18/07/2012
Toledano de nacimiento, asturiano por naturaleza y neoyorquino de residencia desde 1978, presentó ayer en Gijón el poemario 'Libro de familia (2001-2011).
Se titula 'Libro de familia (2001-2011)', y hoy resonará, en la «presentación, o recital», como él dice, que se celebrará en el Centro de Cultura Antiguo Instituto a las 19.30 horas. Un trago corto, de apenas 96 páginas, que se bebe como un trago largo, editado en la peculiar colección AbeZetario de la Diputación de Cáceres.
«Vuelves a aquella luz de entonces», comienza. «Tiene el mismo espesor y geometría/ e idéntica barniza la tarde de julio». Siempre volver a escribir, como dice él, el mismo poema, en busca de perfeccionarlo. Siempre volver sobre sus pasos, como indica José Muñoz Millares en el prólogo. Y al final, después de todo, un poema. O diez años.
-El anterior libro suyo que llegó a las librerías fue 'Lengua de madera', la antología de poesía breve en inglés que usted se ocupó de traducir. ¿En qué medida se han cruzado esas dos facetas?
-'Lengua de madera' es, aunque no lo parezca, fruto de casi 30 años de trabajo. Yo llegué a Estados Unidos en 1978, y traducir un poema me parecía una cosa insuperable, dificilísima. Pero un día, de una pequeña antología que tenía, logré traducir uno. Y taché el nombre del índice. Y así lo fui haciendo, como un ejercicio para mí (que finalmente se ha editado)... Yo soy de los que cree, en fin, que la poesía ha de ser traducida por poetas. Igual que la novela ha de serlo por novelistas.
-Poeta antes que traductor, entonces. ¿De qué mecanismos, de una disciplina o de otra, se ha servido para este 'Libro de familia'?
-Este es un poemario hecho con mucho cariño y, además (ríe), fruto de cierta edad. Mis alumnos me llegan con poemas de tres en tres, y les digo que muy bien, pero ellos ya saben que muy pocos pasarían el corte. Para mí el poema es un mundo, con cuerpo, metáfora, puñalada y mensaje: quizás salga un poema al año. Como Ícaro: vuelas hacia el sol y a veces caes contra el agua o la tierra. Otras, el poeta logra capearlo y llegar a algún sitio.
-O sea que no es usted un autor intensivo. ¿No escribe y descarta?
-En prosa sí. Los diarios que escribo, por ejemplo, se fraguan constantemente. Pero también es cierto que salen de la distancia, de la necesidad de demostrarme que no me he olvidado del español... No, la poesía es otra cosa.
-¿Qué sensaciones le produce eso de escribir desde Nueva York?
-Además de lo que digo, de que podría ser que los árboles no me dejaran ver el bosque si escribiera desde aquí, me llama mucho la atención lo que a veces me ocurre en España. Es como si la simple mención de Nueva York despertara más interés que, no sé, Luarca. Y de hecho eso en mi ciudad natal, Toledo, se percibe. Pero bueno, ya se sabe, uno nunca es profeta en su tierra.
-Es paradójico que usted, traductor, diga que no es profeta en su tierra cuando nació en la cuna de la traducción en España...
-Claro, pero luego aparecen 80 personas a escuchar y te dan muchísimo cariño. Antes, con todo, era más fuego. Ahora soy humo. Y no es que quiera un monumento... Pero Asturias me encanta, Asturias es el lugar para jubilarse, sin duda. Hoy, de hecho, dividiré la presentación en tres 'A', sin pensarlo: Asturias, América y Amor.
-Se desprende de todo lo que dice que escribe lento y, aparentemente, para usted. ¿De dónde saca la pulsión y, sobre todo, la paciencia para darse tanto tiempo?
-Es que la poesía me inspira mucho respeto. Un libro es un arma de doble filo que puede salir muy bien, o muy mal. Y por eso soy muy prudente a la hora de escribir y, sobre todo, de enseñar lo que escribo. Eso en cuanto a la prisa. En cuanto la pulsión... Todo sale de la vida.
-¿De la vida? ¿De mostrarla, de contarla?
-¡Por Dios! Cuando eres joven quieres ganar premios, cantarle a tu novio o a tu novia y todas esas cosas. Yo tengo Manhattan ante mi escritorio cada mañana...
Por Alejandro Carantoña (elcomercio.es)
Etiquetas: AbeZetario, Hilario Barrero, José Muñoz Millares, Lengua de madera, Libro de familia (2001-2011), poemario, poeta

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