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"El asesino hipocondríaco", primera novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel - España España

17/05/2012

Por Herme Cerezo. (diariosigloxxi.com).

El asesino hipocondríaco, la primera novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel, nos habla de un sujeto muy peculiar, el señor Y, un asesino profesional que debe cumplir su último encargo:  pasaportar al otro mundo a Eduardo Blaisten, un tipo rico que habita en el Barrio de Salamanca de Madrid. Sin embargo, el señor Y sabe, o cree saber, que solo le quedan veinticuatro horas de vida. Bajo estas premisas tratará de cumplir su encargo. Sobre las vicisitudes de este personaje, contradictorio pero verosímil, y su historia, giró la conversación mantenida el pasado lunes en el Blue Canalla Bar de Valencia con el escritor malagueño.

Juan Jacinto, desarrollas tu trabajo vinculado al mundo radiofónico y literario, cuando te sientas a escribir ¿eso es una ventaja o un inconveniente?

Tiene ventajas e inconvenientes. Yo estudié Filosofía pura y desde los dieciocho años ya escribía, es decir, llevo veinte años haciéndolo. Mi carrera fue una suerte de refuerzo necesario, un respaldo. Y mi acercamiento a los medios de comunicación, concretamente a Radio Nacional de España, se produjo a través de la literatura. Podríamos decir que soy un escritor que está en la radio. Aunque lo que dices es bien cierto, porque tengo que estar al corriente de lo que se escribe y publica y por ello puedo contaminarme, en principio, creo que predominan las ventajas porque en mi trabajo me he tropezado con ideas que, por pura casualidad, conectaban con lo que estaba escribiendo en ese momento. Es casi obligado que, al leer tantos materiales, algunos tengan chispa y conectes con ellos. Quizá ‘El asesino hipocondríaco’, por todas estas lecturas que comento, haya salido con una forma híbrida y nunca podré saber cómo habría resultado de otro modo, mejor o peor.

Todas esas lecturas habrán contribuido a la creación de tu propio canon literario, ¿no?

Claro. A lo largo de mis años de escritor también he sido muy lector, he ido formándome y tratando de no dejar grandes lagunas en mi preparación. He pasado por la literatura norteamericana, por los clásicos rusos, por los autores sudamericanos… Gracias a estas lecturas me he dado cuenta de que leo mucha literatura coetánea y sé qué es lo que se escribe hoy, especialmente en lo referente a literatura española, cosa que antes no me ocurría. Ahora tengo un conocimiento que me permite ver qué es innovador y qué no lo es tanto, quién repite cosas ya hechas y quién no. Todo esto, además, me posibilita ubicarme y saber dónde estoy posicionado.

Acabas de publicar una novela, ‘El asesino hipocondríaco’, pero también escribes cuentos, ¿en qué territorio te manejas más a gusto?

Son géneros absolutamente complementarios y, de hecho, también hago microrrelatos, es decir, toco los tres palos. Creo que cada uno tiene sus retos y sus dificultades. El relato corto es muy difícil y presenta problemas relacionados con el encaje de las piezas y las exigencias de brevedad. Trabajas en un solo tema sobre el que gira todo: escenas, objetos, personajes… Es una pieza de orfebrería. Con la novela, en cambio, eso no ocurre, porque puedes añadir páginas que no tienen mucho que ver. Aquí y a mi entender, la dificultad radica en no perder el pulso narrativo, cosa que resulta difícil porque cuando escribes tienes que tenerlo todo en la cabeza. Es como un ordenador con un montón de ficheros abiertos al mismo tiempo. La recompensa del relato corto es que, en relativamente poco tiempo, has acabado la historia que concebiste, cosa que no sucede con la novela, que presenta la ventaja de que te introduces en ella durante dos años o más y eso es muy satisfactorio porque vives otra vida. Por último y a nivel de mercado, la novela tiene mucha mejor salida, mientras que los libros de relatos van destinados a un público muy concreto y más restringido.

¿Cómo surge esta idea de escribir ‘El asesino hipocondríaco’ que, a la vez es tragedia y comedia, y también género negro, todo un texto mestizo?

