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José María Merino: «Hemos perdido el sueño como generador de esperanza; ahora el anhelo es la prima de riesgo» - España España

21/05/2012

Por Jesús Bombín. (elnortedecastilla.es).

José María Merino, maestro del relato corto, reúne una antología de sus cuentos en La realidad quebradiza.

Con su inventiva volcada en una decena de libros de cuentos y microrrelatos, José María Merino ha trenzado una trayectoria literaria vinculada al mundo de la fantasía, la memoria y la sorpresa narrativa. En 'La realidad quebradiza' reúne una antología de cuentos seleccionados y editados por Juan Jacinto Muñoz Rengel (Páginas de Espuma).

Esos relatos han envejecido adecuadamente, lo que convierte la obra del autor leonés nacido en La Coruña (1941) en acercable a un público más joven pese a los obstáculos que encuentran las generaciones actuales para comprender, deplora, el significado de palabras como 'absorto'. «Es desolador comprobar que niños y jóvenes de ahora ignoran qué significa esa palabra; no quieren palabras nuevas, para ellos lo bueno es un repertorio léxico escaso. Y yo les digo que así son más pobres, indefensos, frágiles y me miran diciéndome que con cinco latiguillos se entienden, les basta».

–Su editor previene sobre lo temerario de leer unos relatos que pueden alterar la concepción del mundo.

–Lo hace en un prólogo-cuento con algo de humor, pero los cuentos hablan de lo extraña que es la realidad y a las singulares distorsiones que puede llegar. Nos parece algo sólido la realidad pero no hay más que ver la que está cayendo. El lector se va a encontrar desasosegado frente a ciertos aspectos como por ejemplo esa capacidad que tiene el mundo que nos rodea para acecharnos, para resultar imprevisibles, ese doble que tenemos dentro que no sabemos que somos y de pronto aflora. El mundo de nuestra memoria a veces está constituido por extraños recuerdos agazapados.

–Ha probado literatura infantil, de viajes, novelas... ¿Qué retos afronta en cada género?

–Me gusta plantearme algo que no he hecho antes, me lo paso muy bien escribiendo, una actividad absolutamente gratificante, más que publicar.

–La fantasía es una constante en su narrativa. ¿Es más novelable que la realidad?

–No, en absoluto, todo depende de estímulos interiores y de la imaginación. Lo que pasa es que la fantasía tiene una panoplia de elementos muy escasa, los temas de lo fantástico son muy pocos y tal vez tenga una dificultad especial hacer verosímiles temas que están ahí desde el origen de los tiempos. La realidad tiene tanta fuerza como para emitir significación desde lo fantástico.

–¿Es la memoria un estímulo para la ficción?

–La memoria es algo imposible desde el punto de vista de la física, porque supone un viaje en el tiempo. Singularmente, en contra de todas las leyes físicas, viajamos en el tiempo mediante el recuerdo. El precio es que no recordamos las cosas como fueron exactamente y esa ambigüedad y posibilidad de que las cosas fueran de otro modo y poder elucubrar sobre lo que no hicimos es un estímulo notable para la imaginación.

–¿Qué aporta la ficción a nuestra existencia?

–Sin la ficción seguiríamos parecidos al hombre de Neandertal. La ficción ha hecho organizar el mundo. Sin ella no podemos imaginar 'Las Meninas', ni la belleza de una Catedral gótica. Hay quien cree que la arquitectura no tiene nada que ver con lo fantástico y yo creo que, hombre, no me diga usted que desde una cueva hasta la arquitectura de una ciudad como Chicago no hay racionalización de ficciones.

–¿Cómo ajusta el trato con el lector en función de si es adulto o niño?

–Mi primer libro para jóvenes fue 'Las crónicas mestizas', un intento de que conociesen cómo funcionaba la empresa de descubrir América. Intenté escoger un léxico no muy difícil pero de cierta complejidad. Han pasado los años y los chicos no son capaces ahora de leer ese libro. En la primera frase aparece la palabra 'absorto' y me dicen que es una palabra difícil . Trato de buscar un lenguaje cercano a ellos. Si se trata de novelas históricas, meterles en el ambiente americano. Toda lectura debe enriquecernos pero mi experiencia con 'Las crónicas mestizas' está siendo desoladora porque las generaciones de ahora tienen dificultades para entenderla. Y ya no es solo el sistema educativo, la familia, esto que llamamos la red social. Cuando yo era chaval una palabra nueva siempre interesaba. Ahora la gente joven no quiere palabras nuevas, para ellos lo bueno es un repertorio léxico escaso. El español es un instrumento muy serio para tratarlo chapuceramente.

–Su obra abunda en los sueños. ¿Cuáles son los suyos?

–Como de natural soy melancólico y tiendo al pesimismo, mi gran sueño es que en tres años se rebaje el infortunio en el mundo en un 1%. El mundo debería tener una política global, un sistema planetario, donde no sean los mercados ni las corporaciones los que manejen todo; eso es una utopía. Pero en el siglo XX pensábamos que podría ser posible en el XXI y ahora, llegado el momento, vemos lo mal que estamos.

–¿Se ve reforzado el microrrelato en tiempos de expresiones mínimas por influencia de las nuevas tecnologías?

–En nuestra cultura literaria hay una tradición antiquísima de relatos cortos. Ahora el cuento breve ha cambiado totalmente su estructura y se mezcla un poco con la ocurrencia, con el chiste, el aforismo, la poesía; hay algunos espléndidos y otros peores, pero la gente de nuestra época se siente identificada con esa posibilidad de expresión brevísima e intensa.

–¿Dónde reside la clave del éxito de un relato?

–En el movimiento, en que lleve en sí algo que nos interese dramáticamente, que nos llame la atención, nos conmueva por la risa, el amor, el dolor y por la intensidad dramática del sabor que sea.

–¿Qué se pregunta cada día?

–Lo que siempre me he preguntado. Todo me parece muy raro. Con los años, en lugar de acostumbrarme a las cosas y a la realidad, me extraño más ante ella. Me pregunto qué diablos hacemos aquí, qué es este planeta, cómo es posible que un sitio tan maravilloso lo tengamos ordenado de manera tan zarrapastrosa... Y no digo ya si entramos en la realidad económica pura y dura.

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Etiquetas: José María Merino, La realidad quebradiza, Páginas de Espuma

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