los amigos del hombre; primer premio en el concurso de cuento 90 Años de El Espectador "Mejor en la montaña" (1978); primer premio en el concurso del libro de cuentos Universidad del Tolima (1977) por su libro "Cuentos para tiempos poco divertidos" El Maestro Román además de escribir trabaja para una fundación que se denomina Taller de la Tierra, un programa de educación ambiental.

- ¿Cuál es el primer libro que recuerda haber tenido en sus manos?

Tuve la suerte de ser hijo de educadora normalista, Helena Campos Bonilla, y siempre hubo libros cerca de ella, y me encantaba un libro bellamente ilustrado, de Constancio C. Vigil, que se llamaba "Cuentos para gente menuda", y recuerdo con alegría cómo solía soñar con esos textos y dibujos.

- ¿En los años de la educación primaria tuvo profesores que lo hubieran enamorado de los libros?

Indudablemente un profesor es figura clave para inculcar a los niños el amor a las letras, y en mi caso fue el profesor Rafael Aramendiz, un opita cultísimo, siempre impecable en su vestimenta y que nos inculcó a sus estudiantes el amor a los libros, a la poesía y a la palabra en general.

- ¿Qué personajes de literatura, en su infancia y adolescencia, recuerda con especial cariño?

Además del Profesor Aramendiz tuve un tío que se llamaba Alejandro Patiño Patiño, esposo de una de mis tías, quien había sido un personaje aventurero y rebelde, que de joven se había escapado con un circo, había sido militar, científico y profesor universitario de Bioquímica en la Universidad Nacional. De su amor por la aventura le quedó una inmensa colección de libros de Emilio Salgari, Alejandro Dumas, y Julio Verne -entre otros- así como revistas de un famoso ladrón llamado John C. Raffles. Mis hermanos y yo devorábamos esa literatura que nos hacía soñar en la adolescencia.

- ¿Ya en la juventud aumentó su afecto por los libros?

Cuando uno se enamora en la juventud aumenta proporcionalmente el amor por los libros, y es la etapa en la cual nos hundimos como buscadores de perlas en el estanque de la poesía.

- ¿De qué se trató su primer cuento?

Me acuerdo que una vez iba por la calle y pasaba delante de una pared donde había una gran cantidad de avisos de papel superpuestos -los "Carteles Olympia" que pegan con engrudo unos sobre otros, anunciando espectáculos populares, propaganda política y cosas por el estilo. Me dio por desgarrar un aviso de esos y toda la masa acartonada de papel se desprendió de la pared y cayó al suelo. Allí nació el cuento "Carteles" que me publicaron en el magazín dominical de El Tiempo, y en el relato decía que los carteles apelmazados se desprendieron como una piel viva, y la pared sangró con surtidores de pequeñas arterias, como si la pared fuera un ser vivo y quedara al aire la carne palpitante, y salí corriendo.

Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)/Colaboración | Elespectador.com

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Etiquetas: Celson Román, Cuentos para tiempos poco divertidos, De ballenas y de mares, El hombre que soñaba, El imperio de las cinco lunas, El maravilloso viaje de Rosendo Bucurá, El pirótico barco fantástico, Jorge Tadeo Lozano, Las cosas de la casa, Los animales domésticos y electrodomésticos, Mejor en la montaña, Pratt Institute, veterinaria

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