Lo primero que tuve claro fue el protagonista, el señor Y, que fue quien hizo que todo arrancase, algo que es contrario a mi habitual forma de trabajar porque suelo partir de una idea. Sin embargo, aquí antes que nada fue el personaje y luego construí la novela sobre él. Nació a partir de una apetencia de escribir en primera persona, una primera persona en la que fuese importante quién narra la historia. También necesitaba un personaje que resultase interesante y del que no se hubiera escrito mucho para que me diese pie a contar la acción a través de él. Como actualmente ya se ha escrito casi todo, se me ocurrió buscar un tipo como este, tan contradictorio. Por eso es un asesino despiadado a la vez que melindroso, que se derrumba a la más mínima y que, además, presume de tener una moral kantiana. Trabajando con este personaje imposible fue como salió la novela.

¿A priori tenías interés por escribir una novela de humor o querías hacer algo relacionado con el género negro?

A mí no me importa que haya salido una novela de humor, al revés, me encanta. Me parece un prejuicio muy grande que en la tierra de ‘El Quijote’ el humor esté mal visto. Yo tenía claro el personaje y sus contradicciones, pero estas contradicciones me llevaban a situaciones paródicas que me conducían siempre a  tesituras divertidas, a pesar de que el humor que yo he construido nace por el hecho de que el protagonista se toma en serio momentos que no lo son en absoluto. Inicié un homenaje al género negro que ha desembocado en una parodia, en la que cabían esos elementos metaliterarios como son los amigos del protagonista, grandes personajes del mundo del pensamiento y la literatura.

Por su propio oficio de asesino, el señor Y es un solitario que, como dices, se relaciona con esos grandes personajes a los que aludías, ¿por qué lo hace?

Este hombre se relaciona con los que cree que son sus iguales. Tal y como me lo imagino en mi mente, se trata de un tipo solitario, que pierde a su familia temprano, que no tiene habilidades sociales y que termina por convertirse en un asesino. Lo cierto es que en su soledad, como le sobra mucho tiempo, empieza a buscar. Y en esa búsqueda encuentra las enfermedades y después se tropieza con tipos que cree que son como él. Pero claro, no se compara con cualquiera sino con primeras figuras: Descartes, Proust, Swift, Tolstoi, Molière, etcétera. El señor Y estable un paralelismo con ellos y hace coincidir sus vidas, lo cual es una forma de estar menos solo y de quedarse más a gusto.

Leyendo ‘El asesino hipocondríaco’ nos damos cuenta de que los escritores, al menos los que aparecen en la novela, tienen alguna tecla que desafina, ¿no?

Todas las anécdotas que cuenta la novela son ciertas, reales. Lo primero que tenemos que pensar es hasta qué punto los escritores no estamos un poco tocados del ala. Es cierto que hay que tener una visión especial, un espíritu sensible para ver la realidad con todos sus matices. Pero también es verdad, que los grandes autores han pasado mucho  tiempo solos, sin tomarse copas con los amigos. Esa soledad, esa falta de vida social, probablemente fue lo que permitió que estos hombres dejasen su legado a la Humanidad. Si miramos a los escritores de hoy, también encontramos personalidades muy excéntricas por lo que se sigue cumpliendo este estereotipo de tipos “especiales”. Lo que ocurre es que no se sabe hasta mucho tiempo después, cuando empiezan a aflorar los trapos sucios.

“No me queda más que un día de vida”. Esta es la frase que el señor Y dice al principio de la novela. El hecho de que un asesino profesional piense continuamente que se va a morir en veinticuatro horas como máximo debe producir mucho estrés.

[Risas] Sí, lo que ocurre es que todo el estrés es suyo [más risas]. El cronómetro está puesto en marcha desde la primera página. El señor Y cree saber que se va a morir pero como no lo consigue eso le hace sentirse mal en muchos momentos. Mi intención era que ese estrés contribuyera a crear tensión en la novela.

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Etiquetas: El asesino hipocondríaco", Juan Jacinto Muñoz Rengel, novela, cuento, relato

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