30/07/2012
La autora, que presenta su última novela, 'La conjura de Cortés', nos confiesa sus debilidades secretas y su anhelo más ambicioso: llegar a vivir 100 años.
Llega con prisas. Después de nueve entrevistas es nuestra oportunidad de sentarnos con Matilde Asensi, una de las escritoras con más éxito de público de España. Ha dormido poco y deja claro que lo de las fotos no es lo suyo, aunque se esfuerza por no hablar al mismo tiempo que la fotógrafa aprieta el obturador. A veces lo consigue. Porque le encanta hablar a esta mujer simpática y de risa fácil. No tiene problemas en defi nirse como una "friki", que juega a los Sims, estuvo enganchada a 'Lost' y pretende vivir 100 años.
Mujer hoy. ¿Se puede vivir de la literatura?
Algunos podemos, me siento muy afortunada. Nunca pensé que iba a ser uno de ellos, jamás se me pasó por la cabeza.
¿Y cuándo empezó a darse cuenta de que podría ser uno de esos privilegiados que viven del arte?
Con mi tercer libro, 'El último Catón'. Concretamente, cuando me llamó mi editora Carmen Fernández de Blas y me dijo: "Te vamos a pagar un adelanto de dos millones de pesetas". Entonces pensé: "¡Ah, puedo vivir de esto!" [Risas].
¿Tomó alguna decisión inmediata?
No, no, esperé un poco. Soy prudente. Mi madre me educó con una cabeza bien amueblada. Recuerdo que pensé: "No puedo echar las campanas al vuelo, este dinero me permite pagar bien algunas facturas pero hay que ver cómo van las cosas". Y la verdad es que fueron muy bien, con el tercer libro vendí un millón y medio de ejemplares. Y entonces fue mi editora la que me pidió: "Deja el trabajo ya (era auxiliar administrativa de Urgencias en el Hospital San Juan de Alicante) y dedícate exclusivamente a escribir". Y yo, feliz como una perdiz, le dije: "Pues, vale".
¿Y qué caprichos se ha podido permitir gracias a la literatura?
Me voy a comprar el MacBook Pro, el de la pantalla de retina, en cuanto salga. Haría cola en la tienda a las siete de la mañana sin cortarme. De Apple lo tengo todo: el iPad, el iPhone... Soy una militante. Acabé hasta el gorro de las pantallas azules del Windows. Yo decía que los de Mac parecían una secta hasta que me regalaron el iPhone y caí. Luego me compré el MacBook Pro y fue fantástico hasta que cambié el sistema operativo. No hice una instalación limpia, lo hice sobre el sistema antiguo y…
¿Todo eso lo hace usted misma, sin ayuda?
Sí, sí, me gusta la informática. Para demostrarlo se mete en una disquisición sobre el funcionamiento del nuevo sistema operativo de Mac que soy incapaz de reproducir. También cuenta que cuando vivía en Londres era una habitual de las tiendas de Apple. "Hacía excursiones frecuentes a la tienda de Regent Street. Allí estaba yo día sí y día también mirando las carcasas, las cosillas, las tonterías. En realidad no me compraba nada. Pero yo era feliz allí viendo lo mono que era todo".
¿Es usted de las que piensan que Steve Jobs, el fundador de Apple, debe estar a la derecha de Dios?
Por supuesto. Me leí la biografía que escribió Walter Isaacson y el hombre tenía sus cosas extrañas, pero era un genio. Es una pena que no haya vivido más porque a saber lo que habría cambiado el mundo. Ya me gustaría a mí tener una imaginación y una visión tan potente sobre el futuro como la que tenía él.
¿Las mujeres que se salen de lo esperado, como Catalina Solís, la protagonista de su trilogía 'Martín Ojo de Plata', siempre acaban triunfando?
Hombre, no creo, pero algunas triunfaron. Catalina es una mujer fuerte que ha demostrado, en las dos novelas anteriores de lo que es capaz. Y ahora, en la tercera, va a dejar el listón muy alto.
¿Este es el fin de la saga?
Para mí sí, en principio. Y yo soy de cerrar puertas, lo he hecho con todas las novelas. Ahora, gracias a las redes sociales, tengo mucho contacto con mis lectores (esto ha sido una novedad con las últimas novelas) y muchos me han pedido una segunda parte de 'El ultimo Catón'. No la he hecho.
¿Se ve a sí misma como alguien que se ha salido del camino que le trazaron?
¿Yo? ¡Qué va! Yo lo he seguido a rajatabla. Mi madre lo tenía clarísimo. Mi abuelo era periodista en la época de la República y quería ser escritor. Con la guerra todo se fue a paseo y se quedó siempre con esa frustración. A mi madre, que era la mayor de sus hijas, le tocó vivir el franquismo y estudió piano, pintura... todas cosas muy prácticas, como podéis ver. Y, desde luego, sin objeto de trabajar nunca, porque una mujer no trabajaba. Pienso que el sueño de mi abuelo de ser escritor pasó a mi madre, que era otra gran lectora, pero que nunca creyó que pudiera llegar hacerlo. Pero, sin embargo, sí lo vio factible para mí, que era la nieta mayor. Desde pequeñita, mi madre presumía de lo bien que yo escribía, de que ganaba todos los concursos del colegio... Y, claro, piqué. Luego, decidí estudiar Periodismo y, aunque mi abuelo no lo entendió porque para él las mujeres no necesitaban estudiar, le gustó en el fondo que yo hubiera elegido ser periodista. Era como seguir un poco la saga familiar. Mi abuelo falleció precisamente cuando iba a salir publicado mi primer libro. No lo pudo ver.
En estos momentos de crisis del periodismo. ¿Cómo ve, desde fuera, la profesión?
A mí el periodismo me lo ha dado todo, puedo escribir literariamente, pero la manera de trabajar, de plantearme la investigación histórica, es siempre periodística. En el mundo nuestro de hoy, que no es el de hace 10 años, creo que de la fusión entre periodismo y literatura es de donde salen los libros que a la gente le gustan. Y, si te fijas, los cuatro o cinco escritores que podemos vivir de la literatura venimos todos de la profesión periodística: Arturo Pérez-Reverte, Julia Navarro... Lo único que puedo decir a los más críticos con esta profesión es que una democracia sin periodistas no es democracia y una rueda de prensa sin derecho a preguntas es una
vergüenza nacional.
Por Karelia Vázquez (hoymujer.com)
Etiquetas: escritora, La conjura de Cortés, Martín ojo de plata, Matilde Asensi, novela, novelista

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