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De la poesía incompleta y la verdad poética - Cuba Cuba

01/03/2012

Por Ángel Velázquez Callejas.

Me he persuadido de que existe una fuerza oculta trabajando incesantemente detrás de cada poeta moderno. Por ejemplo, decir que un poeta es “moderno” o “posmoderno” respecto a otros poetas de épocas pasadas es sólo recurrir a un “tecnicismo” infantil dentro de la reflexión literaria. Ese “tecnicismo”,  que separa y delimita las concurrencias de la poesía en el tiempo,  se nos ha fijado a fuerza de repetición.

Un crítico como Federico de Onís llegó incluso a decir puntualmente que dentro del “modernismo” ya existía una suerte de “posmodernismo”. Un cambio en el que se distinguía una nueva forma  literaria de expresión con plena libertad. Yo no lo creo, aun cuando los desarrollos literarios en los últimos cincuenta años den prueba  de adelantos. En la superficie de estos desarrollos encontramos evidencias de cambios formales –nuevas estructuras gramaticales--, pero la esencia sigue siendo la misma. Entraña un pasado muy profundo.

El  truco del tecnicismo verbal es usado para evadir los fundamentos ocultos de la verdad poética. ¿Y qué es la verdad poética? Ninguna tendencia o movimiento literario se ha planteado seriamente la pregunta. La misma forma en que está estructurado el pensamiento poético impide siquiera hacer adecuadamente la pregunta: ¿para qué sirve la poesía? Siempre este “tecnicismo” está inquiriendo sobre qué es la poesía. Se quiere manifestar en poesía. Está por descubrir cuáles son los componentes que,  de una manera u otra, forman la poesía. Pero nada más falso.

La poesía no contiene ninguna forma. La poesía es libertad en espíritu. Sólo podemos preguntar para qué sirve, cuál es su cometido en esta existencia, qué nos trae de bueno. La poesía es un impulso, una voluntad consciente para saltar de lo establecido a lo nuevo. Es un acto de creación. Y como ella tiene pendiente y reservado este rol sobre la humanidad, que por cierto ningún movimiento poético ha  aprovechado en su dimensión única, aparecen “un poeta,  todos los poetas”, sin ningún impulso poético de fondo, sin ninguna creatividad.

Fijémonos en la estructura de pensamiento del “sistema poético del mundo” de José Lezama Lima. Nos sorprenderá advertir una obsesiva lógica en la forma, en sus supuestos componentes poéticos. Mirada oblicua, azar concurrente, imago… todos conceptos en palabras. Todos procesos mentales. Es un sistema que nunca se encuentra con la verdad poética. Esos conceptos en relación a la verdad poética van en forma de líneas ferroviarias, paralelos a la verdad poética, muy cerca de ella, pero nunca llegan a unirse a ella.

Las palabras nunca llegan a unirse a la verdad poética. La  verdad poética no forma palabra alguna. Ningún poema tiene finalidad en un punto de unión con la verdad poética. Un poema puede señalar e indicar dónde está la verdad poética, pero sólo eso. El poema no es nunca en sí mismo la verdad de la poesía. Por eso hay tantas confusiones entre los poetas. Ellos están separados, cerca pero muy lejos, de la poesía. Por eso los temas que abordan están relacionados con la angustia, la nostalgia y el sufrimiento. Con ellos nunca la poesía está feliz.

Pasó con el famoso poeta inglés Samuel Taylor Coleridge. Escribió cientos de poemas y dijo que ninguno llegó a ser completado. Él era un genio poético y sin embargo sentía que sus poemas estaban incompletos. Algo faltaba en su poesía. De ahí que escribiera “Biographia literaria”, una suerte de ensayo sobre teoría literaria. Llegó a expresar que las palabras, el lenguaje, son causas recurrentes. Más allá de esta causa sólo quedaba un impulso, una necesidad vital de alejarse de las mentiras y los embustes del lenguaje. Sus poemas eran perfectos en la forma, pero imperfectos en tanto impulso poético. Murió diciendo: muero de tristeza porque nunca alcance a completar ninguno de mis poemas. Desde entonces esta tristeza se convirtió una especie de inconsciente colectivo poético que trabaja sobre el consciente poético. Dicta una pauta, un camino por donde la mayoría de los poetas han transitado.

Así pues, debido a que este tecnicismo constituye una proyección onírica del vuelo de la imaginación poética, y sólo porque este vuelo  puede llegar a retroceder hasta donde comienza el trabajo oculto del inconsciente poético, se podrá algún día determinar diáfanamente el grado de funcionamiento hipnótico de esa historia pasada, de esa suerte de recurrente poético pasado, tanto a nivel individual como colectivo, sobre la observación y la percepción del poeta actual. Poco a poco, llegará el momento en que se establezca una indagación, una búsqueda de la verdad poética como uno de los temas conspicuos que dará, por decirlo de algún modo, legitimidad al trabajo especifico del poeta en actos.
 

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Etiquetas: Ángel Velázquez Callejas, Poesía

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