24/01/2012
Un estudio del BCBL demuestra el poder de las figuras retóricas para estimular la actividad cerebral.
La poesía no solo proporciona placer sensorial y estético al lector con sensibilidad. Es, además, una potente arma, capaz de aumentar la actividad cerebral de quienes disfrutan de ella. Porque no hay mayor poder que el de las palabras hábilmente combinadas: pensemos en un discurso político bien tejido o en una campaña publicitaria impactante. El Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) ha ido más allá y ha logrado medir empíricamente la capacidad de las figuras retóricas para generar actividad cerebral. Una constatación que abre la puerta a aplicaciones terapéuticas para pacientes con algún tipo de deficiencia intelectual.
Al frente de este estudio está Nicola Molinaro, un 'staff scientist' del centro donostiarra a quien la bombilla se le encendió tras leer un artículo sobre la capacidad de los monos de distinguir no solo palabras con una relación concreta con objetos que están viendo, sino también las características que éstos poseen. "Podían distinguir entre plátano un pequeño y otro grande", apunta Molinaro. Entonces, ¿dónde está la peculiaridad del lenguaje humano?
La diferencia radica en la capacidad de comunicar cosas que no existen y conceptos abstractos. Por ejemplo, a través de las figuras retóricas, que "tienen un poder comunicativo terrible. Eso es algo muy humano". Para la investigación, se centraron en el oxímoron, "una construcción básica de dos palabras de significado opuesto que originan un nuevo sentido. Por su brevedad, resulta más fácil medir con precisión la actividad cerebral que generan". Oxímorones son, por ejemplo, construcciones como 'clamoroso silencio' y 'selección completa'.
Etiquetas: Molinaro, Jon Andoni Duabeitia, Manuel Carreiras

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