05/01/2012
Hace poco un lector del diario español El País, en el popular chat de Carlos Boyero, su crítico de cine, se lamentaba que la novela policiaca continuara siendo subvalorada por la crítica literaria y se preguntaba si la Academia Sueca le concedería algún día el Premio Nobel a un exponente de ese popular género literario. Sospecho que para que eso ocurra habrá de pasar mucho tiempo, aunque la reciente concesión del Premio Rómulo Gallegos al escritor argentino Ricardo Piglia, por su novela Blanco nocturno, tal vez llene de esperanzas a ese atribulado lector español que sueña con que la novela negra tenga su día de gloria en Estocolmo.
Todas las novelas detectivescas intentan darle respuesta a tres preguntas fundamentales en torno a un crimen: ¿Quién lo cometió? ¿Cuál fue el móvil detrás del mismo? ¿Cómo se llevó a cabo? Las respuestas a esas interrogantes son develadas al lector a través de la figura de un detective, emblemático personaje que en nuestra lengua ya cuenta con nombres tan ilustres como Pepe Carvalho, protagonista de las novelas de Vásquez Montalbán, y Héctor Belascoarán Shayne, creación del mexicano Paco Ignacio Tabio II. Todos estos elementos están presentes en la novela de Piglia, un libro que su autor venía anunciando hacía muchos años y que está inspirado, parcialmente, en la biografía de su abuelo italiano y otros familiares suyos que llegaron a Argentina en el siglo XIX. Desde el naturalismo de Eugenio Cambaceres hasta la visión humanista de Mempo Giardinelli, Premio Rómulo Gallegos en 1993, el inmigrante ha tenido una presencia muy significativa en la literatura de ese país.
Etiquetas: novela policial culta, Ricardo Piglia, ‘Blanco nocturno’

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