08/08/2012
Artículo exclusivo para Tregolam
Cuando recibí el encargo de escribir este artículo mi primera reacción fue negarme. No me siento con autoridad para dar consejos absolutos, porque el mundo del cine, tampoco lo es, como no lo es la vida, y menos en nuestro país, donde la industria cinematográfica siempre ha estado en crisis.
No quería escribir el artículo, y sin embargo lo estoy haciendo. Lo hago porque me acordé de mis inicios, de mis inquietudes cuando era un guionista novel. Sería egoísta por mi parte no dedicar unas líneas a quien como yo lo he vivido, vive ahora con las dudas de todo comienzo. Valga entonces mi modesta experiencia como guía, como consuelo y como apoyo para todo aquel que se aventure en este trabajo tan amado, tan apasionado, tan odiado y tan sufrido que es el de ser guionista.
Recuerdo cuando empecé a escribir mis primeros guiones, trabajaba por aquel entonces para una productora pequeña, pero que pertenecía a uno de los gigantes de la televisión.
La casualidad me puso al frente de una serie de animación con un equipo escasísimo en todos los departamentos. Mi función era la dirección creativa, pero éramos tan pocos que tuvimos que repartirnos más funciones, y a mí me tocó, sin ser guionista, escribir los guiones.
Tenía una amplia experiencia a mis espaldas en campañas de publicidad, pero jamás había escrito un guión. “¿Por dónde diablos empiezo?” me pregunté.
Mi formación como guionista, con más horas de las que tiene el día, fue una constante prueba de ensayo y error. De absorber lo que tenía alrededor, de estudiar guiones que llegaban a mis manos de otras series. De leer y releer, de escribir y reescribir, de ver y volver a ver.
Fui autodidacta a la fuerza, pero he de confesar que creía que ése era el único camino, que nadie podía enseñarme a escribir un guión más allá del formato de presentación, porque lo centraba todo en la idea: “si tengo una buena idea, seguro que escribo un buen guión”.
Pensaba que toda enseñanza, toda disciplina, era contraria a la libertad de creación. Estaba equivocado, muy equivocado. No sólo se puede enseñar a escribir, también se puede enseñar a tener buenas ideas, y a desarrollarlas con sentido y eficacia.
Aprendí también, que un guión, además de ser bueno, debe parecerlo. Me explico.
No todo vale. Ideas brillantes se quedan en los cajones por una mera cuestión de formato. La primera página ya dice mucho de quien la escribe, y más vale que esté bien escrita. Pero no sólo hemos de escribir bien, hemos de saber cómo y para quién escribimos.
El formato es lo más fácil de aprender. Antes de asumir esas cuestiones técnicas, el creador de historias debe sentir al guionista dentro de él. No debe escribir para que le lean, debe escribir “para que le vean” porque lo escrito habrá de convertirse en imágenes y sonidos. Esa es la gran diferencia. Por eso se dice, con cierta licencia, que el guión, aún siendo un documento escrito, es el primer paso de un medio audiovisual.
Guionista es por tanto la persona que escribe guiones, buenos guiones, y punto. O dicho de otra manera, guionista es un escritor de películas. Él es el primero que la proyecta en su imaginación.
Pero no nos confundamos, ser guionista no es caer en gracia a una productora, cuyos filtros para seleccionar nuevos proyectos son más que discutibles… Vender un guión tras otro, eso es una utopía.
No conozco a ningún guionista que venda todo lo que escribe, conozco muchos más que no venden nada de lo que escriben, y son grandes guionistas.
Ser guionista no significa vivir económicamente de nuestros guiones, pero sí emocionalmente. En España la inmensa mayoría de los guionistas obtienen sus ingresos de otras fuentes. Yo, siendo y sintiéndome guionista, trabajo también como profesor de guión.
Olvídate por tanto de lo que no puedes controlar. Olvídate de la suerte, de las productoras y del éxito social. Haz lo que sabes hacer: escribir. Ser guionista sólo depende de ti, de tus ideas, de tu talento, de tu formación y de tu paciencia. Si eres bueno, lo demás, tarde o temprano, llegará. O mejor dicho, en un mundo justo, debería llegar.
¿Y qué hay que hacer para ser un buen guionista? Lo primero, sentir tus historias y a tus personajes como si estuviesen vivos. Para ti deben ser tan reales que llamarles personajes es casi un insulto. Son mucho mas, son personas que amas, que deseas, o que odias.
Rompe la distancia entre la palabra escrita y la ficción. La pantalla de tu ordenador es el espejo mágico que debes atravesar cuando escribes.
Esa capacidad del guionista para viajar a sus mundos imaginados es lo que le distingue de los demás. Somos únicos en la transformación. Somos los primeros actores, los primeros realizadores, y también los primeros espectadores.
La única forma de escribir un guión es vivirlo intensamente. He leído miles de guiones que plantean buenas historias, sin embargo la fuerza se diluye porque el autor no se ha fundido con su creación.
Tarantino, con acierto, aconseja a los guionistas realizar cursos de arte dramático. Lógico, porque el guionista es el primero que imagina y construye el drama. Debe saber representarlo en su mente, y si no tiene el conocimiento de esos cursos de arte dramático que casi nadie hacemos, al menos sustituyámoslo con grandes dosis de sentido común, de experiencia, de ver y leer con más ojos y oídos que nadie, y con mucha, mucha representación imaginada.
En definitiva, para ser eficaz contando historias debemos ser parte de ellas, vivirlas, y tener un método, una disciplina que lejos de aprisionar la creatividad, la estimule. Yo tengo mi método, y es el que enseño, lo siento como padre de todas las técnicas creativas, y así, retractándome de mis inicios más escépticos, lo cuento a mis alumnos.
Bendita la locura del guionista que sabe vivir mil historias, que se transforma en mil personas diferentes, y que hace de su vida una Caja de Pandora donde caben todas las emociones.
¿Hay quien dé más?
Ramón Aguyé:
Ramón Aguyé ha trabajado como director de guiones y guionista para Televisión Española, Antena 3, la RAI, Tele 5 y diversos canales autonómicos.
Además de escribir y dirigir más de cien guiones para televisión, ha participado en proyectos para Warner y Zeta Games.
Es profesor de guión desde hace más de 15 años y por sus clases han pasado centenares de guionistas noveles, que comenzaron sin saber nada del oficio y acabaron escribiendo guiones de largometrajes y cortometrajes.
Vive en Madrid, que es donde normalmente imparte sus cursos presenciales, si bien organiza puntualmente cursos semanales en lugares atractivos, como la playa de Benicássim (del 2 al 9 y del 9 al 16 de septiembre de 2012), y ofrece un reconocido curso de guion por internet.
Es colaborador de Tregolam y en todos sus cursos encontrarás un 5% de descuento si eres usuario registrado de Tregolam.
Para contactarle:
[email protected] [email protected] Telf.: 637 21 59 54
Etiquetas: curso guion, guionista, playa de Benicássim, profesor de guión, Ramón Aguyé

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