21/01/2012
Es exasperante que de todos los libros que podría haber dejado inconclusos, Charles Dickens "eligiera" morirse justo en el medio de una novela de misterio.
Recientemente la BBC intentó resolver "El misterio de Edwin Drood". La escritora Gwyneth Hughes no sólo adaptó la novela sin terminar de Dickens para la televisión, sino que también le inventó un final.
"Leí el libro y me pareció brillante", dice Hughes. "Pero cuando estás viendo un drama, lo único que importa es cómo va a terminar. Para usar la frase de Alfred Hitchcock, 'es lo que te mantiene pegado a la silla'".
Hughes se inspiró en Katie, la hija de Dickens. Ella decía que había que recordar de su padre lo que él hacía mejor: escudriñar el corazón humano. "Esto me animó a ir hacia donde me llevaron los personajes y espero que la gente a la que le fascina el libro -aunque no le guste lo que haya hecho con la novela- siga adorando a los personajes de Dickens".
La lista de grandes autores que dejaron sus obras a medio terminar, a causa de una enfermedad o la muerte, es larga. Jane Austen, las hermanas Bronte, Albert Camus, Frank Kafka son sólo algunos de ellos. Y alrededor de estas figuras fue creciendo una industria de los llamados "continuadores", que buscan terminar con sus propias palabras lo que otros empezaron.
¿Pero por qué un escritor que se precie elegiría finalizar el trabajo de otro autor en vez de crear su propia obra? Es muy posible que el resultado de una obra iniciada por uno y finalizada por otro sea un pastiche.
Es un territorio peligroso, señala el profesor John Mullan, quien actualmente está escribiendo un libro sobre Jane Austen. "Lo que esperamos cuando leemos una obra de Austen, Dickens o Laurence Sterne, es una voz en particular, y eso es extremadamente difícil de recrear".