07/05/2012
Clarín.com
Esta edición de la Feria del Libro no difirió demasiado de las anteriores, aunque alguien podría asegurar que la reunión anual se fue volviendo mas barroca, excesiva, sobrecargada. Salones inmensos, una agenda de actividades abigarrada y una oferta editorial vertiginosa. Y en el medio de ese fervor, los escritores circulan, a su modo, esquivos y espectrales, como objetos de consumo en sí mismos. Sabemos que el siglo XXI profundizó una tendencia que antes se había únicamente insinuado: el escritor como mercancía fetichizable. “Últimamente, los escritores viajan más que los libros”, disparó Martín Kohan en uno de los paneles de estos días. Y es cierto, porque la presencia física del autor fue ganando relevancia al punto de volverse tanto o más demandada que la propia escritura. En ese contexto, esta feria mostró una veta interesante, una torsión de ese fenómeno: la actividad performativa del escritor.
Vemos aquí y allá actividades que arman el mapa de este fenómeno: “Novela colectiva (para armar y proyectar). Un espacio de escritura a máquina que propone la realización de una novela colectiva en la que se descifrará el misterio de pasados cruzados entre familias cuyas generaciones giraron alrededor de máquinas de escribir”; “Escritores te cuentan hoy los libros que vas a encontrar en las librerías mañana. Microconferencias audiovisuales sobre qué están escribiendo”; “7 Maravillas. Escritores, directores de cine, diseñadores, fotógrafos, músicos, periodistas y otros agitadores se suben al escenario para recomendar en 12 minutos 7 cosas que adoran”; “Torneo SLAM! argentino de poesía oral, una batalla épica con más de 16 oradores en el corazón de la Feria”. Sobre esta última, Sagrado Sebakis, suerte de factotum del proyecto, dice que es “una competición donde cada poeta tiene 3 minutos 20 segundos para recitar algo propio frente al público, entendiendo que la batalla en esta arena es en forma de espectáculo y que ganar un torneo de poesía, ser el “mejor poeta” no tiene ningún sentido o lógica, y eso lo vuelve más divertido aun. Más estilos, nuevas formas de poner el cuerpo y decir, una experiencia hermosa”, y agrega: “La llegada a la feria fue muy rara. Emociones encontradas. Con respecto al encuentro en sí: fue una muy linda e intensa muestra del espíritu del Slam! y sus poetas, que son muchos y cada vez más afilados”.
Etiquetas: Feria del libro Buenos Aires, escritores, performer

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