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Dickens: doscientos años narrando - Varios Países

20/01/2012

Por Luis Gregorich

Comenzó a escribir a los veinte años, después de haber vivido una infancia extremadamente dura; fue el novelista más popular de su tiempo y todavía hoy, dos siglos después de su nacimiento, mantiene su vigencia.

Arnold Hauser lo definió como "uno de los escritores de mayor éxito de todos los tiempos y quizá el gran escritor más popular de la Edad Moderna". A 200 años del nacimiento de Charles Dickens, más allá de un juicio tan contundente, tenemos ante nosotros una vida y una obra que expresan en forma privilegiada las mutaciones sociales producidas por la revolución industrial y, al mismo tiempo, los cambios decisivos en la producción editorial, los hábitos de lectura y el desarrollo de la narrativa.

Mi propia experiencia de consumidor de historias y personajes me interpela acerca de la singularidad dickensiana. Sus héroes, como David Copperfield y Oliver Twist, autobiográficos o no, marcaron con un fuerte sello algunas de mis primeras lecturas, en versiones reducidas para chicos. Después, en la adolescencia, lo busqué y leí en ediciones integrales, por lo general en traducciones no muy competentes; a pesar de abusos descriptivos, oleadas de sentimentalismo y explícita intención moralista, puedo decir que no me aburrí. Y aunque hace años que lo releo sólo ocasionalmente, debo confesar que sus historias me han quedado fijadas y que esos mismos personajes que frecuenté en el pasado me siguen atrayendo sin remedio. Ahora -suele ocurrir- con su adaptación correspondiente, aunque sin perder su humanidad a veces caricaturesca, desde las pantallas del cine o la televisión.

Charles Dickens nació en Landport (Portsmouth), al sudoeste de Londres, el 7 de febrero de 1812. Se crió en un hogar de modestos recursos: su padre era un empleado de poca jerarquía en el departamento de contabilidad de la Marina. Por fuerza y voluntad propia fue autodidacto; no recibió educación formal hasta los 9 años.

Uno de los episodios más tristes de su infancia fue el encarcelamiento del padre, enjuiciado por fraude y deudas; aunque el período de prisión no fue largo y la familia pudo convivir en la cárcel con el detenido (tal como se autorizaba en aquella época), los hechos dejaron profunda huella en el futuro escritor, que los utilizaría, en forma lateral o directa, en varias de sus novelas (por ejemplo, en La pequeña Dorrit ). También resultó una dolorosa experiencia, cuando tenía 12 años, su trabajo poco menos que esclavo en una fábrica de betún para zapatos; le serviría de punta de lanza para sus denuncias posteriores contra el trabajo infantil, permitido a comienzos de la era victoriana.

La familia se mudó varias veces, hasta recalar, finalmente, en Londres. La gran ciudad sería el escenario de su aprendizaje y de su escritura. Talentoso y precoz, trabajó a los 15 años en un bufete de abogados; en seguida, se destacó como taquígrafo judicial y cronista parlamentario. Leyó a sus contemporáneos y a los novelistas ingleses del pasado, como Daniel Defoe, Tobias Smollett,Jane Austen y su favorito Henry Fielding,el autor de Tom Jones .

A partir de 1833 empezó a publicar, en distintas revistas, bocetos y cuadros de costumbres londinenses, que reuniría en su primer libro, Bocetos de Boz (1835). Su situación económica mejoró rápidamente. En 1836 se casó conCatherine Thompson Hogarth, que en 14 años le daría 10 hijos. A algunos de éstos les puso nombres de escritores compatriotas, como Walter Landor, AlfredTennyson, su amado Henry Fielding y Edward Bulwer Lytton.

Como novelista -sería en adelante su oficio central y la causa de su fulminante popularidad-, Dickens debió someterse al mandato editorial de la época: a partir de 1820, la publicación de los libros por entregas, en revistas habitualmente mensuales, con la consiguiente repercusión en la técnica narrativa, y sus demandas de suspenso, demoras y aceleraciones de la trama, y sorpresas argumentales. Manejó todos estos procedimientos con maestría y les agregó una capacidad de invención y descripción de personajes de inconfundible valor. El público lector se ensanchó: la mensualización equivalía al pago en cuotas actual, accesible a más bolsillos.

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Etiquetas: Dickens, Luis Gregorich

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