07/08/2012
El Público (Lengua de Trapo) es una novela incómoda porque por más que su autor insista en que se trata de una ficción. Es inevitable trasladarla a la realidad, a la vida cotidiana de diarios, revistas, crisis, y al momento de fin de ciclo que estamos viviendo. Su autor, Bruno Galindo, es periodista musical y ahora también, novelista. Parte de la novela se desarrolla en la redacción de una revista dedicada al lujo. El libro retrata un mundo, el periodístico, en el que no queda títere con cabeza.
El tema central de la novela es el cambio de era, el final de un tiempo y el inicio de otro. Un momento que usted narra lleno de frivolidad.
Sí, porque narro un momento en el que nadie quiere hablar de lo que le preocupa, nadie quiere que se le note que está fastidiado y me parece que la frivolidad es esa risa tonta que nos da cuando estamos aterrorizados y no queremos que se nos note para que no nos excluyan.
Usted describe a una serie de personajes fácilmente identificables sin ensañamiento pero también sin piedad. ¿Es consciente de que muchas personas pueden sentirse incómodas con sus descripciones?
Lo soy y de hecho, mucha gente me ha hecho saber que se ha sentido molesta. Pero en mi defensa diré que la descripción no es una descalificación.
Los personajes de su novela luchan por ser originales pero todos acaban haciendo lo mismo y siendo parecidos en muchas cosas. ¿Quizás es eso lo que más les molesta?
Yo creo que sí. En mi novela queda claro que todos somos como los demás de alguna manera y eso nos jode. A mí por lo menos me jode.
Habla de gente que viaja a la India, come sushi, tiene un hijo biológico y luego otro adoptado, obsesionados con el éxito… Una gente que además no tiene nombre: Braquet, Escritor 1, Nuestro Hombre… Parece que estén todos tras un cristal, identificables, pero borrosos. ¿Cuál era su intención al describirlos de esta manera?
No quería crear estereotipos totales, sino tipos posibles. El no ponerles nombre es deliberado y tiene la intención de impersonalizarlos, de que el lector acabe de crearlos: les ponga nombre y los complete. Es como si yo los ofreciera en blanco y negro y el lector tuviera el encargo de darles color.
El periodismo queda muy mal parado en su novela.
Creo que se pone mal él solito.
¿Está la profesión peor que hace unos años?
Pienso que sí. Hace 10 ó 15 años se hacían las cosas de otra manera, sobre todo en el periodismo cultural, en el que era importante que la persona que escribiera supiera de lo que hablaba. Ahora puede cubrir los eventos musicales el cuñado de alguien solo porque le gusta la música.
Su protagonista, al que llama Nuestro Hombre, es cuarentón y periodista de tendencias para una revista que se dedica al sector del lujo. ¿Qué es exactamente un periodista de tendencias?
Pues cuando surgió el concepto en los años 90 era parte de una cultura contemporánea posible que no necesariamente era frívolo ni un ejercicio de esnobismo. Después todo se ha encaminado a una actividad más estúpida: qué camisetas hay que llevar, cuál es la droga chic que debes tomar y cuál es el mejor club de la ciudad.
En un momento de la novela, usted dice que “nuestro Hombre practica un periodismo en voz baja”. ¿A qué se refiere?
A un periodismo que aspira a no ser leído. Nuestro Hombre escribe sobre temas que no le interesan, que intenta sacar cuanto antes gracias a refritos de otros textos que escribió hace años, usando adjetivos para llenar líneas, acabando rápido para cambiar de tema. Él espera que nadie lea esas cosas porque tiene ínfulas de hacer cosas mejores.
¿Se parece al periodismo que se practica ahora?
Sí, yo creo que el periodismo que hacemos ahora es un acto de arrojar, expulsar noticias, para rápidamente dedicarnos a otra cosa.
En esta novela parece que los actos de los personajes sean sucedáneos de otras auténticas, incluido el periodismo..
Sobre todo el periodismo. Los periodistas somos grandes productores de sucedáneos.
El público también se lleva su parte. Usted se pregunta si está preparado para que no le tomen el pelo, si habrá madurado, si se darán cuenta de que el lujo que les venden en las revistas no podrán alcanzarlo nunca.
Hablo de la madurez del público, sí, me pregunto si se dan cuenta de que les dan gato por liebre y esa es una idea que extrapolo a la realidad sin problemas. Yo he oído muchas veces esas frase de “bueno, bueno, no hablemos de cosas tan serias”. Y también la he dicho. Ahora resulta que desde hace dos años no nos queda otro remedio que hablar y escuchar cosas serias. Pero ha sucedido casi a la fuerza.
Por Silvia Ctuz (lavanguardia.com)
Etiquetas: Bruno Galindo, El Público, escritor, Lengua de Trapo, periodista, primera novela

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