13/04/2012
Por: Nelson Fredy Padilla. Elespectador.com.
Pudo ser futbolista pero es poeta, no tanto porque se llame Homero sino porque a los diez años de edad se disparó una escopeta contra el estómago. La desventura ocurrió en Contepec, “un pueblo tan pequeño que comenzaba en el cielo y terminaba en el cielo”. Contra todo pronóstico, lo salvaron en el Hospital General de Toluca. Abandonó el balón y se dedicó a leer los libros que su padre le llevaba durante la convalecencia: El cuervo, de los hermanos Grimm; la Odisea, del Homero original; María, de Jorge Isaacs. “Morí un poco en el accidente y resucité poeta”. Necesitó del impacto de los perdigones para darse cuenta de que es heredero de dos mitologías, “la griega, que es humanista, donde los dioses tienen sonrisa humana, y la mexicana, hermética, con dioses del sacrificio humano”.
Quien lo llamó Homero fue el griego Aridjis, el combatiente que enfrentó a los turcos en Asia y llegó exiliado a México en 1926, de ahí la curiosidad por las armas de fuego. También se apellida Rojas por su madre, una aguerrida mujer que creció en medio de la Revolución mexicana y leía a José María Vargas Vila. Los tres sobrevivientes vivían en el santuario de la mariposa monarca, “donde la ecología es poesía”.
En Ciudad de México terminó de moldear el carácter y sus vecinos Juan José Arreola y Juan Rulfo se ocuparon de su talento. Con ellos tomó talleres improvisados: con uno jugaba ajedrez y con el otro levantaba el codo. En cafés y bares se hacía literatura. Su vida se cruzó con la de Octavio Paz, con la de Carlos Fuentes, con la de García Márquez, Álvaro Mutis, Fernando Vallejo. Fue amigo de Borges, de Neruda, de los grandes de este lado del mundo. En París, Cortázar fue su compinche; en Berlín, su cómplice fue el Nobel alemán Günter Grass.
Tantas influencias lo hicieron versátil. A los 72 años todavía publica poemarios, novelas, ensayos, obras de teatro, libros para jóvenes y niños. Esta semana dictó un taller a los alumnos de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional. Es autor de más de 40 libros traducidos a 15 idiomas y ayer lanzó uno más en Bogotá, el poemario Diario de sueños (Fondo de Cultura Económica) que explora desde lo mitológico la violencia de hoy en México. La Universidad Externado de Colombia editó en 2011 la antología Mirándola dormir y otros poemas. Homero Aridjis tiene un lugar en la literatura, no sólo por sus versos, sino por novelas como 1492, vida y tiempos de Juan Cabezón de Castilla, ganadora del Premio Ginzane Cavour en Italia. También ganó el Premio Roger Callois por el conjunto de su obra poética y novelística.
Ha estado en el Festival de Poesía de Medellín, en el Hay Festival de Cartagena, ahora viene a leer poemas a Bogotá. ¿Qué hay en Colombia que justifica sus versos?
Colombia tiene una gran tradición literaria. Ahora me invitaron a la maestría, un proyecto muy importante a nivel de Hispanoamérica, con alumnos bien preparados, que se toman en serio la escritura. Son la prueba de que el colombiano ama la poesía.
Su amistad con Günter Grass me hace enfocar la entrevista hacia la frontera entre poesía y política. ¿Qué opina de ‘Lo que hay que decir’, el pronunciamiento del Nobel sobre Israel-Irán?
Sí, hemos compartido en ciudades como Moscú y Berlín, hemos leído juntos, platicado juntos, nos hemos retratado juntos. Por eso manifiesto mi objeción, y duele porque lo conozco. Yo como poeta digo que lo que publicó no es un poema. Günter no sabe lo que es poesía, nadie que sepa qué es la poesía puede decir que eso es poesía. Cualquier persona con sentido crítico sabe que es un panfleto. A mí me recuerda los peores poemas de Neruda, sus odas a Stalin. Apenas lo leí dije: por qué lo llama poema si sólo partió las líneas como en versos.
¿No hay métrica ni poética?
El aspecto formal no lo tiene y en el contenido no encontré un solo verso poético.
¿Ya le jaló las orejas a su amigo?
No. Es que esto apareció de repente en todo el mundo en Semana Santa. También me sorprendió que los medios cayeran en el juego de llamarlo poema, que no cuestionaran el género; es como si yo hago un garabato y lo llamo obra de arte.
Etiquetas: Homero Aridjis Rojas, Günter Grass, Poesía

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