14/01/2012
Un chef de renombre internacional, un jefe de sala con vocación de gángster mafioso, un sommelier daltónico que ve el vino en distintos tonos de verde, y un cocinero que sufre ataques crónicos de meteorismo cuando se estresa.
Con estos cuatro ingredientes de base, Lola Piera ha cocinado un menú para morirse de risa, un divertido atracón en la línea de los grandes clásicos del humorismo. Es 'Gran soufflé', la primera novela española que se atreve a poner a caldo los excesos de la gastronomía, del arte posmoderno, y de otras muchas manifestaciones de la estupidez humana, que como dijo Einstein, es tan infinita como el espacio.
"El germen de esta novela fue una noticia que se publicó en los periódicos en el verano del 2007", cuenta Lola Piera. "Un crítico gastronómico se había esfumado después de comer en un restaurante de lujo, y sin abonar la cuenta. Aquella historia me inspiró mucho".
A partir de ahí, los personajes y la trama fueron tomando forma y volumen como un auténtico soufflé que crece en el horno. La acción trepidante se desarrolla en L'Espatarrat, uno de los mejores restaurantes del mundo, situado en la costa alicantina, en el que se organiza un banquete para agasajar a los Ministros de Interior de toda Europa, reunidos con motivo de la creación de un centro de control del narcotráfico que responde al apropiado nombre de PETA.
"Lo que más me costó fue escribir el discurso de la Ministra porque el lenguaje de los políticos supera cualquier imaginación", reconoce Piera, que confiesa su impericia culinaria, "sólo sé preparar pulpo y caracoles", aunque se documentó muy a fondo para escribir el libro. "He leído muchísimos libros de gastronomía y he disfrutado inventando recetas imaginarias, con esos nombres tan pomposos con que bautizan a los platos en la alta cocina".