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Escribir poesía en Afganistán puede costar la vida - Afganistán

12/05/2012

(elespectador.com)

Dicen que al no poder casarse con el hombre que amaba se prendió fuego y una semana después de arder con el brío de una pasión frustrada murió en un hospital de Kandahar, Afganistán. También cuentan que la desgracia le cayó encima cuando sus hermanos la sorprendieron leyendo poesía que ella misma había escrito, versos que hablaban de amor y que concebía en secreto, lejos de un mundo dominado por los hombres, la guerra y el opio.

Su nombre era Zarmina y era parte del ala secreta de una sociedad literaria que se reúne para hablar de poesía. Al no vivir en Kabul, la capital, ella tenía que enviar sus poemas a través de un celular que usaba escondida, en voz baja, como si transmitiera coordenadas para ubicar al enemigo. Sus hermanos la sorprendieron mientras transmitía su literatura y la golpearon. Una semana después se inmoló.

Como ella hay cientos de casos, se lee en un reporte del diario The New York Times: mujeres que son golpeadas, incluso asesinadas, por escribir poesía. En la mayoría de las ocasiones, los agresores son los maridos de las poetas, en otras, sus hermanos, en unas tantos más son las suegras y las cuñadas. El odio a la poesía es no tanto el odio al arte, si no más el temor a las ideas, el poder de un par de palabras para invocar un cataclismo en una sociedad que ha conservado su esquema jerárquico a través de los años, las invasiones y los muertos.

Se sabe, por ejemplo, que en 2005 una joven de 25 años murió a manos de su marido por escribir y transmitir los versos que escribía en secreto. Y es que, a pesar de la democracia que llevan los marines de Estados Unidos a punta de fusil y granadas, en Afganistán apenas cinco de cada 100 mujeres alcanzó a pasar por el bachillerato y tres de cada cuatro son obligadas a casarse, en promedio, a los 16 años.

Mirman Baheer es el nombre de un grupo literario que bajo el amparo de la relativa libertad que ofrece Kabul reúne a cuentistas, novelistas y poetas en torno a la palabra en reuniones que se diluyen entre la recitación y la crítica colectiva. Eso para quienes viven en la capital. Para quienes no, la cosa es harto distinta, pues la poesía y la recitación llegan a través del frágil hilo de una línea celular que ata la creadora a su audiencia, que ignora las condiciones o los riesgos que entraña para la poeta darle forma al arte.

La palabra proporciona los medios para el disenso y, lejos del discurso político o el panfleto repartido en un sudoroso mitin clandestino, llega al fondo de las cuestiones mediante la representación: la revolución a través de la belleza, podría ser la consigna.

No resulta coincidencia que cada vez que un tirano se instala en el trono incierto del poder algunos de los primeros exiliados son los escritores, los poetas, los pintores y, en general, todos aquellos que conjuran una nueva visión del mundo a través de un oficio.

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Etiquetas: Poesía, poeta

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