01/06/2012
Yolanda Villaluenga, escritora y periodista de dilatada trayectoria, firma en la Feria del Libro de Madrid el viernes 1 de Junio, desde las 19 hasta las 21 horas, en la caseta de Demipage (330). El experto Frank G. Rubio la ha entrevistado para El Pulso para que nos hable de su primera novela, titulada Ann Arbor.
Frank G. Rubio: Esta, “Ann Arbor” (Demipage, 2012), es tu primera novela...
YGV: Sí, parece que he necesitado mucho tiempo para llegar a escribir una novela ¿no? Tal vez me ha pasado como a las aves migratorias: acumulan y acumulan alimento hasta que un día no pueden más y emprenden el vuelo. Tal vez, he necesitado acumular muchas experiencias; tal vez, más seguridad; tal vez, más calma; tal vez, más decisión....tal vez, simplemente, tiempo.
FGR: ¿Cómo fue vivir en esa ciudad perdida en las tierras de Michigan?
YGV: Alguien me ha dicho que Ann Arbor tiene el espíritu de Doctor en Alaska. En realidad, Ann Arbor es una pequeña isla en el Medio Oeste de Estados Unidos, marcada por su origen. Los indios de Los tres fuegos, que vivían en la zona, entregaron parte de sus tierras a los colonos a cambio de que sus descendientes accedieran gratuitamente a lo que finalmente se convirtió en la Universidad de Michigan. Fue tierra de paso y acogida para los esclavos que huían hacia Canadá, la tierra de la libertad. Y la ciudad se llama Ann Arbor porque sus dos fundadoras se llamaban Ann y solían reunirse en una zona arbolada, una zona de luces y sombras. Creo que estas particularidades han marcado su espíritu amable, sólido y cosmopolita. Pero Ann Arbor también se encuentra en el corredor de los terribles tornados americanos. Realmente, Ann Arbor cuenta por sí misma una historia: un lugar perfecto en donde se vislumbra un aparente desastre.
FGR. ¿Por qué Ann Arbor?
YGV: Viví un año en Ann Arbor y tuve tiempo para percibir la vida sin tener que dar un resultado inmediato. Poco a poco fueron apareciendo personas que se fueron convirtiendo en personajes de la novela. Algunas llegaban por azar, como la cantante de blues Etta Jones; otras, como Adrienne Brant, porque las busqué. Adrienne Brant es una tataranieta de un príncipe Mohawk. Quería contar una historia sobre los descendientes de aquellos indios que vivieron en la zona y un día apareció ella, y la ficción y la realidad empezaron a entrelazarse.
También pasé mucho tiempo vagabundeando por las calles y en los cafés. Observaba cómo se hablaban las parejas o cómo eran sus silencios. Observaba a personas que se sentaban solas, a las familias, a los amigos y tomé muchas notas que me ayudaron a construir el cuerpo de la novela. Las historias de Ann Arbor hablan de personas, aparentemente felices, que están atrapadas en algún momento de su pasado que no supieron afrontar. También, creo que hay una mirada lúdica. Me divierte mucho observar. Espero que el disfrute de los pequeños momentos también esté en la novela.
FGR: Sin embargo Ann Arbor no es tu primer libro...
YGV: Antes de viajar a Ann Arbor publiqué “La madre imperfecta”, un ensayo que aborda los mitos que envuelven la maternidad. Desde mi punto de vista, traer un hijo a este mundo es una gran revolución personal. En un mundo en el que se cambia con facilidad de residencia, trabajo o pareja, el hijo permanece para siempre y la relación con él exige una transformación interior y constante. Me interesaba indagar en el modelo que la sociedad intenta imponer sobre la maternidad o la paternidad; en cómo cambia ese modelo en función de la cultura y el tiempo; en cómo afecta a las relaciones de pareja, a la relación con uno mismo. Tal vez, La madre imperfecta tiene que ver con Ann Arbor. Hay una aparente imagen de perfección sobre la que empieza a vislumbrarse un tornado.
Por Frank G. Rubio (elpulso.es)
Etiquetas: Yolanda Villaluenga, Ann Arbor, novela, demipage, Frank G. Rubio

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