01/04/2012
Ángeles Castillo. El País.
Hemos encontrado a los poetas en los bares, en las calles, a bordo de un autobús. Representando sus propios versos en un escenario. Sometidos a la votación del público. Popularizando la poesía y haciéndola espectáculo.
Hay ciberpoesía, micropoesía, polipoesía, electrónica y de acción; maratones líricos con kilómetros de versos, poemas visuales, y también combates en toda regla, los conocidos como poetry slam. Más que malos tiempos para la lírica, lo que corren son nuevos tiempos. Los poetas de ahora, cautivos de la palabra tanto como de la tecnología, no huyen del mundanal ruido y sus cacofonías, sino que los frecuentan. Aman la extravagancia (o no), manifiestan una acusada predisposición hacia la oralidad y olfatean el espectáculo a distancia. Son expertos en el arte de mezclar y dar cauce a lo «trans». Tan pronto meten a la poesía en el mismo saco que a los títeres, como la echan a bailar o la teatralizan.
Esto último es lo que pasa en el slam, la última de las fiestas literarias, la versión más escénica del recital. Un lance que debe su nombre al boxeo y llega con la tarde-noche a bares y cafés, pero también a sótanos, iglesias o a la intemperie. Por ejemplo, en el café Libertad de Madrid o en los bares Abrehui o Bodegón de Jaén, una vez al mes (último miércoles y jueves respectivamente), se citan los vates más osados de los alrededores para mostrar sus destrezas con el ripio en cuestión de tres minutos, que es lo que marca la ley slammer. Y lo hacen bajo la mirada de ojos como platos del público, que vota con una pizarra y sin piedad, y se reserva el derecho al abucheo o los vítores. Para el ganador, los honores y un premio simbólico.
Este híbrido de poesía y teatro, que mira descaradamente a la performance y tiene aires de competición atlética, se resuelve en varios rounds. Hay quien lo llama cabaret de poesía o simplemente, poesía oral. Y ya ha sido saludado como «el club de los poetas vivos». Nació en un antro de jazz de Chicago, The Green Mill, por obra del activista cultural Marc Smith, que lo diseñó a la medida del pugilato en 1983. Y no ha hecho sino crecer, al ritmo de las nuevas formas de expresión artística.
En España ha llegado a Barcelona, Madrid, Jaén, Granada, Mallorca, Ciudad Real y Toledo. Y está a punto de caer en Málaga, Salamanca y Gijón. Como guinda, el próximo 27 de abril se celebrará en Jaén el Gran Slam Nacional (www.poetryslammadrid.blogspot.com ). Esto no para, y ya cunden esos poetas avanzados que son los slammers, muchos de ellos dedicados curiosamente a la enseñanza. «Hacemos talleres para alumnos de Secundaria y para adultos, para quienes quieren soltarse a leer sus poemas, y así hacer nueva cantera», explica Silvia Nieva, poeta y miembro de la asociación que organiza el poetry slam de Madrid.
Lo que hay que saber antes de salir al escenario (previa inscripción), apunta Francisco David Murillo, alias El Cable Azul, es que «se presta especial atención a la presencia escénica, a la manera en que el poeta defiende su texto, que ha de ser propio. Y no se permite utilizar disfraces ni artilugios para enfatizar». Indicado contra el aburrimiento, estudiado como revitalización de la tradición oral, el slam tiene tres cosas en común con el fútbol y otras gestas deportivas: tensión, público y la adrenalina del directo. Y marca el camino a los nuevos poetas y a un público también nuevo, que aquí sí manda. Nada que ver con «los ámbitos más elitistas, en los que son poetas los que juzgan a poetas», subraya Nieva.
El mundo necesita verdad y la poesía ayuda a transmitirla». Silvia Nieva, que forma parte del grupo Melintres junto a la titiritera Myriam Ratés y la música Mónica Prada, cree también que son buenos tiempos para la creatividad, la expresión y el verso (no así para la lírica más académica). «Ahora que todo lo que hace ruido está prohibido, la poesía puede llenar los bares sin molestar».
Para la Chica Metáfora, que ha hecho de esta figura retórica la sombra tras la que oculta su otra identidad, no sopla el viento a favor. «Si no hay dinero para pan, no pidas libros. Que te publiquen siendo conocido hoy es complejo; que lo hagan siendo desconocido es una osadía editorial. Falta gente dispuesta a tirarse a la piscina en el mundo literario. Hay que escuchar más a los que tienen algo que decir y exigir a los acomodados en las esferas de la cultura que faciliten el camino a otros».
Etiquetas: Marc Smith, Gran Slam Nacional de poesía, slammers, Francisco David Murillo, Silvia Nieva, Ethan Spooner

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