29/03/2012
Por Fernada Pérez.
Llega el final de “Caballo de fuego” una novela escrita en tres partes, cuya dos primeras “París” y “Congo” fueron todo un éxito editorial. Ahora, los lectores podrán conocer el final de la intensa y compleja historia de amor entre Eliah Al-Saud y Matilde Martínez.
Tras haberse enamorado en las calles de “París” y atravesar situaciones durísimas y determinantes en “Congo”, los personajes de Eliah Al-Saud y Matilde Martínez vuelven a las librerías de todo el país con “Gaza”, la tercera y última parte de la saga “Caballo de fuego” de la escritora cordobesa -radicada en Buenos Aires- Florencia Bonelli.
Con una bibliografía que ganó popularidad a través de novelas históricas situadas mayoritariamente en la Argentina del siglo XIX, a partir de esta trilogía la autora experimenta una propuesta diferente cuya trama narrativa transcurre en los tiempos actuales y atraviesa problemáticas mundiales y contemporáneas.
En medio de conflictos bélicos, pasiones intensas, sentimientos encontrado, heridas imborrables y un entorno muchas veces hostil, los protagonistas buscarán la manera de concretar su historia de amor aún cuando tengan que debatirse en el antagónico contrapunto de la guerra y la paz.
“Nuestros días son números” escribía Bonelli ayer en su sitio oficial y debajo de esa frase el número 4 marcaba la cuenta regresiva para la llegada del esperado libro. Los seguidores por su parte, responden, reflejan su ansiedad, comparten las expectativas y se suman de una u otra forma a este deseo de reencontrarse con el final de una historia que excede al romance y al erotismo y que se nutre también del drama y la acción.
Previo a su lanzamiento oficial (se pondrá a la venta a partir del 1 de abril), y a su presentación en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, la autora respondió las preguntas de LA MAÑANA y se refirió a lo que significó para su carrera una producción literaria tan grande y ambiciosa como “Caballo de fuego”.
- Desde tu lugar de escritora, ¿cómo fue la experiencia de hacer un libro como “Caballo de fuego”, que además está dividido en tres partes y que presenta ciertas diferencias con respecto a tus novelas anteriores?
- Fue, sin duda, un gran desafío porque siempre me he sentido cómoda escribiendo historias ambientadas en siglos pasados y no sabía cómo sería la experiencia con una novela que transcurre en nuestros días. Sobre todo me preocupaba la incorporación del aspecto tecnológico, porque, dado el tipo de trama que tenía entre manos, la tecnología era clave. Al principio, cuando comencé a escribir, me sentía extraña usando el voceo y utilizando un lenguaje moderno (sobre todo cuando hablaba Juana Folicuré), pero enseguida la historia fue posesionándose de mí (como me ocurre siempre que escribo) y me sentí tan a gusto como cuando escribo mis novelas históricas.
Igualmente, me gusta aclarar que, si bien “Caballo de Fuego” es una historia ambientada a las puertas del siglo XXI, tiene un sesgo histórico muy marcado ya que aborda temáticas de la política actual que tienen raíces en siglos pasados y de las cuales se sabe poco.
- Si bien en “París” están presentados todos los personajes, su relato está mucho más centrado en Eliah, mientras que en “Congo” hay una mirada más profunda sobre Matilde. ¿Por dónde pasa el eje argumental de “Gaza”?
- “Gaza” es la fusión de las dos novelas anteriores, en donde Matilde y Eliah comparten el protagonismo, ya sea cada uno inmerso en su trabajo y en sus problemas, y como pareja, sobre todo como pareja. En “Gaza” intentan sanar las heridas que se abrieron en “París” y en “Congo”. Veremos si lo logran.
- Es casi imposible hablar de “Gaza” sin mencionar a “París” y “Congo”. En realidad es una única novela dividida en tres con una trama central y con muchísimas subtramas muy variadas y complejas a la vez. ¿Cómo organizaste tu trabajo de investigación y también de escritora para generar semejante producción literaria con tantos escenarios, personajes y problemáticas contemporáneas?
- La investigación en la que me embarqué para escribir “Caballo de Fuego” fue la más ardua y compleja que he realizado hasta el momento, y, a medida que iba adentrándome en los temas y descubriendo cuestiones que a veces me parecían inverosímiles, pese a ser extractadas de la realidad, la novela iba adquiriendo una dimensión que finalmente quedó plasmada en tres partes.
Armar una novela de esta magnitud requiere de un trabajo muy disciplinado, en el cual la concentración es clave. Como vos decís, son muchos escenarios, personajes y tramas paralelas, y todas deben confluir en un punto común: el corazón de la intriga de la novela. Ése es el desafío más grande, que la trama sea consistente e integrada.
- ¿Considerás que esta novela te abre las puertas a un mercado internacional y a un público más amplio?
- ¡Ojalá!
- Sos una autora que trabaja muchísimo a los personajes, por eso quizá es que tus lectores los tratan como si fueran personas reales. ¿Por dónde te parece que pasa el atractivo de Eliah y Matilde?
- Eliah es un protagonista inusual. Es un hombre dueño de una sorprendente sangre fría, reacio a develar sus sentimientos y pensamientos más íntimos. Es un soldado profesional, es decir, un mercenario, y su negocio medra en tanto haya guerra en el mundo. Matilde, en cambio, es un espíritu altruista, una cirujana pediátrica que sólo piensa en viajar al África para curar a los niños. Creo que, más allá del atractivo individual de los protagonistas, lo que también resulta interesante es ver cómo estas dos almas, en principio antagónicas, se sienten tan atraídas la una por la otra.
- Con respecto a esta relación lector-autor o lector-novela, la espera ansiosa del público por la llegada de “Gaza” ha sido impresionante. ¿Hay fórmulas para generar este vínculo tan cercano y fluido con los lectores?
- Creo que si el libro hace vibrar al lector, lo involucra en la trama y, en algunos casos, hasta le hace replantearse el modo de ver la vida, sin duda, se generará un vínculo muy estrecho con él.
- A nivel personal y también como escritora, ¿qué te dejan estas tres partes de “Caballo de fuego”?
Etiquetas: Caballo de fuego, Congo, Florencia Bonelli, Gaza, París

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