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Lila Azam Zanganeh: “Escribir ‘El encantador’ ha sido como bailar un tango con Nabokov” - Varios Países

15/06/2012

«¿Por qué leer este libro o cualquier otro?», se pregunta Lila Azam Zanganeh en el prefacio de su libro. Y continúa: «Siempre me han horrorizado la lectura y los libros». Extraña esta afirmación en boca de una avezada lectora, que además es escritora. ¿Es una contradicción? No, es un eco literario. Lo sé porque me cuento entre los afortunados que hemos asistido al ciclo Mons de ficció a escucharla. “Me horrorizan las lecturas –nos explica- pero lo digo como referencia a Claude Lévi-Strauss en Tristes Trópicos («Odio los viajes y los exploradores. Y he aquí que me dispongo a relatar mis expediciones»). Con esto quiero decir que nunca estamos sólo en una obra. Estamos siempre en diálogo con otros autores y otros siglos”.

Así es, la novela que acaba de publicar la joven escritora y teórica literaria (parisina de origen iraní con residencia en Nueva York, para más señas), es el relato de una aventura, es una invitación hacia otros mundos, hacia otras novelas, y rinde un apasionado homenaje a la literatura y a Nabokov, su maestro.

El encantador. Nabokov y la felicidad (Duomo, 2012) es una novela de formación, en la que Lila Azam Zanganeh se pega a la voz de su maestro, y se convierte en su compañera soñadora que observa cada mínimo detalle del mundo inventado por él. De él también aprende, por cierto, a mentir: “Me encantó mentir –dice-, en el sentido de hacer ficción. Mentir como subversión. Todos mentimos. Por ejemplo, Nabokov decía que era un poco homosexual con respecto a los traductores, decía que los quería sólo hombres, odiaba a las traductoras mujeres. Sin embargo, durante mucho tiempo tuvo dos traductoras mujeres. Él también mentía. Los escritores siempre mentimos”.

Con Nabokov, Lila Azam Zanganeh comparte la experiencia del exilio. Como él, encuentra la felicidad en la observación y en la ficción, capaz de transformar la percepción y lograr una redención por la estética: “En la ficción –explica- se juega algo de esencial que puede empujarnos hacia la vida”. Yo leí su libro de un tirón, de cabo a rabo; y lo encontré brillante. Es un singular retrato literario de Nabokov («De modo que, en definitiva, la verdadera biografía de un escritor debía limitarse a la historia de su estilo») mezclado con la vida de la autora, sus recuerdos, sus emociones, y su entusiasmo por participar en un mundo de palabras y luces de conciencia.

Trazas el retrato de Nabokov, desde la admiración y la irreverencia. Has creado un espacio común en el que el escritor encuentra al lector, y el lector al escritor.

Para mí ha sido como bailar un tango con Nabokov. El encantador es un baile, a veces con acrobacias, en un espacio creado con el movimiento en círculos del baile. Nunca, ni durante un segundo, he pensado que yo estuviera a la altura de Nabokov pero durante sólo un momento, que es el momento del libro, nos miramos los dos a los ojos. Y esto forma parte del juego, de esa irreverencia que también implica un sentido de alegría. En esta irreverencia hay una actitud muy alegre y un poco subversiva, y se crea un espacio de felicidad, que además es el sentido y el contenido del libro.

Y mientras bailas, le dices: “Te quiero, pero necesito distancia y ser crítica. Así pues te trataré como a un objeto”.

Sí. Exactamente. Hay que hacerlo, es la única manera de no asfixiarse. Pienso que sólo podemos amar bien si lo hacemos con una cierta distancia, especialmente cuando sabes que probablemente, quizá, alguna loca parte de ti se quede enamorada en el momento de acabar el baile y de tener que dar marcha atrás. Por un momento tienes que decirle, y que decirte a ti misma, amar está bien, pero… En francés tenemos una frase, qui aime bien châtie bien, es decir, quien ama también castiga, y hay un poco de esto. El amor es también dificultad y creo que lo hace más excitante, más interesante, realmente intelectual.

Habrás tenido que enfrentarte a una larga lista de amantes.

Desde luego, este ha sido un gran problema. Además, los amantes de Nabokov son muy celosos, porque todos tienen relaciones muy sugestivas con él. Hay varios que enviaron cartas al matrimonio Nabokov cuando aún vivía, sin obtener respuesta y todavía están muy enfadados. Otros que han imaginado encontrar a Nabokov, o que han soñado con él. Somos muchos los nabokovianos que hemos hablado o soñado, o como yo, entrevistado a Nabokov.

En este sentido, sí, el contexto era peligroso. Porque escribir algo así, bailando con el autor… Algunos decían, “¡Eh!, párate, este es mi autor”. Pero tengo que decir que estoy como en un estado de estupor, porque sólo uno de estos amantes se ha vuelto un poco malo, pero sólo uno. Todos los demás han sido muy generosos. Incluso el biógrafo de Nabokov, Brian Boyd. Y esto para mí es como una chispa de gracia.

No sé por qué, pero se ha producido un pequeño milagro, porque el libro al principio tuvo muchos problemas para existir. Para empezar, como soy una mujer de origen iraní sólo querían un libro que hablara de mi origen, una true story. Actualmente en EE. UU todo el mundo busca novelas basadas en hechos reales, pero ¿por qué tendría yo que escribir sobre mí, si de todo lo que tengo en mi vida, lo mejor, es la imaginación?

Pero tuve la fortuna de trabajar con una estupenda mujer, una agente excepcional, Nicole Aragi, que me dijo “No vamos a transformar el libro en un libro comercial y no pasa nada”. No era cuestión de vender, y para mí siempre ha sido muy importante mantener esa integridad del libro. Por fin, después de un año y medio, encontramos un editor americano y otro inglés, y eso para mí fue un pequeño milagro, porque sucedió tras la primera crisis financiera, que también afectó al mercado editorial, y aun así pude mantener la integridad de mi libro, contar con una editorial que tiene nueve casas editoras en todo el mundo, y además, ¡lidiar con una serie de amantes nabokovianos muy celosos!

¿Qué es la Felicidad para Nabokov?

Nabokov tiene una definición preciosa que yo uso en algún momento del libro y que dice así “It’s consciousness at the end of the day”. Es conciencia -en el sentido de conocimiento y lucidez- al final del día.  Y esta conciencia es como una ventana abierta de par en par a un paisaje iluminado en la noche del no ser  (“It’s like a window wide open on a sunlit landscape in the night on non being”).

Por Berta Ares. (revistadeletras.es)

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Etiquetas: Lila Azam Zanganeh, Nabokov, Tristes Trópicos, El encantador. Nabokov y la felicidad, novela

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