09/08/2012
Todos los escritores, casi sin excepción, ansían la posibilidad de ver publicadas sus obras en papel. El costo de impresión de una tirada editorial (que consta normalmente de no menos de 200 ejemplares), implica una erogación que no todos los escritores están dispuestos a efectuar, más aún conociendo el destino que tendrán los ejemplares de no poder ingresar correctamente al canal de distribución.
Si bien las editoriales están abiertas a publicar a cualquier autor que lo solicite, la obra es examinada brevemente y pocas veces es del agrado de los editores. Cada editorial se rige por políticas internas, propias de la empresa que son las que marcan el principio o fin de una publicación. Cantidad de páginas mínimas, estilo de la obra (novela, ensayo, otros), género (ciencia ficción, novela histórica, relato biográfico, novela de terror, policial,…), público al que está destinado (infantil, adulto, profesionales de determinado sector) y un largo etcétera.
Esta selección obedece a diversos factores que son los que permiten que un libro salga a la calle con posibilidades de obtener cierto éxito, más que nada, comercial (las editoriales son empresas y como tales necesitan ganar de lo que producen para no perecer).
Pasada la prueba y aceptada la obra por la editorial, el autor se enfrenta por primera vez con el término “corrección de estilo”, donde le explican que sus escritos deberán pasar por un profesional encargado de adaptarlos para el público y que, probablemente, el lenguaje que él utilizó para escribir no será exactamente el mismo con el que aparezca en la calle. Aquí, el escritor acepta que sus obras sean modificadas para poder ser parte del selecto grupo de autores de esa editorial o se opone ante el planteo por suponer que eso le quitará una parte de su espíritu y personalidad a lo que tanto tiempo y esfuerzo le ha llevado crear.
Es importante destacar que la corrección de estilo es sumamente necesaria para convertir cualquier texto en una obra exitosa. Quitar signos de puntuación, conectores, frases poco comprensibles, se vuelve algo normal y aceptado por los profesionales del sector. Lo que pretende la corrección de estilo es hacer más llevadero un escrito. Esto se logra insertando dos componentes que a muchos escritores les cuesta lograr: máxima tensión en el texto y facilidad de lectura. Lo que se pretende lograr es que el lector no abandone la lectura, sino que consuma el texto de principio a fin.
Otro punto que desalienta al escritor es el bajo porcentaje de ganancia sobre su obra (con suerte, un 10% sobre el precio de tapa) y el tiempo mínimo para recuperar lo que él considera una inversión (cerca de un año). El precio que fijan las editoriales está justificado por el costo de impresión de los libros, los costos de diseño de tapas e interior, las inscripciones obligatorias de la obra que no pueden faltar por ley, la publicidad del libro en los medios, los costos de distribución de la obra y por supuesto, una mínima ganancia sobre cada ejemplar.
Las bajas tiradas a las cuales tenemos acceso la mar de escritores, nos pone de frente a otra realidad: los escasos lugares donde irá a parar nuestro libro (200 ejemplares no es mucho; representa solamente unas pocas librerías). Más aún, cuando nos enteramos que es muy probable que nuestro libro no aparezca en las vidrieras de los libreros (factor decisivo para la venta), pues son estos últimos los que determinan que exhibir y que no, guiados por sus gustos personales o el reconocimiento público de cada obra (Ningún librero dejará de mostrar en cada rincón de su tienda que cuenta con la última edición de Harry Potter en cantidad; pero no hará lo mismo con la obra de un escritor novel al que nadie conoce). En este sentido, la elección del título de nuestro libro, es fundamental para atraer a editores, libreros, medios de prensa y posibles lectores.
Si nuestra obra es desconocida, al igual que nosotros, será muy difícil obtener la atención de la prensa y lograr algún comentario alentador que incentive a los lectores a adquirirla, aún cuando esté bien escrita. Haber ganado algún concurso literario, contribuye a que los medios o algún periodista o crítico pose sus ojos sobre nuestro flamante libro. Si nunca hemos concursado con un cuento, novela, relato o poesía y mucho menos obtenido siquiera una mención de honor, más lejos estaremos de conseguirlo.
Si a pesar de todo, tenemos el dinero suficiente para la publicación...
Por Federico G. Rudolph
Etiquetas: autoedición, escritor, odisea, publicar, quiero escribir, quiero publicar

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