07/08/2012
“Nunca pensé que mi oficio apelara a los autores”, confiesa Alejandro Zambra en las notas introductorias a los textos que conforman su último libro No leer. Zambra no tardó en descubrir que su oficio, el de ser crítico literario, apelaba siempre a los autores cuyas obras comentaba; su oficio no era el del simple lector, evidentemente gran parte de su labor residía en la lectura, sin embargo, iba mucho más allá, su lectura individual e íntima se convertía en crítica, en artículos públicos que salían del ámbito privado para dirigirse a los potenciales lectores así como, y éste es el dato que sorprende a Zambra, a los propios autores. Parece inevitable que la labor crítica apele a los autores, por extrañas combinaciones muy alejadas de lo meramente literario, los autores se convierten en los principales interlocutores del crítico, lejos de plantear una reflexión en torno a la obra, a la propuesta literaria, la crítica se convierte en una misiva cuyo destinatario es inexplicablemente el autor.
Puede que sea ésta la razón que justifique el poco reconocimiento público del crítico, a quien raras veces -¿nunca?- se le dedican plazas, calles o edificios… estos emplazamientos están reservados a la conmemoración de los autores que, al fin y al cabo, y lejos de aplaudir el ostracismo al que a veces la crítica ha sido condenada, son los que hacen posible la labor crítica. Una vez, un profesor universitario me dijo que nunca debía olvidar que antes que nada siempre está la literatura; por entonces yo no comprendí una afirmación tan categórica, aunque el tiempo le ha dado la razón, una razón que, ahora, se reafirma en cada uno de los textos-ensayos de Alejandro Zambra para quien el trabajo ideal consistía en “hablar sobre libros que quería leer, sobre autores que admiraba o sobre temas que realmente me interesaban”. Tras algunos años dedicados a la crítica, Zambra empieza a escribir sobre los libros “que quería leer”, sus nuevos artículos dejan de encasillarse en la sección de crítica para abrirse a un género más ensayístico dedicado a la reflexión literaria. ¿Acaso la crítica no debe ser reflexión literaria? ¿No es ésta, la reflexión literaria, la perfecta manifestación de la labor crítica?
No leer es ante todo una invitación a la reflexión, no solamente en torno a la literatura, sino, y sobre todo, en torno a la crítica, a lo que quiere decir ser crítico literario. En cada uno de los textos que componen su libro, Zambra propone una crítica literaria basada en la reflexión, no sometida a las novedades editoriales y ajena a los entresijos de un mundo literario representado en demasiadas ocasiones como un mundo en el que “los escritores se la pasan peleando y dándose codazos”, olvidando, escribe Zambra, que es “un mundo donde se comparte”. Dejando de lado las imposturas que, con demasiada frecuencia, han impregnado la crítica en nombre de valores completamente extra-literarios, el lector -porque el crítico, como así el escritor, es ante todo lector- que ha sobrevivido a la lista de lecturas obligatorias en sus años escolares, que ha sobrevivido “a esos profesores que hicieron todo lo posible para demostrarnos que leer era la cosa más aburrida”, no puede volver a sucumbir a una nueva lista, esta vez, a una lista de novedades, de posibles éxitos o fracasos editoriales. La crítica no está para encumbrar obras, el crítico no está para promover el éxito en ventas, pero tampoco está, en nombre de venganzas ruines, para promover el fracaso de un libro. El crítico está para la reflexión literaria, para abrir aún más si cabe los interrogantes propuestos por las obras, para proponer claves de lectura, interpretaciones que el propio autor no creería posible...
Por Anna María Iglesia (resvistadeletras.net)
Etiquetas: Alejandro Zambra, crítico literario, ensayo literario, No leer

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