23/05/2012
Por Paula Echeverría (eldiarrode navarra.com).
Es un parto largo y costoso, pero ilusionante. Empieza cuando la idea que ronda la cabeza del escritor, a veces de forma obsesiva, empieza a materializarse en la hoja en blanco. Y al contrario que un parto de vida, en el que toda la familia espera con ansia al recién nacido, el escritor que da a luz su primera novela recorre gran parte del camino -la primera escritura- en solitario y con la incertidumbre de si llegará a conectar con alguien. Sabe que pueden ser años de entrega sin garantía. Aun así, arriesga. Cree en esa idea que ya es una historia. Y sobre todo, en la manera que ha elegido para contarla. Su voz.
Iba a decir con suerte, pero creo que la suerte poco papel juega aquí donde el trabajo, el talento, el empeño y la audacia son lo importante... Así que, como tantas veces acostumbra a hacer el escritor novel -y nunca deja de hacer el experimentado-, corrijo: después de tocar muchas puertas, de recibir demasiados silencios y algunos rechazos, la energía de esa voz encuentra un editor que antes que nada es lector. Y lector activo. Buscador de historias que merezcan ser contadas, ser leídas. Un catador que no huye ante el riesgo si su olfato le dice que sí, que esa nueva voz puede conectar con el mundo.
Los dos buscadores de historias -el escritor y el editor- se encuentran. Podría ser un bonito final, pero es un nuevo comienzo.
Saltan las alarmas
Roberto de Paz es una de las nuevas voces de la narrativa contemporánesa. A sus 30 años recién cumplidos, acaba de publicar su primera novela, El hombre que gritó la Tierra es plana. Una obra por la que han apostado Samuel Alonso y su equipo, desde la editorial 451. Escritor y editor compartieron ayer su experiencia en la aventura que supone un debut literario, y más en estos tiempos, en el Foro Auzolan de la librería de la calle Tudela. "Empecé a trabajar en esta historia en 2008, y mi reto era terminarla. No pensaba en publicar", cuenta Roberto de Paz, quien reconoce que cuando se planteó dar el paso "no tenía ningún conocimiento del mundo literario. No sabía ni cómo preparar los manuscritos para enviarlos a las editoriales... Y las opiniones que encontraba en Internet no animaban, todas decían que publicar hoy en día es imposible si no tienes ya un nombre o un padrino". Aun así, realizó un mailing masivo y, reconoce con una media sonrisa, "no tardaron en llegar los rechazos. Aunque recibí más silencios que rechazos propiamente dichos...", matiza el joven escritor madrileño. A los tres meses, recibió la primera llamada de Samuel.
Para el editor, el encuentro con el escritor supone el comienzo de "lo más interesante de este oficio: el proceso de edición, en el que hablas con el autor, vas sugiriéndole cambios... En definitiva, tiendes el puente hacia los lectores". En la editorial 451 "saltaron las alarmas" con la lectura de El hombre que gritó la Tierra es plana. "A la editorial llegan de 300 a 400 manuscritos al año, y se leen todos. Buena parte de ellos, digamos la mitad, se desechan porque son proyectos equivocados, por ejemplo de literatura infantil, con la que no trabajamos. Pero la otra mitad se leen, de una manera profesional, haciendo filtros", explica Samuel Alonso, quien reconoce que "el nivel suele ser tan sumamente bajo que, cuando llega un manuscrito interesante, saltan las alarmas". Cada editor explicará esa llamada a su manera. Para Alonso, pasa por algo imprescindible: "La virtud de la literatura está en conmover, y me refiero a conmover en el sentido más amplio, puede ser a través del humor... Las alarmas saltan cuando empiezas a sentir cómo está escrita esa historia. En el caso de Roberto de Paz, se veía una mano titubeante, una primera mano, novel pero con muchas ganas e intención de buscar un oficio". Porque, asegura el editor, "la literatura no son ideas, sino ideas bien contadas". Por su experiencia, "uno de los errores de los autores noveles es que quieren contarlo todo en la primera novela, y se meten en jardines muy curiosos. Pero cuando sales del jardín, muchas veces sientes que esa voz no se ha agotado".
Lo sintió con El hombre que gritó la Tierra es plana. Encontró una voz, y la voz, a su vez, "una opinión externa, profesional, objetiva sobre la novela. Estaba deseando tenerla, incluso me planteé pagar una corrección...", cuenta De Paz. Su obra, que vio la luz el pasado mes de abril, es una historia de búsqueda, la de un padre a través de su hijo, escrita con el ritmo de un thriller y el pulso de la mejor narración psicológica. Una novela en la que Roberto de Paz ha volcado dos de sus "obsesiones": la preocupación por la crisis energética, "una encrucijada que tenemos ahora como civilización, porque aunque no reflexionemos sobre ello, los combustibles fósiles se agotan"; y el tema del terrorismo "como opción de determinada gente para llevar a cabo algún cambio", explica el autor, quien se arriesgó haciendo en la parte final "una especie de alegato que sabía de antemano que no iba a gustar a todos... pero que podía gustar a muchos", reconoce el autor, que compagina su faceta literaria con su profesión como trabajador social. Sabe que es imposible hoy vivir de la literatura, y esa posibilidad, o ese sueño, le provoca sentimientos encontrados: "Por una parte, estaría muy bien poder dedicar todos los días tus 8 horas o las que sean a escribir, sin tener que sacar tiempo para hacerlo después del trabajo o en días libres; pero pienso en la escritura como una obligación y no me gusta...".
Etiquetas: Roberto de Paz, El hombre que gritó la Tierra es plana, Samuel Alonso

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