Tregolam, el país de los escritores

Perfil  |  Salir

- te recordamos que dispones de un 5% de descuento en todos los servicios

ContactoSobre Tregolam

Menú principal

  • Actualidad escritores
  • Coaching literario Coescritores por encargo
  • Informes literarios Correcciones ortotipográficas y de estilo Preparación y mejora de manuscritos Análisis de guion
  • Edición de ebooks Diseño portadas Conversión a ebook
  • Book trailers
  • Promoción de obras y autores
  • Asesoría jurídica
  • Presentación de obras a editoriales y agencias
Regístrate

Actualidad > Artículos

Las palabras que inventó Julio Cortázar - Argentina Argentina

22/08/2012

Una relectura del capítulo 68 de 'Rayuela' nos adentra en aquellas palabras inventadas por Julio Cortázar. En apenas unos párrafos, el escritor argentino, nacido un 24 de agosto de 1914, nos regala un lenguaje íntimo y sugerente que narra el encuentro amoroso entre La Maga y Horacio Oliveira.

Julio Cortázar siempre consideraba la literatura como un juego. El escritor argentino jugaba con los géneros, jugaba con las formas, pero también con el lenguaje.

“Yo ya no podía aceptar el diccionario, ni aceptar la gramática. (…) El buen escritor es ese hombre que modifica parcialmente el lenguaje. (…) Los prosistas introducen toda clase de trasgresiones que hacen palidecer a los gramáticos y que luego son aceptadas y entran en los diccionarios”, explicaba Cortázar.

Entre sus invenciones, nos dejó ese significado ambiguo que cada lector le encuentra a los cronopios, a las famas y a las esperanzas en sus serie de relatos. Sin embargo, quizás sea el capítulo 68 de Rayuela, su anti-novela collage, donde el lenguaje creado por Cortázar cobre su máximo protagonismo formal.

Cuando releemos el capítulo 68 de Rayuela, el escritor nos adentra en un nuevo mundo de palabras imaginarias, como ya lo había hecho Lewis Carrol en su poema Jabberwocky u otros escritores vanguardistas. Aquí, Cortázar nos entrega un capítulo digno de la Torre de Babel.

Julio Cortázar siempre consideraba la literatura como un juego. El escritor argentino jugaba con los géneros, jugaba con las formas, pero también con el lenguaje.

“Yo ya no podía aceptar el diccionario, ni aceptar la gramática. (…) El buen escritor es ese hombre que modifica parcialmente el lenguaje. (…) Los prosistas introducen toda clase de trasgresiones que hacen palidecer a los gramáticos y que luego son aceptadas y entran en los diccionarios”, explicaba Cortázar.

Entre sus invenciones, nos dejó ese significado ambiguo que cada lector le encuentra a los cronopios, a las famas y a las esperanzas en sus serie de relatos. Sin embargo, quizás sea el capítulo 68 de Rayuela, su anti-novela collage, donde el lenguaje creado por Cortázar cobre su máximo protagonismo formal.

Cuando releemos el capítulo 68 de Rayuela, el escritor nos adentra en un nuevo mundo de palabras imaginarias, como ya lo había hecho Lewis Carrol en su poema Jabberwocky u otros escritores vanguardistas. Aquí, Cortázar nos entrega un capítulo digno de la Torre de Babel.

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo”.

El glíglico o lenguaje inventado de estos párrafos funciona como juego y como un verdadero quebradero de cabeza para los traductores la obra cortazariana.

No en vano, Cortázar inserta palabras imaginarias junto con otras incluidas en los diccionarios, para crear más verosimilitud en el lector. El resultado es una narración íntima entre los dos protagonistas de Rayuela, La Maga y Oliveira, que activa la imaginación del lector.

Así, en este capítulo 68, leemos las palabras que inventan estos dos enamorados para describirnos uno de sus encuentros amorosos. Toda pareja usa ciertos vocablos solo reconocibles por ellos mismos, cuyos significados son ajenos al resto del mundo. Cortázar juega y el lector participa.

Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio.

No en vano, Cortázar inserta palabras imaginarias junto con otras incluidas en los diccionarios, para crear más verosimilitud en el lector. El resultado es una narración íntima entre los dos protagonistas de Rayuela, La Maga y Oliveira, que activa la imaginación del lector.

Así, en este capítulo 68, leemos las palabras que inventan estos dos enamorados para describirnos uno de sus encuentros amorosos. Toda pareja usa ciertos vocablos solo reconocibles por ellos mismos, cuyos significados son ajenos al resto del mundo. Cortázar juega y el lector participa.

Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio...

Por David González (lainformacion.com)

Seguir leyendo...


Participa en el Tablón   ¿Deseas recibir nuestro Boletín Semanal de Concursos?

Etiquetas: escritor, Julio Cortázar, literatura, palabras, Rayuela

Imprimir
Twittear

Comentarios

, escribe aquí tu comentario


Recursos

  • Tablón
  • Boletín Semanal de Concursos
  • Boletín Quincenal de Actualidad
  • Plantilla para Novela y Cuento
  • Plantilla de Guion
RSS FeedTwitterFacebook
  • Aviso legal, política de privacidad y política de cookies
  • Condiciones generales de uso del portal