29/07/2012
El escritor Darin Strauss expía su culpa por haber matado a una compañera del instituto en un accidente a través del libro-testimonio Media vida.
Cuando se es una persona normal, entiéndase aquí una persona integrada en la sociedad, que cumple con sus obligaciones, que practica y cree en una serie de valores asimilados, que se rodea de otras personas, etcétera, el sujeto puede pensar que la mala fortuna, lo fatal, lo oscuro, ha elegido avanlanzarse sobre otro tipo de gente que en nada se parece a ti, gente hecha tal vez de otra pasta. Sucede con los accidentes de tráfico, uno no cree que los muertos conduzcan por sus mismas carreteras. Y, en cambio, el horror camina a nuestro lado y puede sorprendernos en cualquier momento. El escritor norteamericano Darin Strauss tenía 18 años y era un chico normal cuando el drama afloró en su vida de la forma más tonta.
Un día conducía el coche de su padre junto a unos amigos cuando una compañera del instituto se le cruzó con su bicicleta. La chica murió poco después de la colisión. Ha pasado Media vida, expresión que da título al libro, para que el autor, de forma precisa, inmediata y descarnada pudiera exorcizar la culpa a través de este título publicado en el nuevo sello de Siruela, Alevosía. La novela, contada a modo de testimonio, habla de dos sujetos, el de antes y el de después del accidente, ese chaval que tuvo que continuar creciendo, ir a la universidad, enamorarse, casarse, ser padre y convertirse en un escritor conocido mientras que la chica de la bicicleta siempre tendría 16 años y un pantalón corto. El relato, también muy emotivo, conduce al lector por una ruta que lleva, no sin esfuerzo, a la aceptación del drama. El libro, que ahora se publica en España, ha gozado de excelentes críticas entre la prensa americana. A continuación reproducimos las primeras páginas, en las que Strauss narra la forma en la que se produjo el accidente.
Acababa de cumplir los dieciocho, y en la postadolescencia recién estrenada, cuando sales por ahí en coche siempre vas con amigos. Nos dirigíamos a hacer unas cuantas rondas de minigolf. Era mayo de 1988. Con la ventanilla abierta, la brisa hacía de las suyas con mi pelo en la nuca y detrás de las orejas. Nos faltaba un mes para graduarnos en el instituto. Yo iba al volante. Un poco más delante, en el arcén de la derecha, un par de ciclistas minúsculas se encorvaban sobre sus manillares. El horizonte era el modesto perfil de mi ciudad pintado a acuarela. Compartíamos entre todos una carretera de cuatro carriles; las bicicletas circulaban en la misma dirección que mi coche. Piernas desnudas pedaleando bajo un largo cielo. Creo que estuve jugueteando con la radio. ¡Eh!, ¿qué canción es esa? Pues a subir el volumen. Entonces, una de las ciclistas hizo algo. Es lo único que recuerdo: una dificultad inesperada a mi derecha. Mi Oldsmobile se mantuvo lejos en el carril de la izquierda. Después de un par de bandazos, la ciclista invadió la calzada con la rueda delantera, a unos nueve metros delante de mí. Mis neumáticos cubrieron el trecho que nos separaba...
(elcultural.es)
Etiquetas: Darin Strauss, editorial alevosía, escritor, Media vida, novelista

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