31/08/2012
Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) es un poeta desarraigado, un hombre desclasado que trabaja con sus versos contra la sociedad y contra él mismo, un ser que sufre del complejo de autodestrucción y que transforma ese complejo, esa autodestrucción, en obra de arte. Un maldito, en definitiva. Leopoldo María Panero, aquejado de malditismo, se suicida a cámara lenta y, de esta manera, es capaz de hacer su obra con prisas, iluminada con destellos e impulsada, paradójicamente, por ese descenso hacia el fondo del abismo que, en realidad, busca truncar con violencia, dejar inacabada, esa misma obra. Panero, que busca la poesía en la abominación, reivindica como clave poética la máxima de Mallarmé: «La destruction fut ma Beatrice
»
En este caldo de cultivo, el poeta maldito Panero vive de conjurar lo oscuro, lo telúrico, de atraer el misterio, de investigar en el tarot y la alquimia. Persiguiendo lo luciferino como fuente de inspiración. El maldito siempre se reconoce a sí mismo en el área de influencia de Satán. Sin embargo, no es hasta 1987 (con treinta y nueve años) cuando aparece publicado en Poemas del manicomio de Mondragón (Hiperión) su “Himno a Satán”, composición de profunda alabanza que ensalza la figura del ángel caído. Una pieza de marcado carácter exaltado, bordeando cierta inocencia al establecer relación tan íntima con tamaña fuerza maligna. El poeta, ajeno, gozoso (“yo que nací del excremento/te amo”), vislumbra en Satán a ese ser con quien compartir la vida y el destino:
Himno a Satán
«Ten piedad de mi larga miseria»
“Le fleurs du mal”, Charles Baudelaire
Tú que eres tan sólo
una herida en la pared
y un rasguño en la frente
que induce suavemente
a la muerte.
Tú ayudas a los débiles
mejor que los cristianos
tú vienes de las estrellas
y odias esta tierra
donde moribundos descalzos
se dan la mano día tras día
buscando entre la mierda
la razón de su vida;
yo que nací del excremento
te amo
y amo posar sobre tus
manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo
y el mío la luna:
que caiga la lluvia sobre
nuestras faces
uniéndonos en un abrazo
silencioso y cruel en que
como el suicidio, sueño
sin ángeles ni mujeres
desnudo de todo
salvo de tu nombre
de tus besos en mi ano
y tus caricias en mi cabeza calva
rociaremos con vino, orina
y sangre las iglesias
regalo de los magos
y debajo del crucifijo
aullaremos.
Antes de continuar con el análisis, explicaré que no es azaroso que Leopoldo escoja la composición poética del himno, pues el himno se ha utilizado fundamentalmente para ensalzar a Dios, la Virgen o los santos, así como también a grandes hombres o sucesos memorables; o sea, el poeta desea, ya desde el título, estrellar lo...
Por Estanislao M. Orozco (revistadeletras.net)
Etiquetas: Hiperión, Leopoldo María Panero, Poemas del manicomio, Poesía, poeta maldito, Satán

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