Tregolam, el país de los escritores

Perfil  |  Salir

- te recordamos que dispones de un 5% de descuento en todos los servicios

ContactoSobre Tregolam

Menú principal

  • Actualidad escritores
  • Coaching literario Coescritores por encargo
  • Informes literarios Correcciones ortotipográficas y de estilo Preparación y mejora de manuscritos Análisis de guion
  • Edición de ebooks Diseño portadas Conversión a ebook
  • Book trailers
  • Promoción de obras y autores
  • Asesoría jurídica
  • Presentación de obras a editoriales y agencias
Regístrate

Actualidad > Artículos

Beckett, ese pájaro negro y solitario - Varios Países

15/05/2012

Por José Andrés Rojo. (elpais.com)

En el libro que Enrique Vila-Matas dedicó a los años que pasó en París cuenta que un día, paseando por los jardines de Luxemburgo, divisó en una alameda secundaria a “un pájaro negro y solitario, casi inmóvil, leyendo el periódico”. Ahora aparece en España una de las mejores biografías dedicadas a aquel singular caballero, la que el irlandés Anthony Cronin publicó en 1997 y que es, seguramente, la que mejor reconstruye los pasos que fue dando ese “pájaro negro y solitario” hasta que conquistó su propia voz, una de las más poderosas y desamparadas del siglo XX y que le valió recibir el Premio Nobel de Literatura en 1969. Samuel Beckett. El último modernista (La uÑa RoTa, traducido por Miguel Martínez-Lage) empieza por lo más lejano. “Yo tengo un recuerdo claro de mi existencia fetal”, contó Beckett alguna vez. “Fue una existencia en la que ninguna voz, ningún movimiento posible podía liberarme de la agonía y las tinieblas a las que estaba sujeto”. A partir de ahí, va siguiendo meticulosamente sus pasos hasta el día de su muerte, el 22 de diciembre de 1989.

“Tuvo sentimientos encontrados con respecto a su madre, pero tuvo un considerable afecto por su padre”, escribe Cronin. Samuel fue el segundo hijo de una familia acomodada que vivía en Foxrock, un barrio residencial de Dublín, donde nació el 13 de abril de 1906. Tímido, reservado, enfermizo, solitario, no supo llevar bien la rigurosa educación y la extrema frialdad que su madre imponía en casa, de ahí que recordara su estancia en el Portora Royal School, el internado al que fue enviado en 1920, como “los últimos años realmente felices en mucho tiempo”. En aquella institución, chapada a la antigua, fue realmente popular. Le costaba relacionarse con sus compañeros pero triunfó como deportista. Destacó sobre todo en el críquet, pero practicó también el rugby e, incluso, el boxeo. Nadaba estupendamente, jugaba al tenis y al golf, más adelante tuvo una moto. Sorprende que alguien tan volcado en los deportes escribiera posteriormente tan lúgubres diagnósticos sobre la condición humana, como este apunte de un breve texto de 1957: “No, no me arrepiento de nada, lo único que me fastidia es haber nacido, es tan largo, morir, siempre lo he dicho, tan cansado a la larga”.

Ese fue, sin embargo, el tono de su obra: la desolación, un radical pesimismo, la brutal certeza de la ausencia total de cualquier sentido. Todo eso servido, ciertamente, con un peculiar sentido del humor (lo calificaron de “crudo” cuando empezó a publicar). Estudió en el Trinity College de Dublín entre 1923 y 1927 y se licenció en filología moderna. Consiguió una plaza como lector de inglés en la École Normale Supérieure y llegó a París, entonces el centro de las vanguardias, en 1928. Allí conoció a James Joyce, que fue decisivo para su futura dedicación a la literatura. Era tal la proximidad entre ambos escritores, ambos irlandeses y miopes que cuando estaban a solas, cuenta Cronin, “uno de sus principales métodos de comunicación eran los silencios mutuos, como dijera Beckett, ‘dirigidos el uno al otro”.

La vida de Beckett estuvo llena de desplazamientos antes de que se instalara en Francia de manera definitiva a partir de noviembre de 1937, y decidiera unos años después escribir el grueso de su obra en francés. Cronin lo sigue de manera escrupulosa, va dando cuenta de cada una de sus amistades y amoríos, disecciona sus obsesiones, analiza cada nuevo texto que escribe, y muestra el desgarro íntimo que lo acompañó todo el tiempo: liberarse de Irlanda aun cuando llevara clavado su paisaje como un rasgo insoslayable de su mirada. Cultivó los círculos intelectuales de los lugares por los que fue pasando aun cuando nunca formara parte de grupo alguno, fue gran amigo de Giacometti —“los dos eran aves nocturnas y adictos a las caminatas”— y amante, “reticente” según Cronin, de Peggy Guggenheim. Suzanne Deschevaux-Dumesnil, seis años mayor que él, fue la mujer decisiva. “Ella me convirtió en un hombre”, dijo Beckett, “ella me salvó”. Pasaba una época difícil, bebía mucho, no trabajaba, un día fue apuñalado por un proxeneta.

Seguir leyendo...


Participa en el Tablón   ¿Deseas recibir nuestro Boletín Semanal de Concursos?

Etiquetas: Samuel Beckett, novela, dramaturgia, Anthony Cronin

Imprimir
Twittear

Comentarios

, escribe aquí tu comentario


Recursos

  • Tablón
  • Boletín Semanal de Concursos
  • Boletín Quincenal de Actualidad
  • Plantilla para Novela y Cuento
  • Plantilla de Guion
RSS FeedTwitterFacebook
  • Aviso legal, política de privacidad y política de cookies
  • Condiciones generales de uso del portal