11/01/2012
Autora: Anne Trubek
En el siglo XIX, se tuvo la siguiente idea de lo que era un autor: "Hombre joven en una buhardilla, que escribe furiosamente, arruga papeles y los tira al suelo. Sin noción del tiempo, hace caso omiso de la opinión pública, obsesionado con su propia imaginación. Es distante, evasivo. Se le conoce sólo por su prosa y las fotos en las carátulas".
Los propios escritores han afirmado el mito, manteniendo distancia con los lectores: deben permanecer enigmáticos. T.S. Eliot sostuvo que "el progreso de un artista entraña la continua extinción de su personalidad".
Olvídate de llegar a conocer la figura detrás de las palabras: "la crítica honesta y la apreciación no se dirigen al poeta, sino a su poesía". Jeffrey Eugenides, en su página de Facebook, expresa una idea similar: "Es mejor para los lectores, creo yo, no comunicarse directamente con el autor, porque curiosamente el autor no viene al caso".
Sin embargo, los lectores no están prestando atención a esos consejos. ¿Por qué? Porque los editores están estimulando a los autores a codearse con los lectores en Twitter y Facebook, con la esperanza de vender más libros. Pero hay otra razón: muchos autores tienen poco respeto a la pretensión de mantenerse herméticos y distantes; nunca han aceptado esa caracterización de lo que es un escritor. La era digital trae nuevas concepciones. Y tanto para autores como lectores los cambios pueden ser inesperadamente saludables.
Salman Rushdie me dijo que le gusta Twitter porque "permite a uno ser más lúdico, tener una mejor idea de lo que está en la mente de la gente en un momento dado". Salam ha escrito más de mil tweets, uno de ellos dice: "OK: filisteísmo (destrucción de libros que no te importan) no es fascismo (destrucción de libros que te interesan), aunque ambos destruyen libros". Más de 150,000 personas lo siguen.

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