18/01/2012
"Empezó siendo poeta y terminó siendo poeta y vivió la tragedia de vivir en este triste y desquiciado mundo de la literatura, en el que fue pope y víctima de intrigas... Siendo consciente de que la literatura no era eso, estaba en otra parte". Así recibe Andrés Trapiello la noticia de la muerte del crítico y ensayista Miguel García-Posada, anoche, en Madrid, a los 67 años.
García-Posada estaba enfermo desde hacía años. Su deterioro físico era visible y su voz había desaparecido, prácticamente, de los diarios ('El País' y 'ABC', sobre todo) en los que se convirtió, quizá, en el crítico literario más importante de España, al menos, en un momento concreto.
No fue un hombre sencilllo, a partir de su trato casi aristocrático y a menudo iritado. Muchos colegas le recuerdan rencilllas y orgullos heridos. "No era fácil en el trato, desde luego que no. Pero en lo que a nosotros nos unía, que era la literatura de Francisco Umbral, no tengo reparos en decir que García-Posada ha sido máximo estudioso y exegeta de su figura, el hombre que descifró muchos de sus enigmas", comenta Javier Villán, también poeta y crítico de EL MUNDO, responsable de que García-Posada prestara algunos de sus últimos servicios a la fundación que cuida el legado del autor de 'Mortal y rosa'.