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Marcos Giralt Torrente, la novela de ser hijo - España España

15/06/2012

Premio Nacional de Narrativa por una “ficción sin invención” sobre la difícil relación con su padre –el pintor Juan Giralt–, el autor español Marcos Giralt Torrente habla del oficio de artista, del pudor y la familia como “laboratorio”.

Habrá que confiar nomás en que la voz de Marcos Giralt Torrente está allí, capturada por el grabador, a pesar del fenomenal ruido de esta mañana en un bar de Recoleta, “aquí a dos pasos”, donde el escritor español sugiere ir para escapar de la música del lobby del hotel donde se hospeda. Silencio no encontramos a pesar de la mudanza, pero la batahola de vasos, platos, niños con madres recontando el mundo, algún televisor encendido echando furias y la máquina de café resoplando aquí un cortado, allí una lágrima, pasará a ser una anécdota a poco de que el autor comience a hablar de su alegría de haber vuelto a Buenos Aires (“estuve a fines de los 90 cuando gané el Premio Herralde”); de su opción por una literatura que “fije la mirada en lo problemático, en lo que no es tan claro de definir, en la penumbra”; de las huellas que la crisis económica ya insinúa en la novela española (“aún se cultiva el filón de la Guerra Civil, escribir sobre el presente es más difícil y conflictivo, pero acabará saliendo”); y sobre todo de Tiempo de vida: una “ficción sin invención” sobre el reencuentro entre un padre y su único hijo, ambos artistas, heridos por décadas de distancia, mientras luchan contra la enfermedad del primero.

Esta historia –la suya sin mediaciones– le valió a Giralt Torrente el Premio Nacional de Narrativa en 2011 y es uno de los pocos libros necesarios que en su larga vida de escriba ha leído esta cronista. No sólo por lo que se cuenta, bello y crudo como un diamante, sino también por la honestidad sobre el proceso de escritura del texto, que acompaña la faena. “Esta es un historia de dos, pero sólo yo la cuento”, escribe Giralt. “Mi padre no la contaría. Mi padre callaba sobre casi todo. Mi padre era tímido, introvertido y de naturaleza melancólica. También yo. Una de sus múltiples herencias. Nos parecemos. Nos parecemos mucho, pero a veces tengo la sensación de que me he quedado con lo peor. La pesadumbre, el conformismo, la pereza, la incapacidad para medrar, el miedo. ¿Y lo bueno? Nuestra oscuridad es parecida, pero la luz nos viene de lugares diversos.” “Yo no escribí el libro porque mi padre enfermase y muriese y necesitase escribir para contar esa experiencia”, precisa ahora el autor, mientras apura un café con leche. “Lo hice porque mi padre enfermó, murió y me di cuenta de que nuestra historia era hermosa y que apenas sin cambiarla, ciñéndome a la simple cronología, resultaba novelesca”. A pesar del éxito de Tiempo de vida (que pronto publicará en inglés Farrar Strauss), que lo trajo a Buenos Aires invitado por su embajada durante la reciente 38 Feria del Libro, Giralt Torrente dice sentirse “tan impostor como al escribir el primer libro”. De esa sensación, de cierto “cansancio” de la ficción que percibe en los lectores, del pudor que le dio escribir en primera persona y de los relatos de El final del amor (Páginas de Espuma, 2011), de pronta distribución en la Argentina, habla aquí.

-La emoción es importante en su obra: padres, hijos y parejas protagonizan sus relatos. ¿Por qué?

-Entiendo la literatura como un afán de ordenar el mundo y de conocerlo en las esferas más problemáticas. Todos mis libros se desarrollan en el ámbito familiar porque me gusta construir historias que puedan transcurrir en cualquier lugar y casi en cualquier época. Y la familia es como una reducción del mundo a pequeña escala; todas las emociones se dan de manera más extrema y agudizada, casi como si fuera una mesa de laboratorio: no hay mayor odio que el que se produce entre hermanos, no hay mayor traición que la que se da en el marco de una pareja, no hay celos más desbocados y así.

-Habla de su preferencia por temas atemporales. Ricardo Piglia destaca cierta preocupación entre críticos y autores por definir la literatura del presente. ¿Ve algo de ello en lo que lee?

-No en Europa. Desde los trágicos griegos, la literatura siempre trata de lo mismo y lo que cambia es el tiempo desde que esos temas, eternos y atemporales, son interpelados. En la literatura no hay progreso, pero hay cambios. Y el cambio es el tiempo. Dicho lo cual, yo no creo que para escribir una novela de hoy tengas que hablar de tecnología. Es más, creo que buscar ese lenguaje de hoy es erróneo, es como intentar escribir un best-séller. Percibo sí otros signos de época.

-¿Cuáles, por ejemplo?

-Una exploración de la subjetividad y eso que se ha dado en llamar autoficción. Los lectores –y los escritores lo somos– están viviendo cierto cansancio de la ficción y empiezan a demandar cosas más auténticas. Eso va unido a que vivimos en sociedades cada vez más individualizadas, en las que los estímulos que nos gobiernan apelan al egocentrismo más absoluto. Mencionaría en esa línea De vidas ajenas, de Emanuelle Carrère o Missing, de Alberto Fuguet o la novela de Guadalupe Nettel, El cuerpo en que nací, o la de Alejandro Zambra, Formas de volver a casa o En la pausa, del argentino Diego Meret. Todos ahondan en la subjetividad del escritor o su realidad más cercana, mezclando géneros.

-¿A qué viene esa curiosidad por un oficio de intramuros?

-El mito del artista del Romanticismo todavía perdura y se suma la demanda de autenticidad que mencionaba. El lector de hoy está cansado de que lo engañen, cansado de evadirse, cansado de que se puedan hacer películas con un realismo atroz sobre casi cualquier cosa y lo que demanda es autenticidad. Que los escritores hablemos o que parezca que hablamos de nosotros mismos añade un plus de interés. Un lector siempre necesita el principio de realidad. Aunque escribas ficción, tienes que hacer ver, hacer creer. No hay otra manera de que entre en el juego. Escribir sobre ti mismo acorta eso. Directamente, sin suspicacia.

Por Raquel Garzón (reviestaenie.clarin.com)

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Etiquetas: Marcos Giralt Torrente, novela, Tiempo de vida, premio nacional de narrativa

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